por Ricard Ramón.
Uno de los problemas estéticos que considero fundamentales en mi pensamiento y mis investigaciones artísticas es la cuestión de la estética o estéticas de la cotidianidad. Para ello hay que definir que es o que entiendo yo como estética de la vida cotidiana. Obviamente tiene mucho que ver con las expresiones de lo que se suele denominar, muchas veces bajo una forma despectiva o despreciativa, como arte popular. Pero mi concepción va mucho más allá. Entronca de alguna manera con la visión utópica del escultor Andreu Alfaro, aquella que habla de la obtención de la felicidad a través del arte, de la contemplación estética de un entorno lleno de obras de arte. Se trata de superar incluso esta concepción, que aun considera al artista como un demiurgo capaz de conceder la felicidad al pueblo a través de sus grandes creaciones. El artista sigue siendo necesario como conductor de unos principios estéticos elevados, pero debe bajar de su pedestal y convertirse a la vez en educador, hay que superar por tanto la visión de los grandes artistas y sustituirla por una nueva legión de artistas y creadores anónimos, no porque no firmen sus obras sino porque su objetivo no será ya la fama, el éxito, conceptos que deben diluirse en una sociedad cada vez más plural, abierta y democrática, (Bendita utopía.), en pos de una multiplicidad de creaciones y creadores que inunden de arte nuestra vida por completo.
Y es aquí donde entran a jugar aquellos que no se llaman a si mismos artistas, todo el colectivo ciudadano que pasa de puntillas por el mundo del arte y de la estética, que si acaso ocasionalmente visita un museo alguna vez, y sigue considerando que el arte está recluido en esos templos sacrosantos de entendimiento y uso exclusivo para expertos y que el goce estético les está vedado. Estamos rodeados de estética, en cualquier caso de estéticas en su mayor parte de la fealdad, sin planificación, con ausencia de creación y de poética, nuestro camino y objetivo ha de ser convertir en arte nuestro entorno cotidiano, llenar nuestras calles y los espacios públicos de expresiones artísticas y hacer copartícipes y cómplices a los ciudadanos, con, y sobre todo sin, la aprobación de nuestras instituciones. Saquemos el arte de su letargo, de las galerías y de los museos y rompamos con la ecuación arte=inversión.
Seguiremos hablando de la otra faceta del arte cotidiano que nombraba al principio, la del llamado arte popular.

Marc Chagall
Chema Madoz
José Saborit


