Sr. Laborda y foreros:
Después de leer los comunicados sobre el tema propuesto veo que se han ido descarrilando las respuestas progresivamente. Permítanme retomar el tema inicial y ofrecer esto que no es sino una opinión.
Preguntaba Vd. si ya no veos el arte del Renacimiento como una revelación mística y cuánto de verdad hay en los códigos representativos del arte contemporaneo. Creo que estas dos cuestiones están intimamente ligadas por cuanto en el Renacimiento existían valores aplicables a la obra artística de validez universal, es decir, había ciertos criterios (que yo les reputo vigentes aunque aletargados y que tarde o temprano saldrán de esta larga y cansina hibernación) para comprender y evaluar el arte. Estos criterios no eran, en sentido estricto, unicamente propios de su época sino que procedían de la antigüedad clásica o tal vez de la más remota antigüedad, de la prehistoria. Es lo que yo llamo "sentido común". Estos criterios simplicísimos (claridad perceptual, verosimilitud psicológica, dominio absoluto de la materia pictórica, superación de las limitaciones,etc.) son los que al contemplar las magníficas obras del Renacimiento (las malas, que también las hubo, no pasaron a la historia) nos comunican una certidumbre absoluta de su calidad independientemente de toda formación cultural o de todo entorno temporal. Así, cuando contemplamos, por ejemplo "La Escuela de Atenas" o la Capilla Sixtina no hace falta código alguno que nos certifique su magistral factura. Hasta el más lerdo o iletrado queda vencido por su peculiaridad indiscutible.
Sin embargo hoy en dia esto sucede muy pocas veces. Se han pervertido tanto los criterios merced a los comerciantes y especuladores de arte que ya casi nadie sabe a ciencia cierta qué es lo bueno y qué lo malo y se necesita que algún "entendido" nos explique con retorcido lenguaje porqué las manchas de Rotko o las rayas de Kandinsky gozan de valor artístico. Y ay de áquel que no reconozca a primera vista lo que un dia un interesado especulador calificó de sublime y después afianzó la mera repetición y el consiguiente consenso. Será tachado de inculto y casi de minusválido estético.
Algún psicólogo debería realizar el siguiente experimento: se muestra un cuadro abstracto inédito y se pide a dos grupos de personas "entendidas" que lo califiquen; a un grupo se le asegura que es de Picasso; al otro, que lo pintó José Pérez, albañil que pinta en sus ratos libres. Y veríamos dónde acaban esos "códigos representacionales del arte contemporaneo".
¿A que tiene fuerza esto que digo?








