
¿Declaraciones impúdicas y desvergonzadas? A juzgar por el sistema de valoración del arte conceptual contemporáneo de Colombia algo debo estar haciendo bien como para recibir tan dignos epítetos.
Fuera de chiste, sigo sin entender por qué a Botero le molesta que algunos digan que él es un artista comercial, si el arte que muestra (implícita o explícitamente) una vocación comercial es el único que sobrevive al paso del tiempo.
Las obras creadas desde el ocaso de la Edad Media hasta hoy y que irradian para el espectador contemporáneo un particular poder han ganado en valor comercial desde el mismo momento en que fueron creadas.
Tal vez muchos olvidan que en el Renacimiento tomó vigor la tendencia comercial del arte, y este mutó y ganó en libertades gracias a los nuevos clientes, la burguesía en ascenso. Aquellas libertades, que a través de la historia fue adquiriendo el arte (siempre a partir de fenómenos comerciales), es lo que hoy permite justificar todo tipo de absurdos y darles el nombre de arte contemporáneo. Como esas libertades hoy se ven como algo natural e intrínseco al arte mismo, algunos incluso se rasgan las vestiduras en defensa de aquellas, y de esa forma apoyan sin saberlo la historia del comercio artístico. Es por esto que el arte contemporáneo puede ser entendido como un epifenómeno de la sociedad de mercado. Por supuesto, ¿qué más comercial que un Van Eyck, que un Leonardo, que un Rembrandt o que un Rubens en su tiempo y aún hoy en día?. Sobre Rubens la conferencia que publiqué en el post anterior tal vez le sirva al interesado para entender mejor el tema y puede permitirle hacer relaciones entre el trabajo de un taller histórico - donde se atareaban múltiples personas - y el trabajo de los estudios de producción gráfica contemporánea donde trabajan los artistas hoy.
Pasando al siglo XX es importante también recordar que los artistas relevantes para la historia del arte siempre quisieron ganar mucho dinero con sus obras (como todo el mundo), aunque en ese periodo para la historia del arte se colaron muchos creadores cuyos trabajos son de mala calidad para cierto público. Es correcto: no tenemos suficiente distancia para dar una justa valoración social a los fenómenos artísticos del siglo XX, por ello la historia del arte está constantemente en proceso de reescritura. Un ejemplo del cambio de valoración en el arte reciente es M. Duchamp, un producto puesto en circulación en los años noventa con la etiqueta de los años sesenta; el mismo siendo entendido precedentemente como un pintor mediocre (hoy es más importante que el Picasso insuperable de la historia del arte de los setenta).
Por ese tipo de exabruptos como el que vengo de mencionar, en lo personal para estudiar el arte del siglo XX prefiero guiarme observando los productos artísticos asociados a la cultura popular: ¿Qué más comerciales que los artistas del comic, del cine, etc...? Si obras como Tintin, La Guerra de las galaxias o creadores como Walt Disney no aparecen aun en la historia del arte del siglo XX al mismo nivel que Picasso o que Matisse no podemos esperar demasiado por el momento. Claro, visto de esa forma, en el trabajo artístico siempre hay cabida para la innovación y para el riesgo, el público al final decidirá con que se queda, pero es una elección que la sociedad debe hacer, ojala sin manipulaciones de agentes de las instituciones estatales (museos, academias, etc).
Es cierto lo que dice un lector: que los dibujantes de comic hacen en principio su trabajo por su cuenta y riesgo. Precisamente el emprendimiento y la visión empresarial son muy importantes en la industria cultural de este y de otros tiempos.
Ahora, hay que tener en cuenta que los artistas que dicen no tener que ver con el comercio son, la mayoría de las veces, tan malos que buscan deslegitimar una simple escala de valores por medio de filosofías de rezago marxista. Por lo general, los artistas que critican el comercio en esta época son los que corresponden al arte conceptual contemporáneo, con sus obras efímeras, que nadie va a comprar, porque ¿quién va a pagar por tener semejantes cosas tan de pésima calidad?
Ese género de arte se mantiene, como dije anteriormente, por la captación de recursos estatales y por las maniobras de algunas compañías privadas que no actúan como compradores directos de las obras sino como patrocinadores de eventos. En realidad, los contribuyentes - que son los que terminan pagando con sus impuestos los estropicios de ese tipo de arte - no se interesan mucho en el mismo y prefieren, como dije, el arte que no se da ese título: el cine, el comic o la música...