Dos cúpulas romanas en tiempo de olvido De los muchos monumentos que hay en Roma, dos se coronan con grandes cúpulas bastante conocidas. Otras muchas no lo son tanto, cosa inmerecida. Pero esas dos representan un gran poder, sea artístico como político. Me refiero a las cúpulas del Pantheon y de San Pedro del Vaticano. La primera, un gran poder ya extinguido que, sin embargo, es la impronta de una tradición civil que estúpidamente muchos quieren masacrar. La otra, un poder aún enorme, mitigado respecto a lo que un día fuera, pero ni de suerte desdeñable.
(Escrito por Dragut; continúa en Blog http://libresenred.blogspot.com/ No se reproduce íntegro aquí por su extensión) (1) Esto explica por qué los fenómenos naturales, al expresarlos en ecuaciones diferenciales, derivan siempre en formulaciones de términos pares y resultan imposibles los impares. Fortuna que permite que estas ecuaciones sean resolubles, analítica o numéricamente. Los casos más conocidos son los de la Laplaciana y la doble Laplaciana, tan usados en los modelos físico-matemáticos. (2) Sobre esto hay unos escritos de Heidegger, densos y magníficos, en Construir, habitar, pensar y en La pregunta por la técnica. Los recomiendo.
Lección de anatomía: la mano.De varias lecturas caniculares he seguido un hilo conductor que, relacionando diversas bellas artes, se ha dirigido hacia ese órgano humano, demasiado humano. Cuando W. Benjamín escribió sobre la interrelación entre las artes expuso una metáfora provocadora, que puede con Jung ser reinterpretada, comparando el pintor con el mago y el arquitecto con el cirujano. Me temo que todos estos personajes van a aparecer, con distintos papeles, en estas impresiones. En una conversación periodística entre la curadora Elena Ruiz y el mentalista Anthony Blake, éste planteaba respecto a la técnica que si bien estos tiempos actuales se dicen la era del silicio, ya en la edad de piedra se usaba, y bien, su mineral, el sílex. A lo que aquélla le apostillaba que eso ocurría porque entonces el alma humana estaba en la mano. Es evidente que la mano constituyó el modelo primitivo de todas las herramientas de la civilización. Con mayor profundidad Rilke ya había hecho corresponder no la técnica, sino la creación artística con el acto primigenio de poner la mano sobre la tierra y dejar alguna huella. Aparición de la grafía y sobre todo materialización del pensamiento simbólico. La mano suplanta al rostro y habla.
A ella se refiere Elena Ruiz cuando dice: «Aristóteles planteaba que la mano es donde reside el alma. Y ese cuadro empieza por la mano del doctor». Con razón citaríamos a Heidegger para el que en cada movimiento de la mano persiste un elemento de pensamiento. ![]() Pero se equivoca, creemos, de interpretación. Si observamos el cuadro no es la mano, esa recurrente mano, su esencia, sino la vista, mal que nos pese. Lo que ven los personajes es lo que importa. Aunque recordando a Deleuze la mirada, independiente de sus funciones ópticas, también descubriría en sí misma una función de tocar que le pertenecería por entero. No tendríamos más remedio que darle la razón a Sarah Kofman y a su lectura, “La muerte conjurada”, de esa obra maestra. En ella los doctores no observan ni la mano del doctor Tulp ni el cuerpo del presidiario ejecutado Abrian Adriaenz, los médicos que asisten a la lección de anatomía examinan el libro abierto al pié del yacente. Y el libro organiza el espacio. Rembrandt nos muestra que allí donde su vista se posa, allí está lo trascendente. Aprendiendo la lección del libro, el cuerpo de doctores está por encima del cuerpo del cadáver y por tanto por encima de la muerte. Por eso, Derrida, en su homenaje póstumo escrito a la muerte de su amiga Sarah, pretende asemejarnos a esos médicos, como sí leyendo nosotros, los últimos escritos de la Kofman o cualesquiera otros libros, signos, nos dice entonces, sobre la sábana rígida de papel, quisiéramos como en el cuadro, olvidar, rechazar, negar o conjurar la muerte e incluso la angustia ante la muerte de un ser querido. Ésta acabaría siendo, el libro abierto que ocupa el lugar del cuerpo abierto, la verdadera lección de Rembrandt. La verdadera lección, pues, de anatomía. (Blog Bartleby: http://libresenred.blogspot.com/) (Escrito por Sr. Verle)
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