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  • Permalink for 'ERIN SHIREFF: MIRADAS DISYUNTIVAS'

    ERIN SHIREFF: MIRADAS DISYUNTIVAS

    Posted: 9-February-2012, 1:26pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    ERIN SHIREFF: STANDING SHADOWS
    GALERÍA MARTA CERVERA: 04/01/12-25/02/12

    Si el minimalismo tomaba a la famosa psicología de la Gestalt para provocar una ruptura en el régimen de lo visual predeterminado por una historia del arte que, de manera subterfugia, pareciera ser ?falsamente- ocular, Erin Shirreff muestra en su obra una preocupación por deslindar las estrategias de la percepción asumida por el minimalismo para provocar una disfunción, un efecto de retardo y una disyunción en la pretendida continuidad de los efectos asumida por muchas estrategias artísticas. Así, el trabajo de Shirreff se inserta dentro de las estrategias ocupadas en romper con la creencia de que el arte está íntimamente ligado con lo visual, con lo visible.

    Ahora que el sujeto queda ya por fin refractado en una multiplicidad de imágenes para las cuales funciona él mismo como espejo lacaniano, la labor de Shirreff trata de provocar una ruptura en la lógica de la visibilidad impuesta por una economía de las imágenes ?sean éstas artísticas o no- que privilegia de modo radical lo visto sin saber que, como diría Brea retomando a Benjamin, siempre hay un no-visto en aquello que vemos.

    La manera de hacer de Sheriff es introducir al espectador en un terreno ampliamente conocido, el de las formas más comunes del mundo ordinario, para al instante hacerle dudar de las relaciones que el artista teje con semejante material. Y es que es quizá ahora, cuando más y mejor parecemos asentados en nuestras convicciones -¿y existe convicción mayor que aquella que nos muestra el reino de lo visible?- cuando paradójicamente, aunque quizá haya que decir -en ese sentido benjaminiano del que somos herederos- políticamente, menos seguros estamos en aquello que vemos -quedando ahora remitida toda episteme moderna en una red intermodal de intensidades fluídicas donde quizá sea la energía, ese lugar imaginario entre la publicidad y la privaticidad de nuestras vidas, lo que sustente el régimen de las posibilidades otorgadas por el sistema.

    En la muestra que ahora mismo ocupa el espacio de la Galería Marta Cervera la artista presenta tres obras distintas: ?Monograph?, ?Field, Shade, Leaf, Line? y ?Untitled?, obras diferentes pero relacionadas entre sí y que amplían, como decimos, su exploración sobre la manera de ver y comprender los objetos estéticos, en particular las esculturas del pasado reciente que circulan a través de imágenes.


    Nada más entrar el visitante se topa con ?Untitled (Standing Shadows)?, una colección de pequeñas esculturas instaladas en pedestal cuya característica más propia es la de su no-completitud y su más que patente liviandad. Apoyadas, apiladas, recortadas, sujetadas una contra otras, las piezas remiten a una fragmentación del espacio propio al que quedan remitidas. Por su parte, ?Field, Shade, Leaf, Line? consiste en un bucle de 160 diapositivas que, tomando como base reproducciones encontradas en antologías de esculturas modernas, enfatiza los puntos de vista fragmentados, los reflejos y esquinas para, en la sucesión de diapositivas, crear en la mente del espectador nuevas formas abstractas, acaecidas únicamente en el intersticio temporal que media entre fotogramas. Por último, la pieza ?Monograph? consiste en seis fotografías construidas a modo de dobles parejas mal emparejadas.

    En todos sus trabajos, como puede verse, el espectador se encuentra en la tesitura y dificultad de encontrar el ángulo válido, la perspectiva correcta para descifrar unas formas que, en principio, serían las vistas en nuestro mundo cotidiano. Apariencia y realidad, ver y no-ver, mirar y ser visto, son duplas conceptuales -y casi diríase existenciales- que Sherriff torsiona hasta quedar amparadas en una lógica diferente, en una percepción que pierde de pronto todos sus anclajes.

  • Permalink for 'LACALLE/PYNCHON: UTOPÍAS NAUFRAGADAS'

    LACALLE/PYNCHON: UTOPÍAS NAUFRAGADAS

    Posted: 5-February-2012, 12:37pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO
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    ABRAHAM LACALLE: SIGUIENDO A PYNCHON
    GALERÍA BENVENISTE: hasta el 18/02/12

    En esa narración falsificadora de la realidad queha supuesto las tesis greenbergnianas de la autonomía del arte merced a laconquista de cada práctica artística de sus medios técnicos y materiales, lapintura se ha visto apelada, si no a su más de una desaparición, a quedararrinconada en el cajón de las sobras y los retales. Y es que, en ninguna otrapráctica la superficie es más patente, en ninguna otra práctica la materialidadmímica del trazo es más corpórea.

    Pero la tautología ha sido desvelada: si algo es arte porque remite a suautorefencialidad, es ?en sentido inverso- en la conquista de sus medios lo quele hace ser comprendido como arte. Dar al traste de una vez por todas con estaecuación enmascaradora sería un golpe de aire fresco para una pintura que desdehace ya tiempo da síntomas de recuperación. Porque desde que Pollock viesecomo su dripping remitía siempre a una idealidad repetitiva hasta alnausea, las comparecencias de la pintura ante el tribunal de su propia historiase ha resuelto en más de una ocasión como la más que incipiente posibilidad desu retorno.

    Desde el pop, pasando por la nueva figuración, la transvanguardia italiana o elneoexpresionsismo alemán, la pintura ha parecido querer desasirse de suprogramático destino para aliarse con las demás prácticas artísticas en labúsqueda de una nueva reconfiguración disensual de la realidad. Así, si se haceobvio y patente que la narración representativa, la adecuación copia-realidad,ya no tiene ninguna cabida, no por ello ha de dejarse el ejercicio entero de lapintura a manos de la autoreflexión de sus primados teóricos. Nuevas formas deplasmar las identidades, los tiempos y los espacios; nuevas maneras defragmentación, ruptura y derivas. La superficie del lienzo, más que ser ahorala esencia a conquistar, es la posibilidad más patente de ejemplarizar lanarratología de una sociedad en continua fuga.

    Porque, creemos, que ya está bien de que la pintura cargue con tordas lastrabas ideológicas de una modernidad soterrada y prisionera de sus propiasruinas, mientras otras prácticas, por ejemplo véase la literatura, quedalanzada en pos de articular un discurso capaz de dar cabida a la pluralidadsimulacionista e hiperreal de un mundo, el nuestro, devenido imagen-simulacro.

    A este respecto, el trabajo de Abraham Lacalle y que ahora presenta enla Galería Benveniste bien puede comprenderse como una necesidad, la dela propia pintura, de latir al unísono de la contemporaneidad y no diluirse yamás en propuestas utópicas de autoreflexión. En diálogo con una práctica comola del cómic, Lacalle descentra ?una vez más- todo el discurso pictórico parahacer de él un dinamizador más entre las esferas de la alta y la baja cultura,de los elementos propios de la pintura y los externos, de la Historia de suconcepto y las historias que traza en su narración.


    Así, en diálogo con el libro ?Vicio Propio? (Inherent Vice, 2009) de ThomasPynchon, Lacalle establece un vínculo literatura-pintura para darcabida en él a multitud de devaneos, de deslizamientos y tensiones capaces dearticular la práctica pictórica en una relación de tú a tú con el tiempopresente que le está tocando vivir.

    Quizá sea un ensayo, un ejercicio un tanto diletante este de pintar a medidaque uno lee una novela tan psiconarcótica como pudiera ser cualquiera de las dePynchon; pero bien es cierto que el ejercicio merece la pena ya quedemuestra que las prácticas artísticas quedan engarzadas actualmente en unainterdisciplinariedad que abre como pocas veces antes lo ha hecho el campo delo posible, de lo decible y lo visible.

    Si Pynchon reescribe la historia de las utopías de los años sesenta paraentregarnos lo no-dicho, lo oculto, lo sedimentado siempre en el ejercicio deselección del que toda narración adolece, si nos presenta la otra cara deaquellos héroes que hicieron vibrar a medio planeta, Lacalle zigzagueaigualmente en la puesta en claro de unas relaciones ?las que median entrepintura y escritura- para darnos a ver la ?cara b? de la pintura.

    Quizá así exista un vínculo oculto en el ejercicio preciso de Lacalle:si la pintura fue el adalid de la autonomía del arte que Greenberg hizorecaer en la conquista de los propios medios, quizá esa condena que la propiapintura ha sufrido sea la causante de su remisión a lo ?underground? del arte,a la necesidad que tiene de partirse todavía la geta para que se la presteatención. Así, igual que Pynchon reescribe la caída de los mitos nacidosal socaire de las ideologías de los años sesenta, Lacalle plasma en ellienzo las escenas de ese ?vicio propio? pero también la de otra caída: la dela pintura en los abismos de las utopías de la Modernidad de la que parecenunca salir del todo.

    En definitiva, de lo que se trata, de lo que trata el arte, lo que tiene quedarnos a ver, no son ya cuestiones epistémicas ni procedimentales, no ya vacuaconceptología en torno a los beneficios de una narración que se satisfaga ensus propios límites, sino lo otro de la realidad, lo que permanece enlos rincones, en las fronteras.

    Así, si Pynchon plasma el vacío de unos ídolos, la retórica barata deunas promesas fundamentadas en la más pasmosas de las nada, la narración de Lacallepuede comprenderse que excede esa historia para, con un guiño, hacerreferencia al propio encallamiento de la pintura, al desvelar lo falsificadordel discurso modernista y para, claro está, ver al necesidad de abrir lasventanas para que entre aire fresco
  • Permalink for 'PHILIPP FRÖHLICH: PINTURA DE LA NO-VISIÓN'

    PHILIPP FRÖHLICH: PINTURA DE LA NO-VISIÓN

    Posted: 2-February-2012, 5:10pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    PHILIPP FRÖHLICH: REMOTE VIEWING
    GALERÍA SOLEDAD LORENZO: 19/01/12-25/02/2012

    A golpe de brochazo y contundencia el joven pintor Fhilipp Frölich se está convirtiendo en referencia inexcusable del pictórico panorama patrio. Si en la anterior exposición en Soledad Lorenzo sorprendió por la novedad que supuso para muchos, en esta ocasión es la constatación de su maestría lo más destacable.

    Pero además es que la seguridad no es algo resabido en la continuación de un discurso, sino que el propio Fröhlich se adentra un poco más, un paso más, en los dictados perceptivos de su arte. Y es que si en aquella muestra recordamos era el efectismo de una pintura que pareciera resultar tridimensional, ahora pareciera haber preferido el artista sorprender en la superficie pictórica para provocar un mirar perverso, una suspensión en el régimen de lo sabido para provocar una ruptura estética.

    Trabajando a partir de maquetas que él mismo fabrica, sus lienzos reflejan la artificialidad del paisaje postmoderno, su mistérica presencia y su perversa vacuidad. Eligiendo puntos de vista un tanto extraños, su pintura nos muestra justo ese ?no visto? que vemos a cada instante: la inseguridad del dato, el desconocimiento de las escenografías por las que nos movemos, la falta radical de ejes y cortes orientativos. Todo remite ya a una mismidad, a un no-lugar global, que en su simulacro deviene escenografía fantasmagórica. Y eso, precisamente, es lo que nos da a ver.


    Así, apartándose de una pintura autoreflexiva y autoproductiva, Fröhlich se adentra sin reparos ni vergüenza por sendas muy desconocida para la pintura: lo inacabado, lo disfuncional, lo disyuntivo de una narración que queda desconectada de su resolución. Lavabos, escaleras mecánicas, estaciones de autobús?.: sus lienzos rezuman una no-historia que, pensamos, lejos de remitir a un unheimlicht freudiano redunda en un espacio público fantasmal y simulacionista.

    Profundizando un poco más en esa característica espectral de la mirada, bien pudiéramos remitirnos a la última de sus obras presentadas y situada en la última sala de la galería: un tríptico que nos muestra un paisaje, un jardín, que ?al menos al que suscribe- le recuerda al ?Blow up? de Antonioni: ampliando el material fotográfico uno termina, más que siendo capaz de verlo todo, por no ver nada. Es ahí justo, en ese terreno intersticial, donde el trabajo de Fröhlich ha de situarse. No en la perfección técnica, no en la capacidad de engaño a la vista, sino en la senda de problematizar un régimen escópico tan hiperadministrado como pueda ser el actual para situarse ahí donde ya nadie le espera. Porque justo cuando la pintura da el enésimo de sus cantos de cisne, una vez su muerte está ya más que asumida por todos, queda redimida a través de un ejercicio capaz de dirigirse al núcleo visceral de lo im-presentable y lo no-visto.

    En definitiva entonces, que en la era de los dispositivos mediales, de la infografía instantánea, ahora cuando parece que somos capaces de verlo todo y tenerlo todo, resulte que cierta práctica artística desvele las imposturas ideológicas de un mirar que se nos antoja atrofiado y suspensivo, no puede por menos que sorprendernos.


    Así por tanto, nada de efectismos, nada de trucos de magia: la herencia que puede adivinarse del puntillismo impresionista no remite al preciosismo de un juego de luces aplicado a lo urbano y suburbano como lo bello-natural, sino que remite a una misma problemática querida para toda la tradición pictórica desde el nacimiento de la fotografía y que apela a desvelar lo mentiroso de la tecnificación-estetización de la mirada. Así la luz, la mirada, la magnificencia de la técnica, no están llamados a abrirnos el mundo, sino a cerrarlo en aquel ?mundo como imagen? de Heidegger o en este ?mundo-imagen? de Buck-Morris.

    La pintura de Fröhlich, como ejercicio de trincheras entonces, nos ofrece el espectro tenebroso que no queremos reconocer: que no vemos todo, que toda mirada está mediada y que, en definitiva, seguimos dependiendo de una mirada remota, de una capacidad extrasensorial de mirar y, en definitiva, de comunicarnos. ¿Será esa la única capacidad que nos queda de hacer espacio público?

  • Permalink for 'YASUMASA O EL VESTIDO DEL EMPERADOR: EL DISFRAZ DE LA HISTORIA'

    YASUMASA O EL VESTIDO DEL EMPERADOR: EL DISFRAZ DE LA HISTORIA

    Posted: 25-January-2012, 11:43am CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    MORIMURA YASUMASA
    GALERÍA JUANA DE AIZPURU: hasta el 03/02/12

    La estrategia es sencilla: metamorfosearse en artistas-iconos del pasado siglo XX, jugar a ser ellos durante instantes, disfrazarse lúdicamente: la cosa, en principio, no pasa de ahí. Uno se fotografía en pose más o menos pensada y hasta ahí. Pero si escribir la historia es ya un gesto siempre ideológico, reescribirla tiene matices que, si bien logran poder jugar con ese exceso ideológico y siempre violento, por otra no hace más que seguirle la pista a ese poder hegemónico de la historia.

    Así, si por una parte acentúa el carácter de icono-fetiche de ciertos artistas, de determinados momentos del arte contemporáneo que no pueden ya pensarse sin un aúrea megalomaníaco y casi de leyenda, por otro lado sus disfraces logran ?lo intentan- una rarefacción, un distanciamiento entre los presupuestos del arte y sus logros. En otras palabras, sus divertimentos remitirían a un castigo al arte, a esa pose de mercancía de la que nunca puede desasirse y con la que ha de cargar se quiera o no.

    Siendo así, normal que la treta haya sido usada más de una vez para poder extraer de la historia una temporalidad diferente capaz de subvertir sus querencias hacia lo ya-sabido. Así, si Duchamp se convierte en Rose Selavy para subvertir códigos de género y autoría, si los ?apropiacionistas? como ?sobre todo- Cindy Sherman trasvisten el legado formal del arte para crear unas nuevas relaciones, es ahora Morimura quien adopta los rasgos completos de otro artista para, a partir de ahí, y quizá haciendo pie en su condición de oriental, ejemplarizar lo paradójico y enfermizo de haber creado una historia que late al unísono en una serie de puntos nodales de los que es imposible salir.

    Pero ese gesto suyo, ese transformismo lúdico, al instante de proponerse ?tímidamente, eso sí- como reacción contra el consenso suscitado en el urbe artístico en relación a una historia que, por mucho que se quiera pensar lo contrario, redunda en un quietismo triunfal, en una serie de nombres y fechas, de lugares y espacios, resabidos hasta la náusea, no hace más que seguirle la corriente de un modo tan efectivista como vacuo.


    Porque, ¿no son esas mismas corrientes mercantilistas e icónicas, míticas y casi de leyenda, las que Morimura quisiera para su obra entera? Obviamente que su posición no es única: de ahí que muchos artistas, sabedores de esta treta ergonómica en el ideario de sus actuaciones, se camuflen, si no ya solo en el rostro de otro, sí en una pose cínica e irónica que, aparentemente, les descargue de tomar parte dentro de esa ?suciedad? que supone el mundo de los méritos y los prestigios.

    Así pues, si hay que desconfiar y huir a la carrera de cualquier atisbo de pose contestataria basada en el cinismo como marca de una época, de lo que también habría que huir es de artistas que, bajo un preciosismo nada desdeñable, parecen seguir a pies juntillas aquello de Lampedusa de cambiarlo todo para que nada cambie.

    Igual nos confundimos, seguramente, pero la distancia estética que produce el arte de Morimura es de inmediato abortada al hacer revertir en el espectador aquella misma estrategia que pareciera denunciar. Traer para sí el caudal del exceso semántico de las poderosas imágenes que nos ha regalado la historia reciente del arte, al tiempo que proponer dichas imágenes como el punto de fuga de un arte que siempre está deseoso de posarse en sus elegidos, es una ambivalencia tan compleja que, pensamos, se necesitaría lago más que unos retratos para llevarla a buen puerto sin dejarse todo por el camino.

    Así, bien nos pareciera que su arte revierte en interrogarnos a nosotros mismos sobre sí el artista, la propia historia del arte, es un ejercicio vacuo y fatuo ?si el emperador está desnudo-, o si de verdad lo que se puede conseguir con esa distancia geográfica de modos y maneras que propone Morimura es capaz de rarificar la mirada, de desgentrificar las operaciones de un arte que, cuando menos uno se lo espera, queda conquistado por las fuerzas totémicas de la mitomanía

  • Permalink for 'MARTIN CREED: EL MAGO Y LA NADA'

    MARTIN CREED: EL MAGO Y LA NADA

    Posted: 19-January-2012, 1:58pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    MARTIN CREED: THINGS
    SALA ALCALÁ 31: hasta 26 de febrero

    Un corredor en un museo corre ?como si la vida le fuese en ello? durante 30 segundos y descansa durante otros 30: ?la gran cosa de la Obra No. 850 es que es gloriosamente inútil, una explosión repetida de vitalidad [...] Todo tiene un contexto. Los corredores de Creed dejan un torbellino a su paso, en nuestras cabezas y en el espacio. Este es un gesto electrizante, simple y enormemente satisfactorio?. Como la verdad es la verdad, lo diga Agamenón o su porquero, y dado que hoy es fiesta en mi corazón, voy a empezar este texto como empiezan los grandes popes de la ingeniería de opinión: no creo que mis 10 o 12 lectores se molesten si convengo en decir que esta muestra del artista escocés Martin Creed es de una insustancialidad casi insultante, de una pedante nimiedad, de un gesto de máxima puerilidad.

    Y lo decimos, para dejar constancia de nuestra ?valentía? después de apuntar las palabras de Adrian Searle, sempiterno crítico del The Guardian. ¿Gran cosa?, ¿gesto electrizante? Debemos estar en las antípodas, porque seguir queriendo ver en la ?inutilidad? un gesto grandilocuente y fastuoso capaz de redimir todos los pecados del mundo, no es que sea una insobornable memez, sino que raya en lo delictivo.

    Aún así, y como dicta nuestra labor, intuimos lo que pasa: en la deflagración ideológica de las últimas décadas, sumidos en la hecatombe de lo relativo, el arte es capaz de rizar el rizo sobre sí mismo y plantarse con dos bemoles ante su propia historia para seguir tirando de negatividad hasta que la cuerda se rompa. Así, en el límite de esta absurdez dos estrategias han venido a sumarse para dar por válido una formulación endémica e hiperadelgazada de los primados teóricos de toda la Estética: si Duchamp metió un urinario en un museo, yo ya puedo meter cualquier cosa ?es decir, el objet-trouvée reciclado al espasmo de lo aciago-, y dado que lo postconceptual es nuestro sino, remitir ese ready-made a la lógica de lo mínimo. Así, de manera tan pueril, se logra esconder la trampa en lo más profundo: dejándola a la simple vista.


    Como en el texto de Baudelaire La moneda falsa, la treta más perfecta es aquella que sucede ante los ojos. No es que ya no haya nada que ver, no es que no nos hayamos dado cuenta de que bajo las apariencias no hay nada, sino que más bien el remitirnos a la sospecha es un ejercicio crítico cauterizado hace ya décadas.

    Si Kant hizo remitir al desinterés la formación de una esfera pública y autónoma donde pudieran caber los intereses de todos, si Rancière cifra la característica fundamental del actual régimen estético del arte en una desconexión en la lógica de las causalidades, la trampa es hacer de esta situación un campo abonado para todo lo que huela a ?inconsciencia? o ?banalidad?. No es por otra cosa que para Creed solo haya una cosa clara: una buena obra parte de lo banal.

    Luego, a partir de ahí, la mecánica es tan fácil que asusta: poner ante los ojos la puerilidad de sus discursos para que nada se sospeche, para que nada quede atemorizado en el interior capaz de suscitar inquietud alguna. Alegatos como uno que he podido leer que cifran su arte como ?una metáfora de la capacidad de sacar arte de la nada? no es que sean atrofias discursivas, sino que atentan contra lo más axiomático de la producción artística contemporánea.

    Creed juega a que existe aún algo tras las apariencias que él es capaz de hacer aparecer a base de inconsciencia y espíritu espontáneo y creativo para, inmediatamente después, darnos a ver una nadería insustancial, una recreación idiota de las cosas que nos rodean. Querer ver en este nihilismo fantasmagórico una metáfora precisa de nuestro día a día es muy respetable, pero poco o nada tiene que ver eso con lo que se demanda, teórica y prácticamente, al arte. Que nuestro mundo esté desquiciado, que haga gala de un aplanamiento global, no es óbice para que el artista de turno nos lo reproduzca sin ningún otor ánimo que al mera constatación de un hecho.


    No obstante, y sin pretender cambiar una solo coma de lo hasta aquí dicho, es cierto que este artista da al arte precisamente aquello que éste le pide. Y me explico: como se puede rastrear en este blog, nuestras posiciones pecan quizá de algo de metafísicas e idealista, viendo en la historia del concepto de arte el ámbito propio de darse el triunfo metafísico de la técnica. Así, toda insinuación de resistencia o negatividad ?el que tan solo se sepa que existan dichas posiciones- viene contrarrestado por el acomodo del propio arte a los mundos estetizados y estratégicamente desconectados de cualquier postulación o atisbo de reconfiguración política.

    Si como Sloterdijk ?en una reestructuración un tanto simplona de toda la estética idealista- dijo una vez, si el arte ha de permanecer replegado sobre sí mismo, es porque espera pase la tormenta y enfrentarse ya por fin a su destinación. Así, en pocas palabras, este aturdimiento de las estrategias artísticas, este aplauso consensuado a lo banal, forma parte ?quizá incluso de forma privilegiada- de una historia del arte que está, en consonancia con la comunidad a la que apunta, por-venir.

    El que el arte tenga que pasar por esto, el que las formas de su producción queden circunscritas al mundo propagandístico de la soflama del ?young british artist?, es algo que no ha de preocuparnos lo más mínimo; el que el arte tenga entre sus ?elegidos? a artistas que siguen dando cancha al reino de la intuición y la expresividad es solo una afrenta quizá necesaria para que, por otra parte, el arte tenga aún visos de hallar resistencia.

  • Permalink for 'FRANCESCA WOODMAN: EL ÁNGEL CAÍDO'

    FRANCESCA WOODMAN: EL ÁNGEL CAÍDO

    Posted: 16-January-2012, 1:47pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    FRANCESCA WOODMAN
    GALERÍA LA FÁBRICA: hasta el 21/01/12

    Con ocasión de los 30 años de la muerte de Francesca Woodman, La Fábirca expone 30 de sus fotografías. Con esta ocasión, republicamos la entrada que en su día hicimos de la primera exposición, allá por 2009, que de Woodman hicieron en La Fábrica. 

    Mario Perniola, en su ?Estética del siglo veinte?, comienza diciendo: ?La idea de que la experiencia estética comporta una agilización y una intensificación de la vida, un enriquecimiento y una potenciación de la energías vitales es algo tan difundido en la cultura del siglo veinte, que cuesta atribuirle un significado filosófico específico; y es que la misma noción de vida parece, a primera vita, demasiado vaga y genérica para gozar de una particular riqueza conceptual?. La vida, ese exceso incontenible, ese torrencial sustrato inaprensible; como bien dice Zizek, ?la vida nunca es meramente vida, siempre es sostenida por un exceso de vida?.
    En último término, la estética kantiana ya va encaminada a intentar digerir esos excesos bajo la primacía de la vivencia. Separando el juicio estético del juicio teleológico, hace que el primero se desentienda de consideraciones de la naturaleza como un todo orgánico en busca de un fin. Pero además, incidiendo en tal brecha, para Kant las obras de arte son expresiones de ?ideas estéticas?, ideas que pueden ser encontradas en la experiencia pero no comunicadas. La obra de arte por tanto presenta ideas en forma sensible que, al no caer ya en el campo teleológico, de otra manera permanecerían desconocidas a la intuición.
    Precisamente en esa capacidad de las ideas estéticas de presentar ideas racionales que exceden los límites de la forma sensible, es donde dichas ideas afectan a la imaginación y estimulan la mente: es donde se produce una sobrepujanza de los poderes cognitivos en un ?sentimiento de vida? como sentimiento de vitalidad mental. El genio es quien personifica este estado a la perfección al ser capaz de comunicar el libre juego de las facultades (el estado cognitivo responsable de la producción de ideas estéticas).
    En ese estrecho vínculo entre la imaginación y las ideas estéticas es donde se plasma, lejos del formalismo que siempre se ha querido ver en la tercera crítica de Kant (vía sobre todo Greenberg) un potenciamiento de las capacidades tanto receptivas del espectador como productivas del propio artista.
    Obra de arte como encarnación de una idea estética, una idea que queda incardinada dentro de los excesos intuitivos de la propia vida, de la propia vivencia que entonces se convierte en germen de la propia labor artística. Al igual que mi experiencia se asienta sobre lo que conozco, las ideas intuitivas que exceden los límites de lo sensible se asientan en ese propio exceso de vida inasible. Y es que la razón de Kant es siempre una razón trascendental pero también limítrofe, sabedora de que el cierre ontológico en la brecha que separa necesidad y libertad requiere tanto de conceptos mediadores según el esquematismo trascendental como de la facultad del imaginar y el intuir.



    Lejos también de las concepciones más holistas (tanto hegelianas como marxistas) de comprender la vida, Dilthey no cree que la vida pueda ser reducida a un significado inmediato. Lo fundamental no es ya la vida empírica sino la Erlebnis, la vivencia, la experiencia vivida. La finalidad de la vida queda constituida como un infinito trabajo de reelaboración de lo ya sido y la experiencia estética asume así los visos de una continua e interminable lucha contra la muerte.
    Pero quizá haya sido Nietzsche quien mejor ha sabido ver la implícita conexión que hay entre la vida y el cuerpo, entre la vida y el poder. Porque la vida para Nietzsche es el espanto continuo de creación de formas, la fuerza misma de la autoafirmación. Sometidos a una pluralidad de afectos e impulsos, la vida se entiende como la constatación continua de un intento de dar forma y de canalizar, de afirmar e interpretar: es decir, de valorar. Porque valorar es ejercer el poder propio de cada voluntad, es autoafirmarse como voluntad creadora. ?Yo amo a quien crea por encima de sus posibilidad y por ello fracasa?: amor al destino porque sólo amando al destino se vive una vida digan de vivirse: aquella que se sabe creadora.
    En esta teoría de la vida como afirmación creadora de una voluntad que se autoresuelve en un destino que se alcanza en el valorar y en el decir sí al propio exceso de vida, el cuerpo no se reduce a un simple catálogo de impulsos ni a un conjunto de condiciones biológicas medibles y observables. El cuerpo es la pluralidad infraconsciente de formaciones de poder. El cuerpo es voluntad de poder, es vida, juego de fuerzas que seleccionan e interpretan esa pluralidad de impulsos que transitan por ?yo? pre-subjetivo. Es el cuerpo por tanto quien valora, quien interpreta y afirma.
    De esta manera, se puede hablar del cuerpo como hilo conductor de la interpretación, de una estructura semántica identificable como base hermenéutica para una teoría y crítica de la cultura. Porque, si la voluntad intenta dominar afirmativamente el exceso de vida por mediación de su poder de dar valores, es el cuerpo quien en última instancia realiza esta afirmación creadora. Pero, y esto es algo en lo que Foucault incidió sobreabundantemente, si por una parte existe un vínculo entre cuerpo y cultura, por otra lado, existe también una influencia configuradora de la cultura sobre el cuerpo. Es decir, toda interpretación, al igual que todo valorar, está ya de por sí mediado por una cultura que ejerce, ella también, su quantum de poder no dejándole al cuerpo más que un juego de fuerzas que tratan de afirmarse siempre en vano dominadas como están por esa tradición en la que nace insertada.
    El drama es que la vida en sí misma, siendo por sí misma el propio exceso que hay que interpretar, no ofrece ni mucho menos ninguna salida mediata: la vida, o está transfigurada en sentido o queda amputada en la ampulosidad de unos excesos que la asedian hasta el derrumbe. Entre mí mismo como ser vivo que siente y yo mismo como ser cultural que toma conciencia e interpreta ese sentimiento hay un abismo de separación que no une ningún puente.
    Francesca Woodman, viendo que ese abismo que separa una orilla y otra no hacía más que crecer, decidió lanzarse por él una mañana de enero de 1981. Hasta entonces, hasta ese momento en que con sólo 23 años puso fin a su vida, no había hecho sino intentar eso mismo que se nos tiene vetado a pesar de ser también aquello a lo que se nos invita constantemente: ser uno mismo y, en ese ser afirmativo que elegimos, transformar creativamente lo que nos rodea.
    Sus fotografías son el archivo vital de ese intento, de ese fracaso en que toda creación, de ser creación nacida de la voluntad del mismo poder con que uno crea y valora, ha de terminar y claudicar. Experimenta con su cuerpo ya que sabe que es en su cuerpo donde radica todo el poder interpretativo, al igual que aquello que parece ser necesario dominar en un valorar claustrofóbico. De ahí que su cuerpo resulte ambiguo. El cuerpo de una mujer que trata de autopercibirse de forma diferente, de relacionarse y de habitar con un otro que siempre le exige banalice sus excesos vitales, que delegue sus procesos de posición de fuerzas, que subsuma su poder innato de creadora de formas en el poder omnívoro con que la sociedad en sí se perfila.


    No hay solución y se la pide, como a todos nosotros, capitular. Hacer las paces con nuestros excesos, con nuestros cuerpos y con nuestra voluntad siempre hambrienta de darse a sí misma en un libre juego creativo y afirmativo.
    Pueden rastrearse en sus fotografías posicionamientos feministas, estéticas cercanas a Ana Mendieta, pero la corporalidad que muestra no entiende de géneros ni mucho menos de lucha de sexos. La fragilidad de sus miembros es la fragilidad propia de nuestra subjetividad actual, deudora como es de una amputación original: la que se rinde ante sus propios excesos sin presentar ni la más mínima batalla. De ahí también que en sus fotos se plasme un desgarro existencial, una imposibilidad ya de simbolizar y la patentización de una ausencia, como la tristeza ante la partida de algo o alguien.
    Y es que es aquí donde se puede delinear una fractura perfecta entre el mundo moderno que queda aún, aunque cifrado en la más profunda de las desolaciones, como el lugar de la utopía del encuentro ideal, y la sociedad postmoderna donde ya no hay lugar ni para el cinismo de un ?hacer como si? cupiese aún tal posibilidad.
    Dicha diferencia podría ejemplarizarse tomando como cruce de caminos la obra de Francesca Woodman y la de Cindy Sherman. Si para la primera todavía cabe la desolación ante una falta que se presiente ya como un lugar vacío, si sus fotografías exudan el dolor de un crear imposible merced a un poder que yace desligado de toda relación a la corporalidad propia de quien interpreta y valora, para la segunda dicha angustia no es más que una máscara más, un último disfraz. Y es que las imágenes de Sherman son ya completamente postmodernas: ella misma es una imagen donde no cabe ya ninguna apelación a luchas de genealógicas de poder que provoquen una ulterior formación subjetiva basadas en el interpretar y valorar según voluntad. Ahora ya no rige la sentencia del ?existo porque me doy valores que creo según poder?, sino la del ?existo porque me hago pantalla hipervisible?.
    De ahí que estas fotografías, ese cuerpo frágil y que parece flagelado, lacerado como un San Sebastián moderno, nos espante y nos aterre: tan abobados estamos en la panacea telemática de nuestra hipervisibilidad y socarrona verborrea de quien lo tiene todo bien aprendidito que hemos olvidado incluso el dolor que llevamos a cuestas: el de no tener ni el coraje ni las agallas de darnos la más mínima posibilidad de ejercer nuestro poder creador.
    Hoy, el abismo por el que saltó Francesca Woodman en forma de ventana de su apartamento en el Lower East Side de Manhattan, queda casi ya perfectamente sellado en la hipertrofia libidinal del hiperconsumismo (los deseos no se tienen y ni tan siquiera se crean, sino que simplemente se consumen) y en el ansiolítico que regula esos mismos excesos de vida en que toda corporalidad se asienta.

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    DON?T BE WATER: BE GIN!!

    Posted: 12-January-2012, 10:55am CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO


    Artículo publicado en el nº 8 de 'El Bombín Cuadrado':

    No sé si se han dado cuenta, o si es cosa de los lugares que frecuento, pero lo cierto es que la moda del gin-tonic se está instalando por todas partes. Antes, lo que simplemente era un combinado estrafalario y sin gracia ninguna, condenado a una suerte de aparición anual, ahí cuando en el fiestón de fin de año o se les acababan el whisky y el ron o tú mismo, en un halo de consciencia previa, te convencías de que lo mejor era ir a ginebras por aquello de ser bebida blanca y que, a la larga ?allá por el decimo copazo- todos tus amargores se convertirían en sabiduría de experto, se ha tornado de la noche a la mañana en un combinado indispensable, en aquello que, de golpe y porrazo, separa lo que está in de aquello otro que (sic) no es más que zafiedad y grosería.

    Uno no deja de torcer un poco el gesto cuando gente, amigotes que hasta hace dos días te gritaba al oído en la discoteca un escueto ?pídeme un copazo?, ahora te sugiere que, por favor, preguntes si tiene Hendrick?s y que, solo en caso de tenerla, la combinen con una tónica fever-tree, y que, también por favor, me asegure le pongan un poquito de pepino. En fin, una calamidad? hasta que descubres que todo es más fácil de lo previsto: que de la marca en cuestión reposan en el estante esperando su turno dos o tres botellas, que se da por descontado que la tónica ?tiene que ser esa?, y que en un cubilete que saca el camarero velozmente de debajo de la barra adivinas que debe de haber del orden de 5 o 6 pepinos bien troceados listos para servir.

    Y la cosa no es simplemente la moda pasajera de si ahora la cerveza es sana y si ahora el vino. El asunto, me parece a mí, ha llegado para quedarse ? al menos lo que nos dure esta crisis. Sí, eso es justo lo que pienso. Y es que uno, fajado en los mundos de la noche como lo ha estado, sabe demasiado bien que semejante microcosmos es perfecto para llevar a cabo trabajos entomólogos y sociológicos con el prurito de tener en ellos la avanzadilla más abstracta de los caminos por los que se dirigirá la sociedad poco más tarde.

    Desde este punto de vista, claro está, nada es de extrañar: país mediterráneo como somos, lo de la cerveza siempre nos ha parecido una cosa de vikingos borrachos, y si, además, nuestra capacidad de diversificación en cuanto a modos y modelos es mínima, normal entonces que el vino haya ganado adeptos poco a poco.

    Porque el vino ya es otra cosa: requiere pericia, saber, un conocimiento que distingue al lego del ya iniciado. Cuerpo, acidez, aroma, lágrima, ?, las catas de vino se convirtieron desde no hace muchos años en eventos donde, al tiempo que se ganaba en conocimiento, se subía un poquitín ?siquiera simuladamente- en eso de la escala social. Y es que todo redunda en esa ergonomía que, lejos de sustentarse en esa ordinariez del discurso de clase, basa ahora sus preceptos en la circulación de un conocimiento según el cual es más preciado cuanto más inútil sea, cuanto más fluídico éste sea, cuando más rápido pueda mutar en moda y, así de golpe, desaparecer del panorama social.

    ¿Y no es la noche, ese dispositivo ultrarápido de circulación de efectos y afectos el sustrato medial preferido para hacer de esta economía de la inutilidad epistémica el lugar preferido para su escenografía? En la compulsión libidinal, en la mezcla de efluvios etílicos, en la topología ebria de lo hiperfluídico, la adquisición de un tipo de hábitos determinados es lo que actualmente cataliza a una sociedad entera. Así las cosas, una vez el vino se quedó corto -¿quién no distingue hoy en día, en una cena entre amigos, un Vega Sicilia de un Château Margaux?- el gin-tonic ha entrado en escena con esa fuerza iracunda propia de unos tiempos no ya líquidos sino casi gaseosos.

    Sin embargo, en la locura gintónica de esta época, bien he oído decir que la causante de este rito etílico alrededor del gin-tonic no es otra que la falta de capital del ciudadano medio que, en vez de ingerir copazo tras copazo para a la mañana siguiente darse cuenta que el nivel de resaca es proporcional al pastizal que se dejo la noche de antes, ha optado por retirarse del mundanal ruido y tomarse las cosas con calma: degustar, experimentar el goce de la bebida en una amigable charla parece ser ahora lo molón. Nada de estridencias, nada de dejarse llevar por ?quelque liqueur d?or, fade et qui fait suer? que diría Rimbaud, reposar los agobios de la semana en la explosión de sabor de las burbujitas tónicas con el amargor de la ginebra, ... Vamos, resumiendo: que eso no hay quien se lo crea.

    Y es que, pensamos, las cualidades del gin-tonic son, en este punto, las de la mercancía-fetiche en su estado más salvaje. Cuando el capitalismo parece tener que reconvertirse en su ferocidad, lo que ya no cuela es el ?be water my friend? disfrazado de tonadilla publicitaria, sino casi ya el ?be gin?: ya no es el triunfo de las tesis de Lipovetsky del deseo de consumir como el apriori desde donde compulsivamente deshacernos de lo ya conseguido y seguir escalando en deseo y consumismo. Ahora, en la encrucijada financiera, los posicionamientos se tornan más salvajes y de lo que se trata es de ser único, exhibirse en su paranoia y seguirle el ritmo al capital en su tour de force. Frente al yang que vendría a ser la casiústica de lo ya explorado, el yin-tonic es la fuerza de lo irreverente compulsivo, la individualidad devenida mercancía. Justo lo que necesitan estos tiempos.

  • Permalink for 'SERGIO PREGO: ORIENTACIONES EN LO INFRAFINO'

    SERGIO PREGO: ORIENTACIONES EN LO INFRAFINO

    Posted: 9-January-2012, 2:46pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    SERGIO PREGO:
    GALERÍA SOLEDAD LORENZO: 01/12/11-14/01/12

    Por tercera vez en apenas poco más de un año, la Galería Soledad Lorenzo nos brinda la oportunidad de contemplar in situ los logros alcanzados en aquel experimento a tres bandas que supuso el Primer Proforma 2010 llevado a cabo en el MUSAC por tres pesos pesados del panorama patrio: Txomin Badiola, Jon Mikel Euba y Sergio Prego. Como si de un pozo sin fondo se tratara, Soledad Lorenzo deja bien a las claras que el entendimiento entre las instituciones es tan bueno que, si de continuo se da trasbase de la galería al museo, también puede suceder lo contrario.

    No obstante la con-celebración de tales eventos, recuerdo con simpatía (y admiración!!) cómo a raíz de la primera exposición ?temática? sobre el Proforma se oyeron voces que, si bien celebraban la posibilidad de dar cuenta de lo que se pudo hacer en aquel laboratorio experimental, también dejaban claro ?a modo de alta teoría- que el contenedor es tan importante como el contenido y que ?encerrar? en una galería situaciones y obras específicas del Proforma era negar precisamente la idea madre desde la cual partió el querer encerrarse en una sala del MUSAC durante unos meses.

    Pero bueno, parece que eso ya pasó y que ahora, en tiempo de crisis, bien vale dejarse de zarandajas y aplaudirnos todos mutuamente para no poner más piedras a unas ruedas ya de por sí bastante renqueantes.

    Sea como fuere, no vamos nosotros a ser menos y no vamos a aguarnos la fiesta. Porque claro, está dabuten que después de trabajar de forma extensa sobre una serie de trabajos con estructuras neumáticas en el mencionado Proforma, después también de presentar en la Art Basel del 2009 una instalación que consistía en un cilindro neumático en forma de corredor de 2,5 m de diámetro y 120 m de largo, venga ahora a su galería a presentarnos la obra en versión site-specific (40 m x 16 m) para el propio espacio de la galería.

    Los parámetros teóricos sobre los que se mueve la obra son esencialmente los mismos, si bien cabría un comentario ?no nos resistimos- que aunque muy tímidamente apuntado (y no siendo su principal preocupación) si que pareciera pertinente: y es que no es lo mismo la actividad artística que surge dentro de la institución-museo (por muy amable y muy por la labor que ésta se muestre), en la institución-feria (o casi sería mejor decir en la marca-Basel), que llevarla a cabo dentro de las cuatro paredes de una galería.

    Quizá sea una deformación profesional ?y sobre todo formacional- ésta de querer sospechar de todo, pero quizá sea también que solo haciendo gala de una (in)creencia manifiesta en aquello que parece querer quedar atrincherado en su mero aparecer-como-arte, puede uno escrutar los destinos de una práctica ?la artística- cada vez más renuente a ser investigada.

    Si el arte trabaja siempre en sus límites, es en este caso que tal proposición es algo más que una abstracción genérica: la galería queda desbordada, la obra no tiene más remedio que amoldarse a la forma contenedor de quien le da cabida. Como si de una segunda piel se tratara, la escultura neumática se pega a las paredes de la galería para dejar constancia de una paradoja nunca resuelta: la que anuda indisolublemente la obra de arte con el que pareciera ser su lugar natural, la galería.


    Si el museo la decapita, ¿es la galería un trampolín de lanzamiento o simplemente el primer acto de coartada y falsificación del peaje que ha de pagar la forma artística para devenir visible? La paradoja no puede escapar a nadie: si Sergio Prego nos brinda la oportunidad de la experiencia estética de la desorientación postmoderna del sujeto, si alude a cartografías mudas y a flujos libidinales multidireccionales que atrofian nuestro sentido de la realidad para convertirla en virtual, solo puede ésta llevarse a cabo dentro de una institución que, como la galería, nos oriente en nuestro mirar, nos eduque en nuestro deambular fantasmal y nos diga ?nos imponga-que, esto sí, ha de ser visto y experimentado.

    Si Ortega decía que filosofar era orientarse en el pensamiento, si Prego nos brinda la posibilidad de la experiencia de sabernos perdidos en nuestra existencia perceptual, apenas salimos de la gran membrana constatamos que nada es del todo así, que disponemos de las estructuras contextuales que dirigen nuestra mirada y nuestros pasos.

    Quizá sea este el logro de Prego y el de Soledad Lorenzo: saber que solo de la contradicción se vive, que solo la contradicción nos apela y que, además, no hay solución posible. Contradicción entre la materialidad de la membrana y lo abstracto de la visión, entre un contenedor limitado y un contenido extralimitado, entre un contenedor que dicta sus convenciones y un contenido llamado a (dis)torsionarlas.

    En definitiva, es la experiencia del infrafino duchampiano aquello que surge de recorrer el vacío neumático de la escultura. Una desorientación en lo que orienta, un exterior que invade el interior sin tocarlo, una(s) arquitectura(s) limitadas en su interdependencia mutua. Y es que, aunque no haya posibilidad de borrar la membrana que separa lo ?interior? del arte de su ?exterior?, nuestra destinación es intentarlo, una vez y siempre; borrar o difuminar desde la praxis las paradojas consustanciales a una producción como la artística llamada a promover nuestra emancipación.

    Crítica anterior exposición de S. Prego en Soledad Lorenzo (02/2009):
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    RESUMEN DEL AÑO!! LO MEJOR QUE HEMOS VISTO

    Posted: 29-December-2011, 2:02pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO
    Como años anteriores -¡¡y ya van tres!!- nos disponemos a sumarnos a esta ola exacerbada de glosar lo mejor del año. En esta sociedad de lo ?hiper? quizá la fiesta, otrora lugar-tiempo sacrosanto desde donde extraer el sentido de una vida entera, no sea más, ni tampoco menos, que esa pulsión diabólica y masoquista de hacer estallar una memoria microfragmentada a manos de la catatonia de la mercancía burbujeante y volatizada en sí misma.

    Así, si nada llega nunca de veras a ser consumido, si basta con ser cualquier obra citada, comentada, aplaudida o censurada en foros, revistas, blogs, periódicos, etc, en el límite la pulsión hiperconsumista llegará a la frontera de condensarse únicamente en estas listas de fin de año. De nada vale los libros que hayas leído, las películas que hayas visto?.lo importante es ese chorreo de datos y cifras que no te dicen otra cosa que tu nivel de satisfacción con el sistema-mundo, tu nivel de autoaceptación, tu rango de autodisciplinamiento.

    Si del top ten cinéfilo no has visto ninguna, eso es un grave indicador que te dice que para el año que viene, de entre todas las cositas que le pidas, sin duda deberás de tratar de estar más atento a los trending topics, tendrás que hacerle más caso a las modas y no dejar pasar ni una. Que luego, claro está, te sientes ninguneado, expatriado, extranjero en tu propio mundo.

    Sea como fuere, lo propio de estas fechas es seguirle la pista a la panacea de lo hiperreal de las listas y dejarse llevar por la atrofia displicente traumatizada en sus neurosis: catalogar, definir, reunir, listar, enumerar,?: gozar de nuestros síntomas, de nuestra mediocridad endémica, emborracharnos del sinsentido yoico que trata de rodear ese lugar ausente, esa mirada ciega. Seguimos sin comprender, pero?¿¡y lo bonito que nos quedan las listas!??

    Pero, dejando atrás estas consideraciones, trataremos de ser lo más breve posible. Por de pronto y aunque nuestro hábitat natural son las galerías, dejar dicho una vez más que quizá el evento artístico más importante a nuestro juicio ?quizá también por lo que parece ser su triste carácter de excepcional- sea aquella exposición que bajo el nombre de S/T. Sin título. Medidas variables reunió a lo más granado del panorama madrileño en una exposición, en las que antaño fueran las oficinas del Santander, para dar rienda suelta a la eclosión de la reinvención de la exposición artística. Vale que no fuera una exposición de tesis, vale que no hubiera hilo conductor alguno?pero fue un ejercicio preciso de traer la novedad más radical a un panorama artístico bastante normalito.

    Pero, y remitiéndonos ya a lo que es el tema estrella de este nuestro blog ?las galerías-, creemos que actividades como aquella que tuvo lugar en la primavera pasada bajo el nombre genérico de Jugada a tres bandas son dignas de agradecer, de apoyar y sobre todo, de disfrutar. Porque fue a raíz de ese trabajo conjunto entre galeristas, artistas y comisario de donde se sacaron un puñado de exposiciones que pueden definirse como magistrales. Entre ellas destacar simplemente la de Travesía Cuatro, Moriarty, Cámara Oscura o Blanca Soto.

    Tampoco fue mala cosa esa de convenir una fecha para la rentrée de temporada otoñal y así aunar esfuerzos en esto de la difusión del arte. Si la escenificación festivalera ha llegado a devenir en razón de ser cuasi ontológica de una pluralidad casi infinita de eventos (conciertos, conciertillos, seminarios, cursos, semanas de la moda, del libro, de la poesía, etc) normal entonces que las galerías hayan visto en esto de la masificación una honorable salida perentoria a lo casi raquítico de su presencia en la sociedad actual.

    Antes de pasar a escrutar nuestro muy particular top ten, no quisiera dejar de pasar la oportunidad de al menos dejar constancia de buenas exposiciones que, a pesar del tono un poco flojo de lo general, han logrado despuntar un poco del resto. De entre los consagrados, quizá el dúo Balka/Bruguera en Juana o la escenificación de Elmgreen & Dragset fue de lo mejorcito junto con la esperadísima aunque bastante pobre muestra de Ángela de la Cruz en Helga o con la delicia de recrearse en el salto al vacío de Yves Klein en Cayón. También estuvieron a la altura exposiciones como las de Mira Bernabéu y Beth Moyses en Fernando Pradilla, Francesco Jodice en Marta Cervera, Marlon de Azambuja en Max Estrella, Hiraki Sawa en Maisterravalbuena, Miquel Pont en Distrito 4, Carolina Silva en Travesía Cuatro y Silvia Renesa y Ebba Rohweder en José Robles.

    Y ya por último, y como lo prometido es deuda, aquí llega nuestro esperadísimo top-ten anual. Jueguen, apuesten, y dictaminen su veredicto:

    1- Isaac Julian (Helga de Alvear) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    2- Daniel Canogar (Max Estrella) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    3- Perejaume (Soledad Lorenzo) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    4- Santiago Sierra (Helga de Alvear) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    5- Tabula Rasa (Marta Cervera) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    6- Bernardí Roig (Max Estrella) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    7- Juan Zamora (Moriarty) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    8- Rogelio López Cuenca (Juana de Aizpuru) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    9- Kristoffer Ardeña (Oliva Arauna) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    10- Carlos Garaicoa (Elba Benítez) [blogeartemadrid.blogspot.com]

    Y por último, el 10 + 1, una exposición magnífica, casi fuera de 'concurso' que ya por el peso de sus componentes no se podía esperar menos:
    11- Louise Bourgeois/Tàpies (Soledad Lorenzo) [blogeartemadrid.blogspot.com]


    Otros años:

    Año 2010: [blogeartemadrid.blogspot.com]

    Año 2009: [blogeartemadrid.blogspot.com]

  • Permalink for 'LUGARES DE LA MEMORIA, LUGARES DE LO IRREPRESENTABLE'

    LUGARES DE LA MEMORIA, LUGARES DE LO IRREPRESENTABLE

    Posted: 27-December-2011, 4:35pm CET by JAVIER GONZÁLEZ PANIZO

    SILVIA RENESES/EBBA ROHWEDER: DARGOW-DOS PROPUESTAS, UN LUGAR.
    GALERÍA JOSÉ ROBLES: 15/12/11-13/01/12

    ¿Cómo representar lo irrepresentable? ¿Cómo representar la ignominia de la historia?, ¿cómo representar la necesidad de olvido que toda historia trae tras de sí? Si algo ha de tener claro el arte contemporáneo -si algo tienen muy claro estas dos artistas-, es que la mediación que postula las prácticas artísticas actuales no quedan prisioneras de una ilación precisa entre palabra e imagen que redundaría en un juego causal de historias y narraciones y en su ulterior régimen representacional. Más bien sucede que la impropiedad de toda mediación es la garante de que el juego de lo irrepresentable se sitúe en el corazón mismo de la práctica artística. No es, por tanto, que mostración y significación no tengan ya concordancia sino que, más bien, pueden acordarse infinitamente, que su punto de concordancia está en todas partes y en ninguna.

    Es decir, la desvinculación cifrada en el núcleo de toda representación en el régimen actual del arte no queda consignada a la huella de lo inapropiado que media entre significación y mostración sino que, por el contrario, es un nuevo modo de vincularse, de distancia estética, que se da en cualquier parte donde se pueda hacer coincidir una identidad entre sentido y no-sentido con una identidad entre presencia y ausencia.

    Silvia Reneses y Ebba Rohweder, artistas que trabajan en esta exposición a cuatro manos, parecen haber comprendido esto de manera perfecta. Y no es, en absoluto, común. Porque lo recurrente, la estrategia machacona en la que muchos artistas caen es precisamente la contraria: aquella que consiste en ahogarnos bajo el peso de la Historia, de nuestra historia. Ir al pasado para desde ahí confirmar de manera un tanto ingenua la imprecisión de las mediaciones palabra/imagen de las formas contemporáneas del arte y abrirnos a no se sabe muy bien que ulterior capacidad de sortilegio. Porque, como solemos decir y a fin de cuentas, ¿cuánta historia somos capaces de soportar? Si el ángel de la historia de Benjamin nos daba la espalda únicamente con el fin de contener la implosión temporaliza de la imagen hecha añicos para atisbar siquiera la huella del aura depotenciada, ahora uno mira hacia atrás para situarse de facto en esa lejanía que trata ?inútilmente la mayoría de los casos- de abrirnos a la posibilidad de un futuro.


    Pero para redimir el horror de la mirada que ve lo ignominioso de todo pasado, para representar la prueba del terror en que queda amparada toda historia, no basta solo con reconciliarse con él ?abrirse a él. Es decir, no es suficiente porque, precisamente ahora, precisamente que las mediaciones han saltado por los aires, precisamente que es lo irrepresentable el destino del arte, la posibilidad de hacer presente la memoria de todo holocausto se torna en la gran destinación del concepto de arte.

    Así, lo irrepresentable se asienta en el corazón del arte para postularse como la posibilidad única de representar lo inhumano. Dicha posibilidad no puede quedar mediada ni por la representación según las formas tradicionales de la ficción ni tampoco ?como ya hemos dicho- yendo al pasado para reactualizar lo efectos de sentidos silenciados por el horror de lo inhumano. De lo que se trata entonces es de crear una acción que empiece aquí y ahora, no levantar una representación de lo sucedido ni producir una ficción según los reglajes de la representación,

    Lo que se confronta según este proceder es la mediación de una palabra que testimonia con el silencio en el que parece sumido el lugar de la tragedia, ahí donde aconteció lo inhumano alguna vez. La palabra, el testimonio, se resuelve incapaz de llenar todo ese silencio. Es esa inadecuación, esa imposibilidad de llenar el silencio, lo que es y debe ser representado según una nueva lógica de la ficción que no se levanta como un procedimiento que media entre las historias, sino como un modo de tocar lo increíble del acontecimiento de lo inhumano. Y es que esa ?imposibilidad de llenar con las palabras el lugar? remite a una increencia: aunque quede un superviviente, aunque lo cuente, no se le creerá. Es decir, no hay ni habrá nunca palabra capaz de llenar lo imposible de lo inhumano, de llenar el acontecimiento del que ahora solo resta un infinito silencio: lo real de lo inhumano que se filma es entonces lo real de su desaparición, lo real de su carácter increíble y alucinatorio.

    Así, lo irrepresentable en el arte contemporáneo, remite siempre a una selección, una articulación entre fragmentos, una superimposición de series temporales acrónicas. Es decir, hay siempre una ficción, pero en el sentido de construir una relación entre algo visible y algún significado, entre una heterogeneidad de espacios y tiempos. En definitiva, no hay ninguna iconografía o poética de la catástrofe en general, sino solo elecciones poéticas o políticas.

    De lo que se trata es de indagar, esclarecer las huellas, buscar testigos, hacerles hablar sin borrar su enigma; dicho con otras palabras, traer a la presencia una ausencia, hacer algo invisible visible sólo mediante el poder regulado de las palabras y las imágenes. La ficción construida para tal fin debe ser tratada como un acontecimiento presente en busca de lo increíble real que dice la palabra del testigo.

    Si nos hemos dilatado tanto en explicar los pormenores del arte de lo irrepresentable que da forma a la plausibilidad más radical del arte contemporáneo es porque, pensamos, esta categoría alude directísimamente a esta exposición que han llevado a cabo conjuntamente Silvia Reneses y Ebba Rohweder para la Galería José Robles.

    Y es que lo que han tratado de llevar a efecto de manera magistral es una representación de un lugar y un tiempo, una ciudad y una historia: Dargow, pueblo natal de una de las artistas, una pequeña localidad al norte de Alemania que, en un pasado reciente, fue frontera entre las dos alemanias que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial.

    La memoria de aquel lugar, sustraída al amparo de una frontera como huella indeleble del Holocausto, no es traída a la presencia según el juego de las representaciones miméticas ni es reactulizada según las estrategias de un pasado que se reabre en sus sinsentidos y sus olvidos. Más bien, el trabajo de ficción llevado a cabo consiste en dar voz al silencio de un olvido, de un pasado aniquilado dos veces: una vez al quedar remitido a la ignominia de lo inhumano y, por segunda vez, en ser reunificado bajo la palabra de Otro que en un tiempo era Uno Mismo.


    El lugar, sus memorias y sus olvidos, lo indescifrable de su silencio, queda al amparo de un trabajo que surge desde un presente que tantea saber y recordar lo ya-sido. Si para Ebba Rohweder el lugar es el lugar de su infancia, de sus antepasados y sus primeros recuerdos, Silvia Reneses se enfrenta como visitante a un lugar que hay que documentar y conformar por primera vez.

    Capas de significado, de olvido y de recuerdo, de subjetividades nómadas, se van adhiriendo al silencio de un horror compartido en nuestra condición de humanos. No ya solo la representación de un lugar y un tiempo, sino la (im)posible irrepresentación de una memoria volatizada e increíble. En el traer a la presencia toda la ausencia que destila la historia memorial de un lugar silenciado, la ficción artística consigue aquello para lo que está destinado: dar fe de un olvido, consignar la memoria personal con lo intempestivo de un silencio increíble, remitir las experiencias del lugar de nacimiento a la interpolación que supone la reactualización del extranjero.

    Si en las fotografías y dibujos de Reneses una práctica remite a la otra para clausurar una interpretación siempre imposible, el video de Rohweder, a medio camino entre el pasado de la autobiografía y el presente más actual, nos remite a la condena al silencio a la que toda experiencia humana está condenada.

    En definitiva, la experiencia de lo inhumano, la irrepresentación del olvido, el sinsentido en medio del sentido, nos enfrenta a nuestro destino más esencial: aquel que nos dice que somos extranjeros en nuestra casa, que somos habitantes de un lugar condenado a silenciar y a no creer lo sucedido.

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