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Redes de arte

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pensar el museo

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  • Permalink for 'museo e interlocución'

    museo e interlocución

    Posted: 18-July-2008, 11:28pm CEST by webmaster

    El medio artístico barcelonés atravesó, hasta hace poco, por un periodo de relativo florecimiento: por una parte, la escena independiente contaba con una amplia variedad de actividades, convocatorias, espacios como el Hangar, eventos específicos como Idensitat y centros culturales como el Santa Mónica que siendo de caracter estatal, había impulsado proyectos y políticas en un proceso de interlocución abierto con la comunidad artística y, en un sentido amplio, con la sociedad civil.

    Desde el Centro de cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB), entidad estatal de la cual depende el Centro de Arte Santa Mónica (CASM) se han venido produciendo una serie de situaciones que tienen como punto culminante la dimisión del director del CASM y lo que parece ser un cambio profundo en las funciones y objetivos de esta institución.

    Lo anterior ha generado una serie de reacciones por parte de personas del sector ante la forma irregular como se seleccionó al nuevo director y, por supuesto, ante la nueva orientación que parece tomar este importante centro cultural barcelonés.

    A continuación algunos de estos pronunciamientos, publicados en días pasos en periódicos y plataformas digitales.

    Personas, deficiencias sectoriales y política

    Los acontecimientos que se están dando actualmente en el contexto cultural barcelonés vaticinan lo peor y son primos hermanos del horror. Y no solo porque el brazo político se ha alargado para mover fichas a su antojo en el Centre d?Art Santa Mònica, sino por la falta de reacción por parte de quienes conformamos el tejido cultural y artístico de la ciudad. Pocas son las posturas explícitas y muchas las declaraciones plagadas de rencillas y presunciones que distan mucho de enfrentarse al que es el verdadero problema. Lo que se está construyendo como telón de fondo va más allá de si Ferran Barenblit deja o no el Centro de Arte Santa Mónica (CASM) y si la línea que ha llevado el centro es peor o mejor o bebe de aquí o de allí. Esto sólo puede darse si pensamos en nuestros propios intereses y no en los del sector y si nos fijamos en las personas y no en los cargos que ocupan y lo que representan.

    Poco nos importa si es clarísima o ficcionada la contrastada validez de Vicenç Altaió para dirigir el nuevo Centre de Cultura, Pensament i Comunicació. Lo que realmente es preocupante es que toda esta operación se haga con maniobras que aquí y ahora, con todos los debates ya maduros sobre la instrumentalización de la cultura para fines políticos, solo pueden parecernos de otra época. Aquella época en la que los cargos en las instituciones públicas en materia cultural eran señalados a dedo, ya que iban a responder a una línea política afín al ser divino e incuestionable que tomaba semejante decisión. Si esto se hizo para designar a Barenblit y nadie reaccionó, pues no es precisamente un argumento para corroborar que el procedimiento actual es correcto, sino para darnos cuenta de hasta qué punto este tipo de políticas se llevan a cabo bajo nuestro consenso tácito. Las declaraciones y decisiones del conseller Treserras muestran el profundo desconocimiento (o un tremendo e interesado desinterés) sobre los debates que en materia de políticas culturales se han dado en el sector. Más grave es que la preocupación de los agentes del sector se descubra en conclusiones como ?por lo menos van a hacer otro centro de arte? o ?lo del nuevo centro de cultura no está mal visto lo que había?. Todo esto nos deja atónitos. ¿Hace falta un nuevo centro de cultura en la ciudad? ¿Fue buena o mala la línea curatorial de Barenblit & Cia? ¿es Vicenç Altaió el más indicado para ese nuevo centro?. Sinceramente, estas son preguntas cuyas respuestas cada una puede responder para sí misma o comentarlas en un bar, pero ni mucho menos son las que políticamente tienen más trascendencia.Estamos frente a una operación cuyas decisiones se basan en una política de hechos consumados. Nos encontramos frente a una inversión del orden lógico de las cosas que no tiene parangón. Si la sociedad civil considera que es necesario un centro de cultura y pensamiento, si existe una demanda social, se plantea y discute la posibilidad. Se discute si el emplazamiento del CASM es idóneo, y de no ser así, se busca uno nuevo. Se inaugura el centro de arte y se hace un concurso público para encontrar la persona más indicada para dirigirlo. Pero no, todo se ha realizado en la penumbra de los despachos y al calor de la rumorología. Mientras, parece que en lugar de sentarnos en una mesa donde discutir sobre cuestiones políticas, nos hemos fabricado un plató de tertulias cuyos contenidos son tan superficiales como los de la prensa rosa. Ni se nos trata como agentes culturales ni parece que nos percibamos como profesionales capaces de emitir un juicio a la altura de la circunstancia. Esta caótica situación inaugura un debate que no deberíamos olvidar, ¿Quiénes son o deberían de ser los interlocutores que transmitan las necesidades del sector a la Administración? En este caso hemos visto que se ha prescindido de cualquier persona que no estuviera estrechamente vinculada al cambio que se habría de orquestar. ¿No es el momento de dejar de dirigirnos a la administración pública tan sólo para pedir dinero y empezar a exigir complicidad?¿No es la producción de contexto un objetivo tan o incluso más importante que la producción de contenidos? Hemos dado un gran paso atrás viéndonos como generadores de contenidos que ya poco tienen que decir en el futuro de un tejido que sólo ha recibido incomprensión y respuestas con tono caritativo a sus demandas. Un proceso de domesticación que ya da frutos. Las políticas participativas sólo se guardan para lanzar propuestas que luego se transformarán en planes estratégicos cada vez más rancios y que construyen sobre lo construido sin analizar críticamente los cimientos.El problema ni son las personas que danzan de un puesto a otro, ni la necesidad de unos recursos improvisados que cubran las más o menos inmediatas necesidades del sector. El verdadero problema es la puesta en práctica de políticas que públicamente declaran que van a instrumentalizar los recursos del sector cultural y que lo van a hacer sin previa consulta y sin atender a los debates que hace tiempo todos venimos desarrollando y que esto no reciba una respuesta firme en contra ni un análisis que fundamente lo degradante de la actual situación. No es muy lúcido decir en este momento el familiar y agrio ?pues casi que nos lo merecemos? pero, sinceramente, dan muchas ganas.

    YPSITE BLOG
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    Lo del Santa Mónica es una regresión a épocas oscuras

    “Si Ferran Barenblit lo ha hecho bien o mal no es el tema. El hecho de que un Gobierno imponga un proyecto que desde el sector se ve como su brazo cultural armado o, en el mejor de los casos, su instrumento de propaganda, indica una regresión a épocas oscuras. Es aberrante que se actúe a la brava, sin tener en cuenta el código deontológico del sector”. Con estas palabras Manuel Borja-Villel, que fue director del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y ahora lo es del Reina Sofía de Madrid, se sumó ayer al debate sobre el nuevo rumbo del Centro de Arte Santa Mónica (CASM) y el nombramiento a dedo de Vicenç Altaió para dirigirlo.Borja-Villel no evaluó la gestión de Barenblit, director del CASM desde 2002, pero sí su dimisión. “Hace años que el sector demanda una Kunsthalle, un centro con vocación de capilaridad y contacto directo con la creación contemporánea. La propuesta del consejero de Cultura de abrir otro centro sabe a engaño e implica una mala planificación y una política cultural errática, además de lo desagradable de nombrar un director mientras aún hay otro en el cargo”, añadió. “Un centro de arte debe tener autonomía, no puede estar sometido a los avatares políticos. Se está confundiendo cultura con propaganda y esto es un proceso que va de chapucero a peligroso”, concluye.“Un cadáver”También Francesc Torres está de acuerdo con la necesidad de una Kunsthalle y la utilidad del Código de Buenas Prácticas, pero es más pragmático. “Últimamente, el CASM había pinchado; el cambio era necesario”, dice el artista. ” Altaió no quiere desmantelar el centro de arte; hay que darle un voto de confianza”. Y añade: “Ha sido un nombramiento a dedo, pero a lo mejor ganamos”.La crítica Pilar Parcerisas está convencida de que el tema se ha enfocado desde una perspectiva equivocada: “Nadie habla de la historia del CASM y de cómo ha sido despojado de funciones hasta la última etapa, en la que se convirtió en un cadáver”. “Con Altaió”, argumenta, “pasa a ser una sala institucional y desarrollará una política necesaria para la comunidad artística, pero hay que poner en marcha el nuevo espacio, refundando una Kunsthalle que recoja el tejido artístico, roto por el impulso de las grandes infraestructuras”. Por su parte, la asociación de galerías Art Barcelona “lamenta la situación” y espera que el cambio “no suponga una pérdida para la creación actual”. Roberta Bosco / El País

    Ante la dimisión de Ferran Barenblit del Centro de Arte Santa Mónica

    Ante la dimisión presentada por Ferran Barenblit de su responsabilidad como Director del Centro de Arte Santa Mónica (CASM), en Barcelona, presentada ayer 11 de Julio, la Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España, el Consejo de Críticos de las Artes Visuales, el Instituto de Arte Contemporáneo y la Unión de Asociaciones de Artistas Visuales quieren expresar su malestar y desacuerdo ante las decisiones políticas que han forzado esta dimisión y que, por desgracia, son actuaciones y comportamientos que no terminan por quedar desterrados de las prácticas políticas de nuestro país.

    La decisión de Joan Manuel Tresserras, Conseller de Cultura y Medios de Comunicación de la Generalitat de Catalunya, de cambiar la función y objetivos del CASM como centro de arte supone una grave pérdida para Barcelona, Catalunya y el Estado. No sólo es la pérdida de un equipamiento para la investigación, desarrollo, producción y exhibición de las prácticas artísticas más actuales y renovadoras, sino también el despilfarro de una historia de esfuerzos y autonomía que ha tenido por voluntad dotar a la ciudad de un servicio cultural que es simplemente habitual en las grandes ciudades europeas.Que el principal motivo para justificar el cambio no sea otro que la ?falta del rendimiento social exigible?, en palabras del propio Conseller, apenas disimula el desprecio profundo que esta decisión refleja hacia la cultura en lo que ésta tiene de espacio de libertad y disensión y hace realidad lo que muchos temían cuando Tresserras unió los departamentos de cultura y comunicación: la instrumentalización política interesada de la cultura. Es lamentable que la falta de políticas claras y la improvisación, reflejada ahora en la repentina búsqueda de un nuevo espacio para ubicar el CASAM, tengan como víctimas proyectos sólidos y que han conseguido un reconocimiento tan amplio gracias a una gestión profesional.

    Agrava aun más esta actuación la manera en que se han producido los acontecimientos. Joan Manuel Tresserras ha nombrado una nueva dirección desdeñando el ?Código de Buenas Prácticas en Museos y Centros de Arte? que hace ya casi un año fue firmado entre el Ministerio de Cultura y todas las asociaciones del sector del arte contemporáneo español. Esta decisión no sorprende en un Conseller de Cultura que no hace mucho tiempo declaró que ?los concursos sirven para que el político haga lo que tiene que hacer y darse una cobertura?.

    Las asociaciones abajo firmantes exigen responsabilidad a los políticos al frente de sus tareas de gobierno y reclaman que, en relación con los museos y centros de arte contemporáneo, se destierren de una vez por todas los cambios bruscos de orientación, las decisiones unilaterales, y por el contrario se vayan introduciendo la recomendaciones establecidas en el citado ?Código de Buenas Prácticas? que tan excelentes resultados están dando en aquellas ciudades en las que se ha puesto en práctica.

    Por ello demandamos a los responsables en las tareas de gobierno de la Generalitat de Catalunya que reconsideren su decisión y abran un período de reflexión para reconducir esta lamentable situación.

    Asociación de Directores de Arte Contemporáneo de España (ADACE).
    Consejo de Críticos de Artes Visuales (CCAV).
    Instituto de Arte Contemporáneo (IAC).
    Unión de Asociaciones de Artistas Visuales (UAVV).

    [www.aavc.net]

  • Permalink for 'la pelea por el Museo'

    la pelea por el Museo

    Posted: 14-July-2008, 7:13pm CEST by webmaster

    La pelea por el Museo

    Continúa la polémica en torno al MAC-Lima y el parque Confraternidad de Barranco donde se intenta construir la sede del Museo de Arte Contemporáneo. Hace muy poco tiempo el MAC-Lima hizo circular un comunicado explicando algunos aspectos de su situación actual y la para en su construcción. Dos días atrás, sin embargo, se hizo público dos apoyos de empresas privadas al MAC-Lima que permitirá mejorar y acelerar su construcción (lo cuelgo en el siguiente post). Y precisamente hoy se dio inició a una campaña de recolección de firmas de un grupo de vecinos que se oponen a su construcción, acompañados por el actual alcalde Mezzarina.

    Una entrevista con el alcalde (vía canal N), hoy por la mañana, puede verse aquí. El blog Playas de Barranco también difundió el inicio de la campaña, hablando de las ?Firmas contra el MACantro?, un insulto innecesario que rechazamos. Y a varios meses de iniciada esta disputa tiene pocos horizontes de solución inmediata dada la polaridad de algunas posiciones, incluida la del alcalde. Los vecinos tienen derecho de estar en desacuerdo, pero esta discusión larga por el terreno ha hecho también imposible que -pensando en la factibilidad del Museo- pueda articularse un intercambio necesario en torno a la proyección educativa, política y cultural que podría tener en su contexto. Y más aún en una ciudad donde otro proyecto museal viene también avanzando de forma sostenida en las reformas estructurales de su arquitectura (el MALI - Museo de Arte de Lima), lo cual debería exigir por lo menos algún tipo de intercambio crítico en la escena que no esté basado en la defensa de sus respectivas iniciativas.

    Lo peor de esta polémica en Barranco es que por momentos la situación ha caído en una batalla moral, como si de una cruzada por el ?bien? común se tratase (representada aleatoriamente por ambos bandos). No obstante, al margen de discrepancias o simpatías, valdría la pena asumir por un momento el reclamo de estos vecinos como una posibilidad para pensar la relación institución y públicos de una forma distinta. Estoy pensando en un modelo de institución comprometida en la construcción crítica (y política) de esos públicos, y que no solo entienda su papel como de administración de un espacio, o de gestión de determinadas exposiciones y artistas.

    Ese tipo de construcción crítica de públicos es algo que, por ejemplo, el MALI aún no ha logrado: habilitar un espacio desde donde redefinir lo artístico, dotando colectivamente herramientas de confrontación, y fomentando sujetividades capaces de desjerarquizar las formas en las cuales viene concebida la experiencia artística. Parece fácil así dicho pero está claro que no lo es. Ello pasa por su reconocimiento como agente político transformador, y no únicamente como un lugar de esparcimiento y/o de formación unidireccional. Es decir, un Museo interesado en renegociar permanentemente sus marcos tradicionales de visibilidad y comprometido con la impugnación del propio lugar del arte al interior de los procesos sociales. Algo que obviamente no se agota en la programación de exposiciones -en eso su labor ha sido excepcional- sino en imaginar nuevas formas de activar políticamente, desbordando permanente sus límites.

    Ello implica, por supuesto, un serio de trabajo de deconstrucción que permita poner en riesgo su propio lugar, su posición en el medio, dislocar su propia hegemonía. Estoy pensando en un Museo como un lugar de agitación: no una plataforma de conciliación estética sino todo lo contrario, un espacio de disenso, donde repolitizar y apuntar a nuevas formas de sociabilidad. Pero ¿es acaso posible? ¿Cómo pensar o propiciar localmente -mas aún ahora, en este proceso de (re)construcción material de ambas instituciones- un Museo productor de imaginarios radicales, críticos, políticos?

    Miguel López
    [arte-nuevo.blogspot.com]

    museo de arte de lima (mali)

    Debate en torno al Museo (2) / Comentario de José-Carlos Mariátegui Ezeta

    El curador y científico José Carlos Mariátegui Ezeta tuvo la amabilidad de contestar por mail mi post anterior titulado La pelea por el Museo, y a partir de ellos hemos sostenido un intercambio de mails que me ha autorizado a hacer público. José Carlos me sugiere también abrir una lista de discusión abierta en torno al tema, y la sugerencia ha sido aceptada, pero quisiera pensar en abrir algo que no se circunscriba solo a ese tema. Eliana Otta sugirió hace algún tiempo un espacio de foro, así que veremos que es posible.

    Copio íntegro su respuesta a mi texto, y en el siguiente post colgaré mi respuesta ya enviada.
    ???.

    Hola Miguel:

    Me parece que son dos discusiones diferentes, una sobre cómo se componen las organizaciones y la otra (la que creo que estás más interesado en plantear) es acerca del desarrollo de una plataforma crítica. Sin embargo convergen justamente en la necesidad social de formar organizaciones e instituciones, un tema que está más allá de la discusión sobre el arte o las instituciones de cultura. Creo que ambos ejemplos que has puesto son válidos para hacer una comparación breve sobre la composición social de grupos y la evolución de las organizaciones.

    El MALI es un museo, nos guste o no nos guste, es una institución articulada, funciona y está comprometida con desarrollar proyectos tanto locales (su principal énfasis) como extranjeros (un énfasis reciente). Lo más importante es que ese espacio físico (el MALI) alberga una colección de arte (que nos guste o no se mantiene relativamente renovada) y más aun no se puede mas que felicitar el hecho de haber logrado un financiamiento multilateral-público para su remodelación (un hecho insólito en la historia del Perú). Pero al MALI no le han dado ese dinero solo por presentar un proyecto o porque tenga un equipo de gente bien intesionada, sino porque a lo largo del tiempo ha mantenido una constancia y es considerada hoy como una institución que representa el arte en el Peru. Eso significa que existe un equipo que desarrolla una gestión eficiente, y una continuidad y tienen además un respaldo importante de un comité activo de empresarios privados. El MAC como Museo es una entelequia, se compone de gestos de buena voluntad y una colección que según veo en la página web no corresponde a lo que muchos de nosotros creemos o definimos como arte contemporáneo (no se si tienen un programa de adquisiciones regular). No podemos decir que un museo existe solo porque han armado una infraestructura básica, un museo es más que eso, es un conjunto de personas alrededor de un proyecto que con el transcurrir de los años forman instituciones y organizaciones. El problema al que haces referencia no tiene nada que ver con la problemática o polémica sobre ?dos? museos, es básicamente un problema en que uno es una organización (el MALI) y el otro (MAC) es un grupo de personas que no ha podido desarrollar a lo largo del tiempo reciente una organización que sea vista por el público como Museo.

    Los Museos, es verdad, ser creados a partir de infraestructuras. Sin embargo, creo que en nuestro país es un poco irresponsable pensar de esta forma: el día que el MAC se constituya como infraestrucura, con qué presupuesto van a afrontar su mantenimiento y funcionamiento? Nuevamente, aquí tenemos problemas estructurales que insisto nos exigen pensar en prima facie en la organización y la gestión antes de afirmar que el conjunto de personas y la colección que forman el MAC hacen un Museo.

    Es más, puede que no exista el MAC como Museo físico, pero sí tendría la posibilidad de llamarse Museo si conformase una verdadera organización. En ese sentido, como ejemplo radical, un proyecto como el MicroMuseo de Gustavo Buntinx puede ser considerado más Museo que el MAC pues cumple con dos elementos básicos: constancia organizacional (aunque sea mínma) y una colección, austera pero constante, de obras contemporáneas.

    Tu mencionas que de alguna forma esta controversia propone una construcción crítica (y política), lo que no pasa con el MALI. No creo que existe un compromiso ?superior? por un discurso crítico como el que mencionas de parte de los miembros del MAC. Lo que los miembros del MAC buscan es lograr una infraestructura, un Museo físico (luego posiblemente una organización). No creo que tengan como objetivo generar algún vínculo mayor con los vecinos de Barranco. Si ese fuera el caso tendrían el apoyo decidido de la comunidad de Barranco. Nuevamente esto se debe a que el MAC como tal no es una organización ni un colectivo con el que las personas (o en este caso la comunidad de Barranco) se identifiquen. Insisto que este problema tiene que ver con un proceso de institucionalización que no se ha dado en el MAC en los años en que se ha asentado en Barranco.

    Como ejemplo, piensa por un momento en esto: imagínate que el MAC venga hace cinco años funcionando, que tenga un director, un gerente, un grupo curatorial, una colección activa, y estén permanentemente organizando proyectos y exhibiciones en forma descentralizada. No crees que eso legitimaría al MAC y se generaría un movimiento por hacer del MAC una plataforma con un espacio permanente ? Quizá el dinero que invirtió el MAC en la infraestructura en Barranco pudo haber sido invertido en crear una organización que al ser legitimada en el tiempo logre de parte de la comunidad la creación de una infraestructura. En cierta forma eso es lo que el MALI ha logrado en los últimos años.

    Es posible, sin embargo, que si pasan unos años más (o décadas) se de el proceso inverso: se llegue a institucionalizar la infraestructura básica que tiene el MAC en Barranco a tal nivel que eso le de la posibilidad de existir orgánicamente. Cualquier investigador en estudios organizacionales te diría que esa no es la forma en que se forman las instituciones y que potencialmente traería problema a mediano plazo.

    José-Carlos Mariátegui
    [arte-nuevo.blogspot.com]

    Debate en torno al Museo (3) / Respuesta de Miguel López

    Continúo reproduciendo el múltiple intercambio de mails en torno al post La Pelea por el Museo. Esta mi respuesta enviada también por correo electrónico al anterior comentario de José Carlos Mariátegui Ezeta.
    ??.Hola José-Carlos,

    Gracias por responder, aunque me hubiese gustado que lo hagas también a través del blog y así poner en común estas opiniones. Una de las cosas que intentaba decir en el post era precisamente que no existe suficiente discusión local en torno a ello (y no va a existir a menos que hagamos públicas ciertas posiciones). Así que si me autorizas puedo subir tu respuesta al blog, yo haré lo mismo con la mía.

    Creo que estamos de acuerdo en algunos aspectos, y en otros pues creo que no me he explicado bien, así que haré algunas salvedades. Debo aclarar que no me interesaba hacer una comparación entre el MALI y el MAC-Lima, ni decir que exista un compromiso ?superior? de uno frente al otro. Tal comparación es absurda, y bien lo señalas al describir el trabajo sostenido del museo de arte de lima, y la aún inexistencia -en muchos aspectos- del museo de arte contemporáneo de barranco. No redundaré en ello porque yo mismo he sostenido -en el blog inclusive- críticas frente a la necesidad de una articulación real del MAC-Lima que no pase por el discurso voluntarista por el ?bien? de la cultura o asumir a priori la necesidad de su existencia (y con ello no digo que no sea necesario el MAC-Lima, todo lo contrario), y por otro lado he elogiado al MALI en su apuesta decisiva, en años recientes, por la construcción de un patrimonio artístico real y la consolidación de un proyecto de recuperación de memoria, y ahora por conseguir el dinero para su remodelación física. De su eficiencia no me quedan dudas. Yo mismo he trabajado desde 2006 en proyectos con el MALI, participando en sus actividades y aún hoy lo sigo haciendo porque creo que hay allí una batalla importante con la cual me siento comprometido.
    Así que para cerrar ese tema de las posibles comparaciones, y en relación a tus comentarios anteriores, creo que bien estaremos de acuerdo con Justo Pastor Mellado cuando señala que no es igual construir un museo que edificar un museo: para Mellado mientras la noción de edificación constata su levantamiento arquitectónico y estructural, la idea de construir un museo remite no solo al espacio físico sino explícitamente a la producción de nuevos tejidos y herramientas de interpelación histórica. Y claro, es evidente que el ?micromuseo? de Gustavo Buntinx es legítimo museo, ya que como él mismo diría: ?un museo es una colección y un proyecto crítico?. Pero es precisamente ahí a donde quería llegar, y no poner en una oposición ficticia uno frente al otro (sea ?museo? o ?proyecto de museo?).

    Quizá mi error fue partir de una situación tan coyuntural (la recolección de firmas de los vecinos frente al MAC-Lima) para plantear algo que debió haber sido dicho de frente: la necesidad de pensar las políticas que las instituciones sostienen. Y si mi énfasis crítico estaba dirigido al MALI es precisamente porque ellos tienen un trabajo permanente en la escena, cosa distinta del MAC-Lima que recién está intentando avanzar. Es decir, mi observación se detenía en el MALI no por decir que el MAC-Lima fuese ?superior? o que esté logrando esos espacios de socialización crítica, sino porque veo en el MALI una posibilidad de acción que creo aún no están siendo del todo pensada. Así, dejaré momentáneamente de lado el MAC-Lima (aunque hay allí mucho que discutir), para centrarme en lo que me importa: la construcción de un proyecto político crítico desde/en el museo.

    Y digo político no en el burdo sentido del ?arte político? -tal como suele ser inútilmente etiquetado cierto segmento del arte local-. Hablo de lo político como la construcción de una esfera pública del disenso, que permita restituir las diferencias y hacer visibles los marcos de representación que están inscritos en aquellas operaciones institucionales (qué se da a ver?, cómo se da a ver?). No como un espacio que muestre discrepancias resueltas o conciliadas, sino que permita reestablecer las posibilidades de intervención de lo común, desde lo común. Por eso señalaba lo importante que resulta pensar ahora, de una forma distinta, la relación entre institución y públicos. Algo de lo cual el MALI no se ha preocupado demasiado, quizá por carencias económicas o por tener las prioridades en otros ámbitos.
    Pero no lo digo en el sentido de cómo los públicos responden a la institución únicamente a través de los procesos del consumo (en ese caso hablaríamos solo de ?consumidores?). Me interesa abrir la pregunta sobre cómo activar políticamente ese público, porque estaremos de acuerdo en que los públicos no son sólo ?públicos? por responder a un discurso, sino también por su capacidad de acción (capacidad en potencia, posible, futura). Y esa activación política del museo debe ser asumida (si se quiere, claro) como una prioridad que permita dotar de herramientas de cotejo -como diría Max Hernández Calvo- o de confrontación -como diría yo- a esas distintas subjetividades, apuntando incluso a que ello pueda fortalecer un ámbito democrático como un lugar de la diferencia y del enfrentamiento de fuerzas.

    Por eso pienso que es importante replantear los modos de comunicación (y acción) habituales del MALI en relación a sus expectativas de reactivación de una esfera pública crítica. Desde mi punto de vista esa activación política del museo, como dije en el blog, sobrepasa la organización de exposiciones y obliga a que ésta redefina constantemente sus límites y dinámicas de intercambio (qué es un museo?, qué es lo público?, qué es una colección?), impugnando el lugar del arte en esos mismos procesos.
    Y como ya queda bastante evidente con activar políticamente no me refiero a hacer exposiciones de ?arte político? (ello equivaldría a poner nuevamente ?las cosas en su lugar?, lo cual es la forma más efectiva de despolitización), sino posibilitar nuevas formas de imaginar lo social, poniendo a disposición colectiva saberes que puedan desbaratar la relación habitualmente jerárquica del museo con el público, a fin de que ello permita construir nuevos espacios potenciales de articulación social, incluso en oposición al propio museo.
    Me pregunto si acaso es posible pensar un museo como una plataforma de agitación, de empoderamiento subjetivo y transformación política. Y claro que el arte es diariamente esa posibilidad en sí misma, un lugar donde permanentemente se pone en crisis lo real, pero me gustaría imaginar también un museo comprometido activamente con la transformación de esas capacidades. Y me lo pregunto en voz alta: ¿es acaso posible? ¿realmente lo queremos?

    Miguel López http://arte-nuevo.blogspot.com/2008/07/la-pelea-por-el-museo-3-respuesta-de.html Debate en torno al Museo (4) / Respuesta de Guillermo Valdizán Guerrero

    Reproduzco un mail de respuesta de Guillermo Valdizán Guerrero, ex integrante de El Colectivo.
    ?..

    ¿Y SI NADIE LEE TU POLO?

    Primero saludar a los que llegue este mail, y disculparme de antemano por el desorden de mis ideas. Me parece bueno que se discutan estos temas y quería sacarme la espina de la lengua con estas palabras, pero no quiero ahondar ni seguir la discusión pues creo que es más necesario trabajar por ello. Miguel, hablabas de ?lo político? como el espacio de ?construcción de un esfera pública del disenso? dentro de la discusión sobre los procesos concretos de institucionalización del campo artístico. De otro lado, José Carlos Mariátegui subrayaba la importancia del museo como una práctica de organización y propuesta crítica frente a la mirada instrumental de la institución-estructura. Creo que ambas miradas se complementan bien, pero siguen siendo insuficientes pues limitan el análisis a señalar el problema (que muchos ya sabemos y compartimos con ciertos matices) pero no abren más preguntas ni propuestas (incluso dentro de lo crítico).

    Creo que hay un tema que se pierde de vista para hacer que estos temas no sólo sean interesantes sino pertinentes. El poder de lo simbólico como puente para construir redes de poder (y la necesidad de asumir lo simbólico como un proceso de ?comunicación? que puede ser artística, institucional, administrativa, como casi siempre pasa, todas a la vez). Son las políticas culturales, como expresiones de tensiones en el uso del poder de diversos recursos, las que en buena cuenta atraviesan toda esta discusión.

    Y cuando hablamos de poder estamos hablando de gente de carne y hueso, cuando hablamos de instituciones hablamos de gente de carne y hueso, cuando hablamos de esfera pública hablamos de gente de carne y hueso también, ubicados dentro de sus contextos. Ante ello cabría preguntarnos ¿Por qué el tema de nuestras actuales instituciones artísticas, por más que cuenta con una cobertura mediática relativamente provechosa, no es un tema posicionado como importante dentro de la opinión pública? (ni siquiera el referido a la entelequia de ?protección del patrimonio cultural?).

    Creo que esto parte de varios puntos: Uno es el grado de abstracción al cual llegamos para discutir de instituciones artísticas (incluyendo el lenguaje mismo, que es la expresión del ?a quién queremos, explícita o implícitamente, dirigir este debate?) y que siempre se ubica con ?distancia crítica?, donde hablamos de ?lo colectivo?, ?lo social? encubriendo así fuerzas en tensión. El otro problema es el diseño mismo que tienen las instituciones artísticas en el país (lo que nos lleva a la pregunta ¿a quiénes responden sus políticas? Hasta la propia idea de esfera pública está atravesada por la gestión del poder) y que sufre del grave problema de no fomentar participación (en su sentido más completo). Un problema más que ubicaría es el traslado de la ?lógica de representación?, al estilo de artista, en un campo cuya lógica es la gestión cultural (lo cual lleva a asumir que estas instituciones son representantes, en sí mismas, de ?la cultura?, ?la crítica? y/o ?lo público?).

    Como dije al inicio, no quiero tratar el tema específico que están comentando sino subrayar una preocupación respecto a cómo enfocamos este tema, y qué perspectiva le damos más allá del mismo debate. Para que no nos pase que elegimos el polo con la frase más audaz y con el tiempo no podemos explicarnos por qué nadie lo lee.
    Un abrazo.

    Guillermo Valdizán Guerrero

    Debate en torno al Museo (5) / Respuesta de José Carlos Mariátegui

    Hola Miguel,

    A lo que se refiere Pastor Mellado es a un concepto que entra bien en el campo de la cultura pero que se aplica a otros campos de la investigación social. Es verdad que al margen del aspecto físico existe o se conforma (inevitablemente) una relación con el tejido social. Pero no olvidemos que si bien eso es importante, no necesitas ser un Museo para desarrollar una plataforma crítica. Lo que necesitas son gente y grupos que sepan desarrollar proyectos. Y además lo que necesitas es dinero, es decir, presupuestos para pagar de forma justa todo el trabajo que van a desarrollar los organizadores y actores de los proyectos. Para eso hay que sensibilizar a los gobiernos locales, regionales y al Estado.

    Seria ideal que el MAC, debido a la coyuntura en que se encuentra, logre interactuar con la comunidad, pero para eso necesitaría convocar a un buen número de actores públicos y sociales, y posiblemente políticos. Eso sería interesante. Pero en el caso del MALI, sin ánimo a opinar propiamente de la gestión, creo que el trabajo que hacen a nivel de contenidos y conservación ya es bastante. No conozco la política de conservación de piezas del MALI pero estoy seguro que se manejan con estándares internacionales. Conservar ya es bastante trabajo, conservar y exhibir es aun más trabajo. Insisto en el tema de la conservación porque cada adquisición de piezas conlleva una responsabilidad mayor. Hoy día esa responsabilidad es aun más compleja ya que no sabemos el costo de la conservación digital (muchos expertos, incluyendo la gente de la Biblioteca Británica y la BBC, señalan que es posible que el costo de mantener archivos digitales sea, en estos años de transición, muchas veces más alto al mantenimiento de archivos analógicos.

    En todo caso creo que debemos dejar a otros actores para que generen estas plataforma críticas que mencionas. Existen casos donde los Museos se han integrado más con su entorno inmediato, pero también eso los ha puesto en una posición débil con respecto al contenido, así que es un arma de doble filo. En los últimos años hemos visto una tendencia de los museos a hacer más exhibiciones temporales ya que los consumidores (público, se les llamaba antes) quieren ver cosas nuevas constantemente. Es más, ya hay espacios del tamaño de Museos donde solo se exhiben colecciones temporales y no existe colección permanente (España es un caso emblemático de lo primero, pero sobre todo de lo segundo).

    Insisto que un Museo o una colección tiene mucho más trabajo del que creemos que tiene. Trabajo que no se ve y que está en el mantenimiento y la conservación. Si queremos formar plataformas críticas debemos empoderar las que ya existen y darles más herramientas de financiación. De lo contrario vamos a discutir pero no vamos a llegar a mucho. En todo caso lo que debe motivar esta discusión es exigir a los gobiernos el incorporar estos planes dentro de sus proyectos de desarrollo (sobre todo ahora que el Perú está pasando paradójicamente por un buen momento pese a la crisis económica mundial).

    Jose-Carlos Mariátegui Ezeta
    http://arte-nuevo.blogspot.com/2008/07/debate-en-torno-al-museo-5-respuesta-de.html

    El debate en torno al museo (6) / Respuesta de Miguel López

    Aquí mi respuesta. El intercambio (numerado) de opiniones puede verse en este link.
    ?..

    Hola José-Carlos y todos, seré breve.

    Está claro que no necesitas ser un Museo para articular un espacio crítico, pero me parece increíble que sostengas que ?debemos dejar que otros actores generen estas plataformas críticas?. Yo entiendo que conservar y exhibir es ya demandante -y lo conozco desde el interior del MALI porque he trabajado con su colección en más de una oportunidad-, pero no puedo aceptar que dada la actual reconstrucción estructural no se puedan repensar también sus políticas de acción y comunicación.

    Comprendo que es necesario conseguir financiación y recursos económicos para que caminen los proyectos -y el MALI lo está haciendo muy bien-, pero no todo puede reducirse a la perspectiva de empresa que planteas. Porque está claro que un Museo lo es, pero no solamente, y ambas dimensiones no están irrenconciliadas. Yo hablo de una activación política, replantear sus formas de acción.

    Por momentos tu percepción del asunto me deja frío, yo estoy pensando en empoderar públicos -asumiendo que la institución ya está en un proceso creciente de empoderamiento económico-: poner en circulación herramientas, posibilidades, imaginarios, procesos de subjetivación, fomentando nuevas fricciones, no preocupado únicamente por mantener el estado de orden. Estoy pensando en un Museo que intente asumir una posición más frontal en relación a los procesos que lo envuelven.

    No todo puede reducirse a conseguir más plata y seguir resguardando (esa es la función del empresario disfrazado de policía), y comprendo que el financiamiento ya es difícil pero si no te permites pensar lo otro jamás va a ser posible. Pero queda claro que esa posibilidad crítica del museo no es una de tus prioridades, y que nuestra proyección de un museo es radicalmente distinta. Tu mail parece una defensa innecesaria, pero no me queda claro si dices ?no le pidas mucho al MALI?, o ?el museo no tiene por qué ocuparse de ser un espacio de articulación crítica?.

    De todos modos, con ninguna opción estoy de acuerdo. El MALI sí puede articular un espacio de construcción de disensos y nueva subjetivación política, y también puede ser plena plataforma crítica -de hecho ya lo está intentando con sus proyectos en marcha-. Lo que señalo es la necesidad de volver a pensarlo, desde un extremo más radical, y más aún hoy desde este proceso interno de renovación de infraestructuras.

    Miguel López
    [arte-nuevo.blogspot.com]

    El debate en torno al Museo / Respuesta de José Carlos Mariátegui

    Respuesta de José Carlos Mariátegui Ezeta.
    ??..

    Querido Miguel:

    No participo del MALI y no puedo opinar que es lo que debe o no debe hacer. Cuando me refiero al MALI me refiero al caso de una institución, un Museo de Arte bien equipado y con un plan; en el Perú posiblemente el único sea el MALI. Tenemos poquísimas instituciones que coleccionen (compren), conserven y exhiban en forma constante, y eso ya es mucho en un país como el nuestro con tantas carencias. Por lo tanto me parece que un Museo de Arte en el Perú tiene prioridades y creo que el MALI ha sabido definir claramente sus prioridades el día de hoy.

    Por otro lado, sí me parece que es necesario que los actores que impulsen el discurso crítico no solo vengan de las instituciones establecidas. Siempre se ha visto que el desarrollo de plataformas alejadas de la institucionalidad es bueno y positivo ya que generan diversidad, y eso es lo que se busca en la cultura. Emilio Santisteban y Guillermo Valdizán han mencionado algo que es fundamental: el común de los ciudadanos no se sienten representadas por ningunas de estas instituciones. Tienen razón al mencionar que solo hablamos con nosotros mismos. Lo que se tiene que hacer es activar a los que no se sienten representados en plataformas abiertas e inclusivas. En la historia del país hemos tenido hitos donde esto se ha dado de una u otra forma, como fueron ?Contacta?, ?Lava la Bandera?, la ?Bienal Iberoamericana? o recientemente la ?Noche Blanca?. Todas estas iniciativas han congregado un número masivo de personas. Es a partir de este tipo de iniciativas que se puede construir un espacio de cultura más abierto y responsable.

    José Carlos Mariátegui Ezeta

  • Permalink for 'frente al Café Pasaje'

    frente al Café Pasaje

    Posted: 7-July-2008, 4:20am CEST by webmaster
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    Estamos en la Plazoleta del Rosario en Bogotá, para escuchar una serie de relatos del escritor Manuel Hernández sobre una fase del Café como espacio de encuentro y conversación: el Café Rumba.

    (se recomienda el uso de audífonos)

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    el mundo de los Cafés

    Posted: 11-June-2008, 4:29am CEST by webmaster
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    Entramos al Café Pasaje con Manuel Hernández, quien rememora el mundo de los Cafés como espacios de crítica y discusión?.

    (se recomienda el uso de audífonos)

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    La herida

    Posted: 22-May-2008, 3:38pm CEST by webmaster
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    Primera parte de un recorrido con el escritor manuel hernández por el centro de bogotá, donde se deriva en torno situaciones, debates y relatos relacionados con la carrera séptima y sus alrededores.

    (se recomienda el uso de audífonos)

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    el blog como espacio crítico

    Posted: 17-March-2008, 5:11am CET by webmaster

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    el museo como espacio de debate

    Posted: 7-March-2008, 10:15pm CET by webmaster

    El carácter público de museos y centros de arte, no se circunscribe únicamente a la accesibilidad por parte de todos los ciudadanos y al hecho de estar financiados con dineros públicos. El problema es, además, de qué modo enfrentar el institucionalismo corporativo que tiende a cerrar la institución al debate y al diálogo.

    Como una forma de abordar esta situación, tenemos el caso del Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MacBa) que, en marzo del año pasado, abrió en su portal de Internet un espacio con el nombre de Debate, el cual presenta con estas palabras:

    Debate nace de la voluntad de abrir una nueva plataforma de discusión pública, desde la que se puedan debatir abiertamente los interrogantes inherentes a la práctica y actualidad del MACBA. Un nuevo espacio para la reflexión colectiva que amplía y profundiza el propósito del Museo de generar discursos, aprovechando en esta ocasión las ventajas que ofrece el espacio digital.

    Debate plantea, durante un mes, un tema específico y lo abre a la participación de todo el que quiera aportar su opinión, sus preguntas o sus respuestas, y abrir la discusión a otras vías. Todo el mundo es invitado a participar en el debate: para ello solo es necesario suscribirse. Las aportaciones de los usuarios pueden ser tanto anónimas como firmadas y una vez concluido el debate quedarán disponibles a modo de archivo para todo aquel que desee consultarlas.

    El pasado mes de octubre propuso como tema de discusión el carácter público de la institución museal, el cual anexo a continuación, incluyendo algunas de las participaciones que suscitó.

    Jaime Iregui

    Patrimonio común e institución pública: del derecho del autor al derecho del público

    ¿A quién pertenecen los museos y las colecciones de titularidad pública? Desde nuestro punto de vista, y como ya hemos apuntado en otras ocasiones, pertenecen a la ciudadanía, a los públicos. Si entendemos el museo como una de las instituciones para la educación popular en la modernidad, y si entendemos la educación como un derecho inalienable en el Estado moderno, debemos inmediatamente concluir que lo que el museo genera y alberga es patrimonio común. Esto, evidentemente, desde el punto de vista de entender y asumir, incluso críticamente, el museo como espacio público según el proyecto emancipatorio de la Ilustración. Este planteamiento privilegia una concepción del museo como espacio para la memoria, la educación estético-política y el debate público y se opone a una nueva concepción del museo, emergente desde la oleada neoliberal de finales de los setenta, como agente del mercado la industria cultural, que privilegia la producción y la economía del sector y que de facto se pone al servicio de la maquinaria del capital terciario renunciando con ello a cualquier papel propiamente educativo. En la actual organización administrativa del Estado, que significativamente segrega el campo cultural del educativo y universitario, es esta segunda tendencia la que determina de manera aún incontestada las grandes decisiones políticas en materia artística.

    Pero entender el museo como espacio para la educación popular no soluciona la lógica organizativa, jurídica y laboral del museo en tanto que institución que forma parte del mundo del trabajo en la era neoliberal, en la que vivimos todos aunque sea más o menos a contrapelo. Evitar limitar la concepción de la actividad artística como provisión de mercancías para el mercado del arte, implica que la actividad artística debe encontrar otras formas de remuneración. Cuando el trabajo artístico adopta los modos de producción de la economía de servicios, las formas de remuneración deben igualmente adaptarse a ese modelo. Pero eso implica revisar una noción de autoría que se ampara en la exaltación romántica para legitimar lo que en realidad es una forma de explotación aristocrática del capital simbólico (la distinción) del campo artístico y de reproducción de los privilegios sociales que le son inherentes. Justamente, el mito aristocrático de la autoría artística es posiblemente hoy el principal lastre para la vida laboral de los artistas y una de las principales causas de las diversas formas de precariedad del sector, en la medida en que se basa en una identificación esquizoide entre capital simbólico y renta material que impide asimilarlo a otras formas de trabajo autónomo. Esto condena al profesional del sector a un limbo económico y jurídico del cual solo es posible salir por la vía de un reconocimiento social sobredimensionado y mitificado al cual, de hecho, muy raramente podrá llegar. Frente a esta concepción aristocrática y rentista de la autoría proponemos asimilar la actividad artística a otras formas de trabajo remunerado en general.

    El dilema que se plantea desde el punto de vista del museo y de la noción de patrimonio público es cómo compatibilizar el derecho al trabajo remunerado de los artistas con el dominio público sin pasar por la actual categoría del derecho de autor, que mitifica el trabajo artístico y lo devuelve a la noción reduccionista y aristocrática que queremos superar. Philippe Thomas propuso que los «ready-made pertenecen a todo el mundo» y por definición la colección de un museo debería cumplir esa idea. La tarea del museo hoy es cumplir la máxima de Thomas y hacer que las colecciones públicas pertenezcan a todo el mundo.

    Eso implica abordar cuestiones complejas y en buena medida tabú: ¿deben los autores vivir de rentas a costa del dinero público? ¿No se trata más bien de que el trabajo artístico encuentre nuevas formas de circulación y de ser apropiado significativamente por los públicos? ¿No implica eso buscar alternativas a la centralidad del intercambio económico como modelo del intercambio social y cultural en general? ¿No debemos relativizar los derechos y privilegios del autor en favor de los derechos de los receptores de las obras y buscar nuevas formas justas de remuneración del trabajo artístico que no restrinjan sino que favorezcan los derechos de los públicos y que promuevan la circulación y la vida de las obras? ¿No se trata por tanto de favorecer el bien común y de reformular las formas de explotación de la actividad artística desde un punto de vista de lo público y no de la propiedad privada?

    La proliferación tecnológica y el carácter crecientemente inmaterial, tecnificado y reproducible del trabajo artístico implica la necesidad de nuevas categorías. ¿No se trata de pasar del autor al productor? En su célebre ensayo de 1934, Walter Benjamin diagnostica este desplazamiento histórico señalando que el paso del autor al mundo de la producción pone fin a su autonomía y a sus viejos privilegios, más propios del antiguo régimen que de una modernidad industrial basada en la circulación masiva e igualitaria a través de la página impresa y otras formas de reproductibilidad técnica. En el contexto actual determinado por la fluidez de la circulación, distribución e intercambio de los discursos y las producciones, favorecido por las nuevas tecnologías, las categorías del derecho tradicional relativas al campo artístico aparecen obsoletas. No favorecen el acceso sino que lo limitan. Debemos pensar nuevas formas flexibles de regular el intercambio y el acceso al patrimonio cultural común. En este contexto, el museo en tanto que institución pública debe promover nuevos modelos de acceso y explotación que no restrinjan las producciones y los discursos a la obra única ni a la forma expositiva y cumplir la promesa moderna del arte como bien común.

    1. Notas para el debate:
    2. » ¿Es posible pensar en términos de clasificación no selectivos, ni distintivos, ni jerárquicos?
    3. » ¿Es posible que el uso masivo de estructuras de archivo por parte de los creadores contemporáneos contribuya a estetizar una estructura cuya principal finalidad ha sido el control social?
    4. » ¿Es posible un archivo democrático? ¿Cómo debería ser? ¿Qué condiciones lo harían posible?
    5. » ¿La actual desterritorialización del archivo a través de Internet es una condición democratizadora?
    6. » ¿Son antagónicos el «orden» de la biblioteca y el «desorden» del archivo?
    7. » El término archivo se usa en la práctica artística de una manera polisémica ¿Sería necesario precisar los diversos términos que abarca para no convertirlo en una palabra vacía, formal y políticamente correcta en nuestro medio? ¿Cómo?

    Comentarios:


    1. Artur Gifreu miércoles, 31 de octubre de 2007, 10:49 pm si un museo ha comprado una pintura con fondos públicos para ser exhibida en un edificio público, mantenido y gestionado con dinero público, ¿por qué no puedo fotografiar esa pintura para mi uso personal? ¿A quién se intenta proteger con tales restricciones, negándome como usuario de lo público cualquier derecho? ¿Al autor? Como decía Ramírez en su artículo: ?¿Qué más le da a él que muchos espectadores fotografíen su trabajo??. Evidentemente, a quien se protege no es al autor, sino a todo un complejo sistema para el arte, y a una estructura asociada social y política, que se sustenta en conceptos obsoletos sin los cuales perdería gran parte de su razón de ser, que es precisamente lo que está en cuestión. En su nombre y en el de un brillante futuro se cometen continuas contradicciones: se eliminan o se blindan negativos fotográficos, se secuestran másters de vídeo para coartar su reproductibilidad natural, se castran proyectos online para poder ser empaquetados, se tarifa la hiper-textualidad o simplemente se prohíbe fotografiar tu pintura favorita. Fomentando deliberadamente una cultura de la ?escasez?, que tan inmejorables réditos ha generado para las industrias culturales, pero que está desembocando en una cultura del permiso y que, financiada y amparada desde lo público, nos aleja de una Cultura Libre.
    2. atenta jueves, 8 de noviembre de 2007, 10:20 am El pasado sábado 3 de noviembre, apareció en El País un artículo de Andrés Trapiello titulado ?Un ?velázquez manifiestamente? mejorable?, cito: ?El autor defiende la propiedad privada de la creación pero cree necesario que las leyes cambien para garantizar el disfrute del cuerpo místico de las obras.?Tiene un enfoque distinto al del MACBA, pero puede que alguien encuentre interesante, en relación al tema de este Debate.El artículo completo aquí:
      ?Un ?velázquez manifiestamente? mejorable?
    3. MACBA lunes, 12 de noviembre de 2007, 1:48 pm Plantear este debate ya es una forma de acción y transformación que no debe infravalorarse. No olvidemos que abordamos aquí una cuestión que tiene consecuencias legales y jurídicas y que en este momento las prácticas contra la propiedad intelectual estan fuera de la ley. Las opciones de las instituciones para actuar fuera de la ley son, digamos, limitadas. En este momento nos parece que la acción transformadora consiste en contribuir al debate y a la emergencia de una masa social crítica que induzca un cambio en el marco jurídico vigente. Seamos conscientes que éste es un terreno cuya legislación tiene apenas una década de existencia. Literalmente estamos empezando y las transformaciones no serán de un día para el siguiente. Trabajamos para el futuro. Lo que es significativo e importante en estos años (e insistimos en que no debe menospreciarse) es la proliferación de voces críticas frente al régimen vigente en la legislación de la autoría y patrimonio cultural. Desde el MACBA estamos proponiendo, por ejemplo, una línea de trabajo para cambiar el régimen de propiedad de las obras de la colección por el de custodia y abrir un campo de trabajo sobre formas cooperativas de gestión en red del patrimonio artístico público, más allá de los marcos nacionales-estatales. El trabajo transformador hoy en este campo pasa por acciones poco visibles, que pueden parecer inefectivas pero que no lo son en absoluto.
      Desde el MACBA siempre que podemos trabajamos en Creative Commons (como fue el caso de las publicaciones del proyecto ?Desacuerdos?) y en prácticas que favorecen el libre intercambio. Las publicaciones online ?Quaderns Portàtils? es una iniciativa en este sentido. También buscamos formas de remunerar el trabajo de los artistas en los proyectos específicos, más allá de la lógica de la remuneración a través de la obra.
    4. atenta miércoles, 14 de noviembre de 2007, 4:00 pm La revista electrónica D-Lib Magazine (http://www.dlib.org) publicó en Noviembre de 2005 un artículo de Kenneth Hamma (del J. Paul Getty Trust) en el que instaba a los museos públicos o privados a devolver al público lo que pertenece al dominio público, refiriéndose a los archivos fotográficos. Razona que los ingresos de los alquileres de imágenes o por el copyright de las mismas en realidad no son una vía de financiación relevante y, lo que es más importante, va en contra de la finalidad de un museo, que es hacer garantizar el acceso al arte por parte del público. Arguye que muchas de las obras no sólo pertenecen al dominio público (y es más, se está privando a éste de su disfrute), si no que pueden ayudar aumentar el interés hacia las colecciones de los museos y el arte en general y que los ingresos que este tipo de servicios suponen para las instituciones tampoco son en realidad una fuente de sustento económico relevante.El link del artículo:
      [www.dlib.org]
    5. atenta lunes, 19 de noviembre de 2007, 4:33 pm Un dato curioso: según un artículo publicado en el Ciberpaís el 1 de noviembre de 2007, ?España es el mayor productor mundial de cultura libre con Creative Commons?Link del artículo completo aquíLas licencias Creative Commons (incluida la española) están perfectamente explicadas en el número 57 de la revista Zehar por parte de Ignasi Labastida, profesor de la UB que lidera el proyecto CC en Cataluña y España des del 2003: