Llega el momento de la bienal de Sao Paulo, polémica en su planteamiento pero no menos interesante por lo que supone de análisis crítico de un fenómeno aún en expansión como las bienales.
Toda bienal que se precie tiene que analizar el fenómeno, ser consciente de que el formato está en relación a elementos externos a "lo artístico" y convertirse en una plataforma crítica para su discusión. En cada edición.
Aunque, a veces, parece que empecemos de cero. Cambian los equipos, cambian algunas caras (la mayoría no) y la voluntad de innovar predomina frente a la de generar un tejido que se sustente más allá (o antes) del evento. Y pasan cada dos años, así que la memoria aún está fresca…
La reinvención permanente de la bienal, el empezar de cero, se comprende perfectamente en un modelo como Manifesta (llegando al bonito ejemplo de la imposibilidad de realizar una edición que se cargaba buena parte de lo que significa un evento de este tipo), pero el comprender una bienal como plataforma educativa a largo plazo, entendiendo el evento como la visibilización de un proceso permanente y que no se para, está en manos de responsables temporales. Y aquí tenemos una contradicción con la que jugar. Los comisarios tienen la responsabilidad de una edición (y cobran por este trabajo y no por otras cosas) aunque se les pide que tenga incidencia en lo local (además de presencia internacional), generando bases para el trabajo en arte.

Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel
Alighiero Boetti
Aleksandr Deineka


