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un texto interesante

Ensayos teóricos sobre temas diversos cuyo nexo común sean las artes plásticas y la estética contemporánea.

un texto interesante

Notapor Pablo Pintos el Vie Feb 17, 2006 9:07 pm

me ha llegado por email un texto muy interesante de Cesar Aira, quizas les interese.

......................
La utilidad del arte


por César Aira

Cuando yo era chico, en Pringles, había dueños de
autos que se jactaban, sin mentir, de haberlos
desarmado “hasta la última tuerca”, y haberlos vuelto
a armar. Era una proeza bastante común, y, tal como
eran los autos entonces, bastante necesaria para
mantener una relación sana y confiable con el
vehículo. En un viaje largo, había que levantar el
capot varias veces, cada vez que el auto “se quedaba”,
para ver qué andaba mal. Antes, en las eras heroicas
del automovilismo, al lado del piloto iba el mecánico,
que después se degradó a copiloto. Y recuerdo que
cuando las mujeres empezaron a conducir, uno de los
argumentos fuertes en contra era que no entendían de
mecánica: sólo podían aspirar a “usar” el auto.
En realidad, los bricoleurs de pueblo o de barrio no
se limitaban a los autos; lo hacían con toda clase de
máquinas: relojes, radios, bombas de agua, cajas
fuertes. Hasta hace diez años mi suegro desarmaba
periódicamente el lavarropa y lo volvía a armar, sólo
para asegurarse; cuando compraron uno con programa
automático, no pudo seguir haciéndolo. De más está
decir que desde que los autos vienen con circuitos
electrónicos, el famoso “hasta la última tuerca”
perdió vigencia.

Hubo un momento, en este último medio siglo, en que la
humanidad dejó de saber cómo funcionan las máquinas
que usa. Lo saben, en forma parcial y fragmentaria,
algunos ingenieros en laboratorios de Investigación y
Desarrollo de alguna grandes empresas, pero el
ciudadano común, por hábil y entendido que sea, les
perdió la pista hace mucho. Hoy día todos usamos los
artefactos como usaban antaño las damas el automóvil:
como “cajas negras” con un Imput (apretar un botón) y
un Output (se enciende el motor), en las más completa
ignorancia de lo que sucede entre esos dos extremos.
El auto no es un ejemplo al azar, porque creo que fue
la máquina de más complejidad hasta dónde llegó el
saber del ciudadano corriente. Hacia la década de
1950, antes del gran salto, cuando todavía se estaban
desarmando autos y heladeras en el patio, circulaba
una profusa bibliografía con patéticos intentos de
seguirles el rastro al progreso. En las páginas de
Mecánica Popular o la recordada Hobby se quemaban los
últimos cartuchos con artículos sobre el
funcionamiento de la propulsión a chorro o el
televisor; pero los suscriptores se rendía,
desalentados.

Hoy vivimos en un mundo de cajas negras. A nadie le
escandaliza ignorar lo que sucede dentro del más
simple de los aparatos de los que nos servimos para
vivir. Sólo importa que funcione, como un pequeño
milagro doméstico. ¿Quién sabe en realidad cómo
funciona un teléfono? Yo tengo una teoría: cada vez
que marcamos un número y nos contestan, es porque ha
intervenido Dios y ha puesto en acción su omnipotencia
para hacer suceder algo que en términos naturales no
podría suceder. En el siglo XVII el filósofo francés
Nicolás Malebranche construyó una curiosa teoría según
la cual entre cada causa y efecto participaba Dios
para efectuar la conexión. Desteologizando a ese
“Dios”, tenemos una buena explicación general del
mundo contemporáneo.

El saber de losbricoleurs domésticos se ha desplazado
al uso. El Equivalente de aquellos ingeniosos
“entendidos” que desarmaban autos son los jóvenes que
lo saben todo sobre las computadoras. Salvo que estos
jóvenes, aunque desarmen las computadoras (gesto
atávico con un contenido ya puramente simbólico) lo
saben todo sobre el uso, no sobre el funcionamiento.
En todo caso, pueden jactarse de saber sobre el
funcionamiento del uso, no sobre los resortes que
hacen que la máquina funcione. Lo mismo puede decirse
de los profesionales que reparan hornos a microondas o
televisores.
Lo que ha pasado con las máquinas es apenas un indicio
concreto de lo que ha pasado con todo. La sociedad
entera se ha vuelto una caja negra. La compilación de
la economía, los desplazamientos poblacionales, los
flujos de información trazando caprichosas volutas en
un mundo de estadísticas encontradas, han terminado
produciendo una resignada ceguera cuya única moraleja
es que nadie sabe “qué puede pasar”; nadie acierta con
los pronósticos, o acierta por casualidad. Eso antes
había sucedido con el clima, pero a lo imprevisible
del clima el hombre había respondido con la
civilización. Ahora la civilización, dando toda la
vuelta, se hizo impredecible.

Es como si se hubiera clausurado la posibilidad lógica
de que haya alguien lúcido o inteligente. No tendría
sobre qué emplear su clarividencia, porque ya no hay
nada que desarmar y volver a armar. La ciencia sigue
empeñada en ese trabajo, pero ahora la ciencia
requiere un cuantioso financiamiento que va a una
elite dócil al poder, en tanto admite cerrarse sobre
sí misma y funcionar ella también, respecto del resto
de la sociedad, como una caja negra. Creemos que
apretando un botón podemos poner a nuestro servicio
las partículas del átomo, o clonar vacas, y es
probable que podamos hacerlo, pero eso no va a
ensañarnos cómo se hace. Crece el abismo entre causas
y efectos. Dios avanza.

Que se estreche el campo de acción de la inteligencia
no debería parecernos tan grave, si podemos seguir
siendo felices. Después de todo, lo que estaría en
vías de desaparición no es más que un tipo de
inteligencia, que será reemplazado por otro, quizás
con ventaja. La inteligencia es un instrumento de
adaptación, y mal podría servir para adaptarse a un
mundo que ha dejado de existir.
No obstante, toda atrofia que nos disminuya, aun con
la mejor excusa evolutiva, nos inquieta. Y quizás
tenemos un motivo serio de preocupación. Si la
humanidad hizo todo su camino sabiendo de qué se
trataba, la promesa de felicidad que encierra la
ignorancia resulta sospechosa. Primero, porque no se
presenta a cara descubierta como ignorancia; al
contrario la sobreoferta de información intenta
convencernos de que sabemos más que nunca. Más que
como ignorancia, se presenta como una forma de dichosa
impotencia eficaz. No sabemos cómo funciona la cámara
de video. ¿Y qué? ¿No podemos usarla para registrar
nuestros cumpleaños o vacaciones? ¿No podemos usarla
para darle más sentido a nuestras vidas? Lo que se
perdió en todo caso fue una ilusión de virilidad y
autosuficiencia, tanto más ilusoria porque antes
estábamos tan sojuzgados a los poderes como lo estamos
ahora. La Revolución en última instancia era la idea
de desarmar la sociedad “hasta la última tuerca” y
volverla a armar, pero la idea de Revolución caducó,
de lo que podemos consolarnos pensando que la sociedad
vuelta a armar iba a ser tan injusta y alienante como
la anterior. Después de todo, los bricoleurs
domésticos cuando volvía a armar el auto obtenían el
mismo auto del que habían partido, no un avión.

Pero el conocimiento era algo más que circular. Quizás
no tanto por el conocimiento en sí como por el tipo de
inteligencia que ponía en acción. Y la inteligencia
bien podría ser de esas cosas que no funcionan si no
están completas. La mutilación de una rama marginal
podría secar todo el árbol; o, para emplear una
metáfora menos orgánica, retirar un ladrillo puede
producir el derrumbe de todo el edificio.
Sea como sea, valdría la pena preservar, por si a
caso, ese instrumento de la evolución. Podría ser útil
en los países no desarrollados, porque hay que
recordar que el mundo está lejos de alcanzar un
desarrollo homogéneo.

Pues bien, a esto iba: el arte sigue siendo el mejor
campo de práctica y experimentación de la vieja
inteligencia, la que se imponía el objetivo de saber
cómo funcionaban las cosas, y cómo funcionaba el
mundo.
Se objetará que esto equivale a darle entidad a la
vieja metáfora derogatoria del arte como “arenero”
(hoy deberíamos decir “pelotero”); pero se trata de un
arenero pedagógico, no meramente hedónico. Y en
realidad no tanto pedagógico como de practica o
entrenamiento, o más bien preservación. En efecto, la
práctica del arte es la única con consenso social en
la que pueda desarrollarse un saber que en todos los
otros ámbitos está en acelerado proceso de extinción.
Esto se debe a la radicalidad inherente del arte, que
no se diferencia de las artesanías y la manufactura
utilitaria sino en su capacidad (sin la cual no es
arte) de desarmar por entero el lenguaje con el que
opera y volverlo a armar según otras premisas. Si no
retrocede hasta el punto de partida, no es arte,
aunque lo parezca. Esto lo sabe todo artista de
verdad, así sea intuitivamente, y lo hace cada vez que
pone manos a la obra.

Las vanguardias de todo tipo han explorado esta
radicalidad más o menos sistemáticamente. Y esto
explica por qué no hubo vanguardias antes de que se
esbozara la era de “las cajas negras”. Durante dos mil
o tres mil años la humanidad pudo hacer arte auténtico
limitándose a aprender el oficio de los que o habían
hecho antes. El arte estaba a mismo nivel de cualquier
otra actividad, en tanto todas ponían en práctica un
saber completo y saltos de sus cadenas causales. El
artista no necesitaba postularse como detentador de
una inteligencia sin zonas oscuras, porque ese tipo
de inteligencia era el que usaban todos.
De las vanguardias, la que fue más lejos en esa
dirección fue el Constructivismo ruso. Oponiéndose al
concepto de “composición”, propio del usuario de la
práctica artística., el de “construcción” significaba
que la obra de arte debía exhibir su proceso de
factura desde cero, de modo que no sólo el artista
sino también el espectador pudiera desarmar “hasta la
última tuerca” la pieza y volverla a armar tal como la
tenía ante los ojos.
El Constructivismo no pudo sostenerse en el tiempo:
habría necesitado una Revolución (y eso creían estar
haciendo sus miembros). Pero sus premisas han
persistido, mil veces transformadas, hasta hoy.
Y esas premisas dan el hilo conductor del sentido de
la obra del artista más representativo del siglo,
Duchamp. Es el concepto de base llamado ”arte
conceptual”: el concepto del arte mismo. La famosa
obra de Duchamp, la que encierra todas las otras que
hizo, el Gran Vidrio, se propone como “máquina
transparente”, la máquina modelo de la que verse a
simple vista como fue hecha, el antídoto definitivo a
todas las “cajas negras” que proliferan en forma
creciente a nuestro alrededor. Poéticamente, en lo que
tomo como un homenaje a los bricoleurs domésticos de
mi infancia, Duchamp dijo que el Gran Vidrio, la
Casada Desnudada por sus Solteros, debí verse “como el
capot de un auto”.

Mi conclusión es que el arte, esa actividad que suele
verse como decadente o en decadencia, hoy tiene una
función. Y no es esa función retrógrada o
conservacionista, como podrían hacer pensar mis
propias evocaciones juveniles. Porque las cajas
negras entre las que vivimos no son tan negras en
realidad. O admiten rodeos para pasar al otro lado de
su oscuridad y ponerlas a funcionar a nuestro favor.
El artista en nuestra sociedad es el único ciudadano
corriente, no financiado por el poder, que trabaja con
una materia sofisticada y actual que no es una caja
negra, es decir que puede ser desarmada y reconstruida
enteramente. Es el único que usa un tipo de
inteligencia que se está atrofiando en el resto de la
sociedad. Pero esta actividad actúa a su vez sobre las
“cajas negras”, les quita funcionalidad (y, por lo
tanto, misterio) al mostrar como funcionan en la
máquina social englobante.
Y no importa que los artistas sean fraudes. La
conceptualización generalizada a que apunta lo
anterior parece incrementar la posibilidad de fraude,
y lo hace realmente, pero no importa . Al contrario,
cuando más fraudulentos sean los artistas, más
enérgica será la puesta en marcha de este mecanismo de
radicalización.
En cuanto al uso de formatos artísticos que hace la
cultura popular, por ejemplo en le cine o la música,
hay que decir que cede miserablemente a la lógica de
la caja negra: se aprieta un botón (es decir, se usa a
ciegas un lenguaje artístico sin desarticularlo
previamente) y se espera un resultado, que no es otro
que el éxito o la venta. Y todos los que han buscado
el éxito saben que por definición resulta de un
proceso misterioso e imprevisible fuera de nuestra
vista, dentro de la caja negra.


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Pablo Pintos
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Notapor javier hoyos el Dom Ene 28, 2007 12:28 am

Resulta curioso que después de tanto tiempo que lleva este mensaje en el foro nadie haya publicado una respuesta. Yo, no sin cierto riesgo, me voy a atrever. Me parece que, a primera vista, el texto es de una elevada categoria intelectual. Tanto que inhibe y desalienta todo comentario como se puede ver. No me he fijado mucho pero mientras escribo esto creo recordar que es el único mensaje que no ha tenido respuesta alguna.
Creo, sin embargo, que esa pretendida y pretenciosa categoría intelectual está viciada por una palabrería poco coherente, llena de contradicciones y de inconcrecciones, muy propia de los no-artistas que se dedican a teorizar sobre algo tan inefable como el arte. No conozco al autor de ese escrito pero puedo asegurar que ya lo aborrezco. Me fastidian enormente esos autores que después de leerles varias veces o bien no se sabe qué puñetas quieren decir o solo se tiene una vaga idea de ello. Tal vez esa "vaga idea" no sea más que el producto natural de la disfrazada verborrea de un autor que, como docenas de ellos, ya digo, en especial los "sublimes" teorizadores del arte, críticos y rellena-catálogos, comisarios subvencionados y demás perversos tiranuelos que solo pretenden flotar por encima de la llamada "gente normal", expertos en camelar a inútiles políticos y ávidos de pulular entre las fuentes del dinero, no saben muy bien lo que dicen pero hacen que parezca que el que no les entienda es que es idiota.
Desde luego creo que su pretendida agudeza de criterio queda por si misma en entredicho pues si tanta potencia intelectual disfruta, ¿porque no es capaz de traducirla a un lenguaje que podamos entender los mortales comunes? En especial los últimos párrafos donde, tras una prolija introducción que vale más que el cuerpo central de las conclusiones, da un paso más y se mete en un jardín en el que se maneja torpemente.
A alguien quizá le parezca magistral su interpretación del mundo y del arte.

Yo estoy en desacuerdo con casi todo: en primer lugar no me parece que el mundo fuese algo que antes todo el mundo entendía, que se podía "armar y desarmar" por cualquiera, en el que no hubiera misteriosos secretos o como dice este tio "cajas negras". Creo que el mundo ha sido un misterio desde siempre al igual que las artes y la tecnología, desde que Hefaistos construía las corazas de Aquiles, desde que los clanes de metalúrgicos de la edad de bronce velaban celosamente por sus secretos.
Y creo también que eso de que el arte era un saber que podía aprenderse y realizarse meramente imitando o aprendiaendo lo que antes habían hecho otros es una chorrada y además mentira. Y encima va y dice que esto sucedió nada menos que durante los últimos dos o tres mil años. Podría haber dicho, en vez de años, cebollinos. Y eso otro de que el arte es una práctica en la que se puede desarrollar un saber que en otros ámbitos está en proceso de extinción me parece igual de equivocado en el sentido de que, primero: si no está en proceso de extinción si que está en franco retroceso involutivo meced a todos esos "ismos" como áquel que el autor tanto alaba que no sirvieron sino para satisfacer el zafio gusto de una emergente burguesía inculta y adinerada además de engañada y confundida por palabreros como éste. Y segundo: no sé exactamente, y dudo que lo sepa nadie, a qué saber se refiere "en proceso de extinción", si se refiere a desarmar la lavadora o al saber ingenuo del que pretende tener todo el mundo comprendido.
Si Duchamp es "el artista más representativo del siglo", apaga y vámonos.
Y lo de "el artista es el único ser no financiado por el poder" que se lo diga a su tia. "Que no importa que el artista sea un fraude, que incluso mejor que lo sea...."
En fin, no sigo que me cabreo. Estoy hasta el moño de los teóricos...
javier hoyos
 
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Texto no interesante

Notapor Odisea el Dom Ene 28, 2007 4:12 am

Totalmente de acuerdo contigo Javier, si antes no he dado mi opinión sobre este texto es porque tras leer 4 líneas te das cuenta (por lo menos para mí) de que no es más que vacua palabrería que intenta despreciar y rebajar al ARTE y a los ARTISTAS verdaderos.

Te saltas todo ese rollo, lees su "conclusión" y piensas: me voy al Museo del Prado, leo un buen libro o simplemente sonríes. :D

Mi conclusión:

UN TEXTO QUE NO ME INTERESA

Mucho más esclarecedora tu respuesta, Javier. :wink:
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Notapor Mario el Dom Ene 28, 2007 11:50 am

Yo me he tomado la molestia de leermelo entero y me parece un texto lleno de verborréa y palabrería vacía.
Por esa regla de tres y con los motivos que esgrime el autor, yo puedo decir y justificar coherentemente que el Congreso de los Diputados se relaciona directamente con el románico a través del arco de medio punto.
¿Me seguís?
Mario
 
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Notapor carpinto el Dom Feb 04, 2007 1:21 pm

No seais tan críticos, que el hombre se ha tomado la molestia de pensar y escribir. Aunque me temo que ha puesto alguna pieza de la lavadora mal o el coche que ha desmontado, ahora la marcha atras coincide con tocar el claxón. :lol: :lol:
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Notapor Elena_Catalan el Vie Mar 02, 2007 12:08 am

Yo tampoco lo pude leer entero es soporífero y se le da muy bien hacer que al lector se le disperse la atención.

Pero bueno yendo a sus primeras líneas de conclusión sobre el arte
“Mi conclusión es que el arte, esa actividad que suele
verse como decadente o en decadencia”

Decante el arte como algo decadente… Bueno supongo que si que es la imagen que nos venden a todos del pintor como un ser bohemio, decadente, borracho y polémico que se arrastra por las calles de Paris y pone el alma en grito ante la incomprensión de sus semejantes.

Cuando en realidad en muchos no ha sido así menudo taller tenia Miro, como iba a ser decadente este hombre con todos los metros cuadrados que poseía llenos de luz para pintar en Mallorca y en medio de la naturaleza. Y más hoy con la idea esa de los apartamentos de 30 metros que nos quieren vender. O Dalí o Picaso que tampoco creo se murieran de hambre.
Lo que ocurre que muchos pintores que no han sabido trasmitir con sus obras viendo que otros grandes artistas decadentes como Vang Gogh o poetas como Baudelaire, escritores como Poe, Oscar Wilde, han sido admirados por su decadentes vidas han creído que esto era una panacea olvidando los pintores o escritores, músicos o lo que sea que fueran que les siguieran que estos grandes artistas también lo fueron por la capacidad trasmisora de emociones de su obra. No eso no lo pensaron se dijeron si lo que vende es la decadencia seamos decadentes y así les fue claro si su obra no trasmitía y encima resultaban insustanciales como persona… vamos que de artesanos borrachazos no pasaban.
Y ahora hemos pasado directamente a que ya no el llamado artista (Que es de lo más Fashion gafa pastosos pero igualmente hueco que vive en un loft con reversiones plastificadas de los 80) si no la obra sea lo decadente, pero decadente igualmente sin el elemento de transmisión alguno, por mucho que una frase de dudosa inspiración escrita en un rotulo junto a la obra trate de ayudarnos a discernir que una bolsa de basura de una instalación no es una bolsa de basura sino que es arte.

Cuando uno+uno son dos. Mentes huecas en personas sin sustancia = a que cualquier cosa que toquen o hagan no sea más que algo hueco y sin sustancia acompañado de rotulo explicativo. Lo que vendría a ser lo mismo, retomando el hilo del tal César Aira, que cadena de montaje donde se hacen coches en serie. El arte como factoría, solo que encima el coche al menos es útil y una bolsa de basura en medio del salón estorba a la vista y es una autentica guarrada por no decir una mierda.
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