Bajo el título La Belleza del Cuerpo, esta muestra exhibe piezas de primer nivel como El Discóbolo, un Eros tensando el arco atribuido a Lisipo, la Venus de Paros, etc.
Pero lo que me sigue sorprendiendo en la actualidad, es como asimilamos sin ningún género de problemas los formulismos winckelmannianos de la grandeza de las obras griegas. Me explico, por ejemplo la revista Descubrir el Arte en su portada ponen literalmente "El Discóbolo se exhibe por primera vez en España", y mi pregunta es ¿Qué Discóbolo?
Hoy día sabemos gracias a diversas fuentes literarias, que un tal Mirón de Eléuteras ejecutó una escultura en bronce de un hombre lanzando un disco ("discóbolo"), y lo conocemos en parte gracias a descripciones como la de Luciano de Samósata en el siglo II d. C.:
...encorvado en la postura de quien se prepara a lanzar, vuelto hacia la mano que sostiene el disco y doblando un poco la otra rodilla, como dispuesto a levantarse y lanzar...
A tenor de descripciones como ésta, o las que dieran Pausanias y Plinio el Viejo, podemos atribuir la conocida obra del Discóbolo a Mirón, pero tal atribución no es del todo correcta. Gran parte de la escultura griega que "santificamos" en miles de manuales y libros de arte no es original, y por lo tanto no es perteneciente a los admirados escultores griegos.

Como decía, obviando los Kouroi y Korai del arte arcaico en los siglos VII y VI a. C., y algunas obras originales de los siglos III y II a. C., la gran mayoría del arte escultórico griego, y en concreto la estatuaria clásica (siglos V y IV a. C.), la conocemos gracias a "copias" de época romana. De ahí, las suspicacias que me producen títulos tam pomposos como el que os he reseñado de la revista Descubrir el Arte.
Como sabeís, cuando Roma consigue conquistar la Hélade, se produce un fenómeno muy curioso de aculturación, los romanos en vez de imponer su cultura, absorven por completo los formulismos griegos y los readaptan a su cultura. Al mismo tiempo, este gusto por la cultura griega hace que surja la moda del coleccionismo de escultura griega entre las élites romanas. Todo gran patricio quería tener en su jardín un ejemplar del Discóbolo de Mirón, del Doríforo de Policleto o del Apolo Belvedere. A consecuencia de esta demanda, se comenzarán a realizar copias de estos idolatrizados bronces.
En la actualidad, lo que ha llegado hasta nosotros han sido las copias romanas en mármol basadas en los originales en bronce, pero ¿hasta qué punto estas copias imitaban fielmente a los originales?, o ¿hasta qué punto puede el mármol reproducir las calidades y efecto de la escultura en bronce?
Este problema a la hora de analizar la escultura griega resulta aún difícil de explicar por toda la tradición historiográfica que rodea al arte antiguo. Pero no deberíamos de dar un paso adelante, y más que hablar de escultura griega, aceptar estas obras como piezas de arte romano. Arte en la red

Marc Chagall
Chema Madoz
José Saborit


