Lo que les digo es siempre lo mismo: el arte ?y no sólo el contemporáneo? es algo que no se aprecia sólo a través de la mirada, sino que requiere una lectura atenta y una puesta en contexto ?teórico, histórico y artístico? de lo que se está viendo. Si no, no nos enteramos de la misa la mitad. Para ver hay que leer. Por supuesto, hay emociones o percepciones estéticas que pueden ser experimentadas sin esa mediación, pero son las menos, y seguir pensando, como muchos hacen, que el arte es una cosa que uno se pone delante de ella y comienza a gozar o a entender ?inmediatamente?, es como pensar que alguien se deleitaría viendo un partido de fútbol solo observando gente correr de un lado para otro tras un balón, pero sin entender muy bien por qué lo hacen.
Lo curioso de todo es que, frente a los apocalípticos, que desconfían del arte contemporáneo y se resisten a él, están también los culturetas integrados, que se entregan ciegamente al arte a través de una especie de creencia según la cual lo que ven tiene que ser bueno porque es arte, así que no importa si lo comprenden o no. Estos se pasean por el museo o la galería ?la feria o la bienal? con la mente abierta pero sin entender nada, aunque no les importa, porque ya han ido y han adquirido lo que Bourdieu llamó capital simbólico, es decir, una especie de diferencia cultural que los eleva del resto del pueblo y les concede una posición especial.
Tanto una como otra postura, la de los escépticos y la de los creyentes, están basadas en una confusión radical: que el arte entra por los ojos. Y es que, si bien es cierto que lo percibimos a través de la vista ?eso no se puede negar?, como sugiere Antoni Muntadas, ?la percepción requiere participación?, y esa participación del espectador no es otra cosa que una visión activa, interrogante, que pregunte a la obra por qué, para qué, desde dónde, por qué así, por qué aquí y por qué ahora.


Otra máquina de escribir obsoleta, también encontrada en una tienda de objetos de segunda mano, en este caso en Vancouver, es la protagonista de Rheinmetall / Victoria 8 (2003), una de las piezas más célebres del artista canadiense Rodney Graham. En la obra, las imágenes de la Rheinmetall ?un loop de 10?50?? filmado en 35 mm en el que aparecen diversos planos de esta máquina de escribir alemana de los años treinta? conviven con el artefacto del que emergen las imágenes, el Victoria 8, un proyector italiano de 1961 que tiene una presencia material en la sala y que dialoga a varios niveles con la propia imagen que proyecta.
Locus Solus. Impresiones de Raymond Roussel
Alighiero Boetti
Aleksandr Deineka


