2007 07 26 }
La posibilidad de una isla
Podría empezar diciendo que escribo este artículo por que ella lo pidió como en The Gotham Handbook, pero no. Ella no lo pidió. Lo escribí por que me apeteció y se lo hice llegar a través de marvellous Sara con quién coincidí en que no todo es orégano ni abstracción geométrica en el monte valenciano, y que hay vida después de Iturralde y Cía. Y no es que no haya excelentes y geométricas propuestas, que las hay y muchas, pero también hay otras. Y entre éstas está La posibilidad de una isla. Magnífica exposición de Rebeca Plana en la Galería del Tossal. Los cuadros de la pintora desbordan posmodernidad pero no de la Vila-Matas que de metaliteratura sólo tiene meta y no llega casi nunca, sino de Houellebecq, de estilo sucio, parco y sólida estructura, que entremezcla realidad y ficción hasta mostrarte que todo es verdad y el que miente eres tú. A fuerza de pintar Rebeca a fundido al metódico e instrospectivo Gordillo con el descarado Schnabel, y con la furia y la rabia del escritor. De esa batidora consigue extraer una salvaje contemporaneidad que deja entrever influencias ya clásicas aunque tengan menos de treinta años. Y es que hasta para hacer bad painting hay que estudiar y pintar mucho. En ese crecimiento, el resultado de esta muestra es superior a la que pudimos ver en la Galería del Palau, Las partículas elementales. Es la del Tossal, más sólida, más meditada y ha sabido rentabilizar mejor la entrega que siempre pone, tanto en pintar como en cualquier cosa que ella haga, empezando por vivir. Como quiera que Houellebecq es parco en vocabulario, he de insistir en que no así Rebeca cuyo éxito en estas obras es su elegancia, su sobriedad y su jerarquización frente a su tendencia al abigarramiento plano. El léxico que utiliza la pintora es rico y utilizado con mucha inteligencia y bien dosificado. Abundan los fondos negros azulados, con veladuras chorreantes, sobre las que flotan estructuras orgánicas rezumando todo ello vitalidad y energía. Como Houellebecq, la pintora te muestra tus propias tripas señalándote que la sociedad no son los otros sino que eres también tú, y si quieres quedarte al margen pues muy bien, hipócrita lector, pero si miras, si quieres mirar, llega hasta el final, sólo que el final el escritor lo pone cada vez un poco más lejos y así consigue darte la vuelta y mostrarte todo tu interior. Y esta es mi propuesta, no mires los cuadros de Rebeca pensando en ella sino en tí mismo. Y disfruta tratando de verte reflejado, aunque duela, en estas obras de gran formato y en los estupendos papeles, en una muestra completa, compleja, bien resuelta y colgada a la perfección. Fuimos la escultora Lourdes García, y yo, quienes le regalamos el libro –yo lo escogí- que da título a la exposición para agradecer la cena que ofreció a los amigos tras la anterior muestra, y a la vista de lo que ha hecho con el obsequio, creo que le sugeriré otro título. Entre la opción de Valéry de escribir para uno mismo, y la de Bryce Echenique, de escribir para los amigos, elegí la segunda, para decir que Rebeca, “además y todavía”, el día de su inauguración estaba bien, bien linda, y sólo faltó el edecán entregando el ramo de flores, ¿dónde ha quedado la galantería?.
jesus andres
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