Ana Gonzalez escribió:Pues parece ser que al EFECTO, no le ha gustado lo que he dicho en esta cadena, porque me ha escrito a mi correo particular (cosa que yo nunca hago, las discusiones banales, que se generan aqui, las trato aqui) pues eso que me ha mandado un correo con la intencion de molestarme (bendita inocencia) con las cosas que me dice, lo clasico de siempre, nada original, un texto atropellado, que no ha conseguido su objetivo en absoluto, como era de esperar. Y le agradezco que se haya tomado la molestia de visitar mi web, ya que tengo poquisimas visitas, y el tiempo que ha gastado y la energia buscando mi correo, etc., siempre es de agradecer.
Bueno ta luego, je, je.

No hagas caso, Ana.
Para mi es un auténtico privilegio saber que existen personas como tu.
Hace falta más gente que reflexione, sea solidaria y conciliadora y menos gente que se entrege al egocentrismo y a la papanatería.
Mira, te voy a regalar un cuento de J. V.Marcia Magaz que espero te haga reflexionar sobre lo verdaderamente importante: La magia y la inocencia.
Sucedió no hace mucho, en el barrio periférico de Gama Leste, en Brasilia. Al caer la tarde se llenaba aquel lugar de niños bulliciosos que vivían en la calle. Ellos y ellas sabían bien qué significaba el poder del miedo. Del miedo hecho policía o escuadrón de la muerte, que para el caso es lo mismo. También conocían qué significaba el egoísmo. Lo contemplaban a diario y lo sufrían en su corazón y en su estómago.
Cayó la noche y las estrellas descendieron. Sus ojos eran estrellas incandescentes, esperando que alguien, quien fuese, les dijera “venid, esto no es más que una pesadilla”. Y les ofreciera un mundo un poquito mejor.
Me senté al borde de la acera. Ellos estaban cerca de mi y me miraban con curiosidad. Un cachorrito de perro nos observaba a una distancia prudente mientras se rascaba las pulgas. Miré al perro, le silbé para que viniera a mí. Pero por más que lo llamaba no había manera. Uno de los niños se sentó a mi lado.
-¿Quieres que haga magia?- de inmediato contesté que sí. Sacó de uno de sus raídos bolsillos un pañuelo. Lo abrió y apareció una pequeña piedra de cal. –Es una piedra mágica. Sólo tienes que saber dibujar-.
Dibujó un hueso en el suelo y silbó al perro. Para mi asombro, el cachorro movió la cola y vino hacia nosotros.
-Para hacer magia se necesita saber qué es lo que necesitan los otros. Si se lo das o les ayudas a conseguirlo, la magia aparece-. Sonrió y siguió jugando con sus compañeros.
Me acerqué al chico de la tiza y le dije:
-Te compro un trozo de tiza mágica-. Partió un pequeño pedacito y me lo dio.
-La magia no se vende- me contestó- la magia existe y se da. Sólo hay que saber dibujar.
Desde entonces busco dibujantes que pinten un mundo nuevo. Yo lo intento todas las noches pero no sucede, el mundo no se transforma. He descubierto cuál es la causa. Desde luego no es que la tiza no sea mágica, es que yo soy un mal dibujante.
Espero que te haya gustado.
Un saudiño moi cariñoso
Xesús