Dado que las Navidades se acercan y los Reyes Magos (o en su defecto Papá Noel) nos van a traer esa reflex digital que tanto esperábamos, he creido conveniente escribir un poco sobre fotografía.
Comenzaré con la historia que le ocurre a todo el mundo. Estás en casa ante tu cámara nueva aún embalada. Rápidamente la desembalas, le colocas el objetivo, la tarjeta flash no entra, no entra, ¡ah, es en la otra posición!, le insertas la batería, te enganchas la correa al cuello, suspiras, pulsas el botón de encendido y ¡funciona!
No pierdes tiempo alguno para hacer la primera foto; es una foto a la habitación donde estás, apuntando levemente al suelo, con flash porque el modo automático así lo ha querido (¡qué bien saca las fotos!). Las siguientes fotos son, en este orden: foto a la palma de tu mano izquierda, autoretrato con flash frente al espejo y foto a la mascota (si es que tienes). En pocas horas te ves en la calle con la cámara, a la búsqueda y captura de imágenes.
Cuando vuelves a casa, descargas la flash al ordenador y contemplas tu obra en todo su esplendor. Esta no, esta regular, esta otra tampoco... ¡qué foto más bonita! Es una foto a una farola en la calle Melancolía. Te ha salido un poco movida, no está nítida, amarillenta por la iluminación artificial, quemada en la zona de la bombilla, descuadrada y con una composición poco interesante. Pero tiene un nosequé que te gusta y tú, que eres artista, sabes bien que todo lo que haces es arte, pura expresión. Además, al haber perdido detalles por estar movida parece haberse abstraido un poco, ahora es puro concepto, ya no es "una farola de la calle Melancolía" sino "La Farola" en mayúsculas, la luz en la noche. El progreso tecnológico. La esperanza humana. ¡Qué gran obra!
La decisión ya está tomada; el mundo debe conocer y disfrutar de una obra tan maravillosa que te hace plantear seriamente si ha sido sólo fruto de tu talento o inspiración divina. Entras en internet a esa página donde publicas tus obras y allí cuelgas "La Farola" a la espera de tu tan merecido reconocimiento y aplauso. Más tarde vuelves a visitar la página y... ¿¡qué ha ocurrido!? ¿¡Por qué estos votos y comentarios negativos!? Meditas y meditas hasta que llegas a la única conclusión razonable: "Tendría que haber usado Photoshop para retocarla".
Este texto podría finalizar en el párrafo anterior, pero me gustaría añadir que si bien la fotografía comparte muchos rasgos técnicos y estéticos con la pintura y que por tanto es más fácil aprender para un buen pintor que para alguien que empiece de cero, no hay que olvidar que la fotografía también tiene su propia técnica que hay que aprender para realizar buenas fotografías. Y no es una técnica que se aprenda en un día o dos, requiere de mucha práctica y mucho tiempo, probablemente tanto como el que se tarda en aprender a dibujar y a pintar. Y no, usar Photoshop bien no es fotografiar bien. A veces, por desgracia, parece que nos olvidamos de ello...









