he recibido una cruda lección deontológica en la que incluso queda palmariamente demostrado que ni siquiera se poner acentos. Hacía tiempo que venía tentando a la (mala) suerte. Finalmente, unos honorables sujetos anónimos pero revestidos de imperio y dignidad incuestionable han venido a subrayar que mis desmanes deben cesar. Resulta que he llevado las categorías estéticas hasta el límite de lo patético y soy, sin ningún género de dudas, el sinvergüenza que parezco. Como un supositorio de glicerina han conseguido, con tamaña pulcritud y exactitud moral, hacer que me entre la cagalera del siglo. Había ocultado, durante casi tres décadas mi ineptitud intelectual (un término verdaderamente impropio ahora que lo tecleo a miles de kilómetros de mi despacho), ni siquiera estudio sino que pierdo el tiempo de blog en blog, insultando a gentes cuya pureza y sabiduría es impar. La maldad innata, mezclada con el cinismo extremo y la torperza superlativa son, según ha quedado demostrado en un foro riguroso donde los haya, mis divisas. Ahora no puedo negarlo: tienen más razón que dos santos en el desierto de Mojave. ¿Cómo se me ha ocurrido la nefasta idea de criticar la institución en la que planto mis deshonrosas posaderas?¿Quien me creo al meterme en conspiraciones varias contra el ecuánime director del MNCARS?¿Qué cojones persigo con tanto chistecillo y desaire? Como en el Callejón del Gato, la Meca del Esperpento, he visto mi rostro desfigurado gracias a unos sintomatólogos de la abyección. Lo que me pasa es que soy un pobre cretino que se aburre. Pero también un indigno, "lameculos" para más señas. Lo que tiene que hacer todo hombre honrado que se precie es no morder la mano que le da de comer. Yo debería guardarme en el bolsillo apolillado mi resentimiento y mi doble o falta de moral. ¿Dónde se ha visto que un patrono critique lo que hace su Museo? Faltaríamos a los santos mandamientos de la museografía, la práctica curatorial y el bienalismo en pleno. Se corrompería la discreccionalidad, el secreto profesional y la silogística notarial si mi mal ejemplo cundiera. Lo que hay que hacer es tragar quina o beber licores selectos. Bastante lujo es estar en la cúspide museal. Estoy convencido de que nadie aceptará mis disculpas; tendría que ponerme orejas de asno y recorrer de rodillas el patio de la ampliación de Nouvel lanzando una letanía en la que, sin faltar a la verdad, se hiciera saber a quien quisiera escuchar que así, con tanta doblez y descaro, no se puede ni debe proceder. Es impresentable la actitud de un profesor universitario que critíca la Universidad o pone a caldo la política educativa del Ministerio del ramo, es lamentable que un funcionario no funcione, tampoco cabe la actitud absentista a lo Bartleby. Amen no es la palabra adecuada pero siempre es mejor que la actitud despectiva, el tono de charanga y la puñalada trapera. En el fondo todo lo que hacen los que hacen lo que toca está de maravilla. ¿Quién soy yo, chupóptero profesional, para acusar a una crítica de tal o cual cosa?¿En qué mundo sensato puede aceptarse el sarcasmo infinito y la burla sin gracia? De verdad uno tiene que estar en las "Instituciones" para ovacionar, decir "si señor, mil gracias por su sabiduría" y si hay que ir a por un par de cortados no pensar que los anillos van a caer al suelo. Pensaba dimitir otra vez de todo, poner mis cargos a disposición de quien los quisiera y luego (auto)flagerlame en público y en privado. Pero pienso que esta extensa "confesión" ya es suficiente deshonrosa y contundente. Queridos tacañones, no aspiro a vuestro sublime perdon pero comprended que no soy otra cosa que un pobre diablo que ha intentado, a lo largo de los años, meterla doblada, esto es, de matute. No me deis, por caridad, matarile no sea que varias legiones de impostores, artistillas y gestores de la nada que están coaligados conmigo no tengan forma de dar de comer a sus familias respectivas. Direis que pretendo salvar, en medio del naufragio, el pesebre. Lo único que me interesa es conseguir vuestra fraternal mirada, esa que irradia deontología y que además adoctrina al que no sabe. Tal vez, gracias a vuestras doctas lecciones aprenda en un año bisiesto a poner las comas donde procede. Quedo atento a toda respiración de vuesas mercedes. Vuestro más íntimo lacayo.