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EL TATUAJE DE LA ROPA

Quien no se ha identificado alguna vez con algún estilo de vestir, de cortarse el pelo, de llevar un tipo de calzado, de peinarse, etc

 

Recuerdo aquellos míticos Rockers que a principios de los ochenta, lucían sus tupes y sus zapatones, haciendo gala de la herencia americana post-Grease, que llegaba con diez añitos de retraso a una España ilusa, ingenua (nadie pensaba que poco después hubiera GAL, ni Filesa, ni tráfico de influencias, ni manipulación de la información, ni  Urdaci, ni Napoleón Aznar, ni Caso Malaya, ni la despoblación de la Meseta, etc, etc) y aún extremadamente casposa. Luego aparecieron los raperos, los grunges, los siniestros, etc.

Caso aparte son los pijos, con sus abrigos Barbour, sus zapatos náuticos, con pantalones de pinza, camisa a cuadros y/o polo de Burberrys con el cuello bordado con la banderita de España (tipo “tengo un yate esperándome”) y jersey Lacoste y/o Ralph Lauren.

 

Pero también existen grupúsculos no identificables con tribus urbanas, ni con modas concretas ni con nada en especial, pero sí unidos por algo, por una inquietud común. Son gente que comparte gremio, se dedican a lo mismo, lo cual le impone, o cree que le impone, una estética determinda que le acerque a sus colegas y le distinga del resto del mundo.

Un caso muy curioso son los toreros y allegados, cuya estética es pija pero con matices como el corte de pelo y el peinado engominado, además de la distinción de los botos camperos. Dentro de estos los hay más atrevidos, los hay que se dejan barba cuando no torean, los hay que llevan calzado deportivo, etc Curiosamente, estos matices tienen que ver con su manera de interpretar el toreo.

 

Caso similar os pasa, o nos pasa, a los artistas, tenemos una estética un tanto definida de jóvenes y que, como todo, acaba tendiendo hacia lo clásico según avanza la vida.

Se ha pasado de las chaquetas de pana con jersey de cuello de cisne en los casos más refinados, a la rasta mugrienta, el tatuaje, el piercing, los pantalanes caídos enseñando el calzón, etc. Como siempre, con sus matices que van desde el típico bohemio de americana y camiseta, hasta al rapero que empezó grafiteando y ahora quieres pintar como Millet. Y curiosamente estética y personalidad artística coinciden. Los más clásicos en el vestir, como nuestro amigo el de las iniciales, el que no puedo nombrar porque viene la INTERPOL y me detiene, él mismo, no es que pinte clásico es que es, en efecto, el Ingres de Carabanchel.

Los raperillos que empiezan en el lienzo se quedan siempre en el retrato de formato grande, que es lo que suelen hacer en las paredes de la calle; los rastas, piercings y demás tatuados, muestran un universo de creatividad dónde necesitas un manual de sus obras para entenderlas; los siniestros, heavys y demás muestran su oscuro mundo interior y cada oveja con su pareja.

 

Sirva toda esta parrafada jocosa y generalizada, para mostrar mi disconformidad con el ambiente mega-cool-creativo que se vive hoy día en las faculatades de B.B.A.A españolas, donde si no te identificas con una estética, no pintas nada….y, por lo que veo, si te identificas mucho con una, pintas menos aún…

 

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"300"

300, el cómic de Frank Miller ha sido llevado al cine recientemente con, en mi opinón, un excelente resultado visual.

Pero no es mi intención hacer una crítica cinematográfica en éste momento. Voy a hablar del mito de los 300.

El cómic se ambienta en las batalla de las Termópilas, cuando un reducido grupo de expertos soldados espatanos se enfrentan, con un par, al macro-ejercito Persa de Jerjes. Leónidas, rey de Esparta, con un trasfondo de Ché Guevara, es el líder que conduce a su voluntarioso ejército a una muerte segura, una muerte que acarreará efectos positivos para su pueblo.

Pero más allá de la clásica épica de Hollywood o de la dulzura estética del filme, resalta la figura de Leónidas encarnando la voluntad de su pueblo, el lider que no dirige esclavos, ni mandados, dirige soldados profesionales y absolutamente implicados en su propia causa. Por eso, Jerjes, a pesar del oro y de sus numerosas tropas no es capaz de vencer a las polis griegas lideradas por Esparta.

Y ese rey, ese Leónidas puede ser cualquiera de vosotros, uno o varios, que más da... Leónidas es un crack, porque es el héroe, y se puede encarnar en cualquiera... en tí, amigo lector del blog, en tí que quieres vivir del arte y no llegas a fin de mes, en tí que sabes que tienes actitud y aptitudes pero no encuentras tu sitio en el mercado, en tí que me lees y que sé que estas harto de pelearte con un galerista de cada dos, en tí coleccionista habitual que puedes comprar más barato, sin la siempre incómoda figura del mediador, del intermediario que tan poco sabe de arte y tanto de negocios.

En fin... esto no es un anuncio ni nada parecido, es mi siempre metafórica a sarcástica forma de decir que se necesitan alternativas en el mercado, terceras vías... ¿cooperativas de artistas, tal vez...?


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La ilustración gafapastista

En un mundo de globalización y masas, llama la atención la revolución gafapastista-bohemia. En un mundo de fútbol, de patriotismos rancios y baratos, de sobrexceso de información, de manipulación de masas (porque cada vez todo es más masivo y la masa, cuánto más grande, más manipulable), aparece esa luz al final del tunel que resucita (si me permiten el símil)a los ilustrados del Siglo de Oro y que, puestos a encontrar..., rezuma paralelismos. El gafapasta se identifica como seguidor de un estética, (igual que un heavy, igual que un rapero...) que posee sus propios símbolos. Pero sobre todo, se identifica con unos gustos artísiticos, literarios y musicales, que suelen coincidir entre ellos, ya que la tendencia a mitificar de éste colectivo es incansable. Los Planetas, Björk, Bukowski... esos iconos, esos símbolos que les autorizan a darte una master class de cualquier tema relacionado con las nuevas tendencias, ya sea pintura, instalaciones, música rara y, si acaso, poesía. Al igual que los ilustrados se podían distinguir claramente de otras clases sociales por sus pelucas, los gafapasta han elegido, las lentes antes citadas, como icóno y bandera del "culturetismo". No todo el que porta dichas gafas pertenece a éste perfil, pero muchos de los de éste perfil llevan gafas de pasta. Es muy fashion, sí, y estan a la última en todo, pero, en mi opinión, también se les puede identificar y definir como pijos renegados. Repito que no se puede generalizar, pero desde luego, en los barrios obreros de Móstoles o Parla no encuentras mucho ilustrado, ni tiendas de cómics, ni ópticas fashion, ni gente con gafas de pasta de Armani y Dolce & Gabanna, etc, etc. Pues allá cada uno con su gusto y con su culo, pero creo que es mejor cuándo hablas con alguien sin tener que estar predispuesto a que sea un mega cultureta y en vez de una conversación parezca una partida de trivial sólo con preguntas marrones. Yo también quiero ser un cultureta, pero no tengo dioptrías, ¡qué pena!

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El Tuning

Ahora hablamos de fotografía, de cine, de teatro, de literatura, de instalaciones, de videos, de música y todo se engloba dentro de la creación, de lo artístico, o al menos así se ha asumido. Por eso, hoy en día los usuarios neófitos de los museos de arte contemporáneo, definen todo como: “me gusta o no me gusta”. En base a ésto y para acotar muchos de los posibles significados de la definición de arte, no podemos desprendernos del hecho del gusto, el gusto estético, ese gusto artístico que ya en el Siglo XVIII definiera Joseph Adisson como “facultad del alma que discierne las bellezas de un autor con placer y las impresiones con desagrado”.
 
Ateniendonos a la definición que ya en sí misma encierra la contradicción de la siempre presente subjetividad, podemos deducir, con un márgen de error que no superaría al de las encuentras del C.I.S, un reflejo actual del gusto medio de la población española a través de la afición de moda en España, personalizar el coche, el tuning. Cuando vemos un coche bonito, nos pasa lo mismo que con una mujer de similares características, no podemos evitar el placer de la contemplación de la hermosura. Cuando vemos un coche tuneado, pueden suceder dos cosas, o sentimos tal placer por la belleza, o bien nos podruce una impresión, una fuerte impresión, la cual recibimos con desagrado.
 
Ya el mismo hecho de vivir para el coche demuestra el reflejo de una pobloación aún acomplejada y que necesita un par de generaciones para aportar un tipo de mentalidad menos casposa y más beligerante. Pero que un 50% de la población española personalize su coche como muestra de unos determinado gustos estéticos, da pie a una potencial reflexión sobre la siempre farragosa estética, esa relación de la belleza con los objetos de todo nuestro entorno. Y en los últimos tiempos, un entorno muy común son las ciudades colapsadas de coches y un alto porcentaje de ellos, tuneados.
 
Siempre que hablamos de cosas no tangibles, como de la estética, es difícil aportar datos fehacientes y estadísticos, fríos como la horchata, pero es fácil sacar conclusiones críticas o al menos hacerse ciertas preguntas:
 
El horterismo que demuestra la mayor parte de gente que decide personalizar su coche rebasa los límites de la credibilidad ¿Para qué ha servido la historia del arte?, ¿a dónde mira la gente cuando va al Prado porque está de moda la exposición de Tintoretto?, ¿qué herencia estética se nos ha legado, para que un buen número de jóvenes no tengan la lucided de ver que esos colores que han elegido para su auto hacen daño a la vista y llegan a producir desasosiego con sólo mirarlos?
 
¡Que bonito puede ser un alerón bien puesto y adecuado al coche en cuestión! y ¡que personalidad le dan unas bonitas llantas que no sean más anchas que el porpio coche!
¿Nadie se da cuenta de eso o es que los monumentos al mal gusto son inherentes a la poblacion tunera?
 
Como afirmaban los futuristas italianos, un Ferrari en movimiento puede ser más bello que un cuadro. La pintura aburre con tanto hiperrealismo y tan pocas vías de apertura, pero el tuning ese reflejo de sus dueños, de tantos y tantos españoles, deja el gusto estético nacional a la altura de su selección fútbol, mientras que la pintura aún salva nuestra necesidad del desahogo estético.
 
¡Seguid pintando y no tuneéis el carro!

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