Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Pastilla azul


Antonio López, María Moreno, Julio y Francisco López Hernández, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y Amalia Avia.
Museo Thyssen-Bormenisza.
22 de mayo de 2016.

Con esta nueva aproximación a Antonio López y los realistas madrileño, Guillermo Solana posiciona al museo Thyssen-Bormenisza como punto de referencia de la figuración pictórica en España.

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La pastilla roja es el dispositivo que te permite desconectar de la realidad de Matrix en la ficción creada por Lana y Lilly Wachowski, antes Andy y Larry. Al igual que Neo, el protagonista del film, descubre evidencias que le hacen dudar de la realidad que percibe, en el cuadro Lavabo y espejo (1967) de Antonio López  –reproducido en la portada del catálogo Realistas de Madrid– podríamos enfrentarnos, en cierto sentido, a un fallo del sistema.

El comisario de la muestra, Guillermo Solana, aventura en su texto que la obra podría tratarse de un autorretrato invisible, ya que en el cuadro se representa todo lo que López veía excepto su propio reflejo2. La ausencia de su imagen provoca que emerja lo inquietante, ya que la ausencia de la imagen en el espejo es la paradójica representación, en palabras de Solana, de un doppelgänger. Pero, en este caso, querríamos referirnos al significativo espacio neutro que divide el cuadro en dos. Una solución que podría delatar las dudas de fe del artista en el Realismo al enfrentarse en esta obra a un problema de representación ilusionista: “Para haber creado unidad tenía que haber curvado todas las líneas de fuga; a mí eso, en aquel momento, me resultaba muy complicado, no me atreví, preferí quebrar, angular las dos partes. La parte de arriba con las líneas más paralelas, más de frente a mi mirada, estaban más a mi altura; y toda la parte inferior en fuga hacia los pies. Como una pared angulada era también algo imposible, lo corté, creé ahí un espacio neutro”3.

Este espacio neutro, resuelto mediante una superficie rectangular pintada de gris medio, es una discontinuidad que revelaría la incapacidad del ilusionismo al enfrentarse a determinados retos. A partir del año 1969 López, en su intento de aproximarse con una mayor precisión a la imagen retiniana, recurrirá a la perspectiva curvilínea para resolver los problemas de esta índole. Una técnica ya empleada desde principios del siglo XV por Jan van Eyck y popularizada por Escher en el siglo XX pero que, curiosamente, será codificada formalmente por Albert Flocon y André Barre en La Perspective curviligne4, un año antes de tomar esta decisión.

En el otro extremo, la muestra se cierra con Ventana de noche (2013-2015), la más reciente obra de Antonio López. En este cuadro, llevado por el deseo de expresar lo que el ojo ve, el pintor se aproxima a la imagen mecánica del ojo de pez a través del empleo de la perspectiva curvilínea. Deformará la ventana hasta hacerla circular situándose –a su entender– más próximo a Bacon que Velázquez: “Voy midiendo y las verticales se convierten en curvas, al final todo es un tejido laberíntico. El vértigo del mundo real aparece”5.

Pero López y sus compañeros han optado por la pastilla azul. A pesar de las dudas que le asaltan en la práctica pictórica, prefieren la seguridad que les ofrece el ilusionismo de una realidad que se deja representar mediante los parámetros establecidos en el Renacimiento. Este estereotipo, arraigado con fuerza gracias al la imagen mediática occidental al servicio del capitalismo, es comprendido por el espectador sin problemas. La popularidad del Realismo se basaría en el hecho de que la visión es un fenómeno cultural, tanto o más que físico y químico. Y, en este sentido, la ventana, como señala Serraller en el catálogo, es la clave: “Esta metáfora del arte como una visión a través de una ventana se convertirá en un tópico constantemente repetido hasta, por lo menos, los comienzos de nuestra época contemporánea, durante la que la visión en perspectiva se sentirá progresivamente como una insufrible camisa de fuerza”6.

Lejos de asumir la de-fenestración producida a lo largo del siglo XX, es como si estos artistas vivieran en un tiempo paralelo en el que el espectador se siente feliz. Exclamaciones como “una maravilla”, “el parecido con la realidad es asombroso” o “que bien hecho”, y otras por el estilo, se podían escuchar en el reportaje que emitía TVE con motivo de la inauguración de la exposición. Pero los realistas madrileños no están solos, el realismo es una tendencia que sobrevive y que sigue siendo el modelo empleado por la academia para formar a los artistas, en Arquitectura o Bellas Artes. Estrella de Diego7 se sorprendía recientemente debido a la persistencia de esta transcripción de la realidad “palabra por palabra” frente a la fotografía. Un hecho que atribuía a la búsqueda, por parte del espectador, de la destreza de la mano, de cierta habilidad artesanal, pero sobre todo a la continuidad con la tradición clásica. Su deseo de identificar una impresión de realidad que pueda entender: “esto es una nevera”. El Realismo vendría a representar, en cierto sentido, la pastilla azul.

Los realistas reivindican en su pintura una concepción de la realidad continua, estable y codificada según unas claves anacrónicas, que responden a las necesidades de una sociedad occidental capitalista regida por el orden de la imagen mediática. Michael Mayer8 en el catálogo de la exposición Máquinas de mirar reflexionaba sobre como la historia del arte corre en paralelo a la historia de la imagen desde que Leo Bautista Alberti propusiera la perspectiva como imagen. El modelo renacentista se presentará como una percepción presuntamente natural, sin embargo no existe conciencia de que la mirada occidental sobre el mundo está culturalmente codificada. La percepción es tan poco natural como el mundo que se muestra ante ella, y defiende una aparente objetividad que se hace pasar por el propio ser a pesar de tratarse de una visión monocular, limitada, estática e invariable. Un modelo que se ha visto reforzado por la aparición y desarrollo de técnicas analógicas y digitales de creación de imágenes, de la fotografía al ordenador. Porque, citando a J. L. Déote, no es el individuo el que inventaría la perspectiva sino que sería la perspectiva la que inventa al individuo. En su novela Me llamo Rojo9, Orhan Pamuk vaticina que todo el mundo entenderá bajo el concepto de imagen “eso que hemos creado”. La convención icónica del modelo europeo ha logrado imponerse gracias a su poder de fascinación frente a otras tipologías extraeuropeas e incluso al desmontaje de la imagen-ventana propuesto por la vanguardia histórica.

Si Carmen Laffón lideraba en Sevilla a los realistas, será Antonio López el que abandere al no-grupo de Realistas de Madrid, donde militan María Moreno, Julio y Francisco López Hernández, Esperanza Parada, Isabel Quintanilla y Amalia Avia. Los protagonistas de la exposición que presenta el Museo Thyssen-Bormenisza se posicionaron en el arte español tras la presentación en Frankfurt, en el año 1970, con la exitosa muestra Realismo mágico. Una pintura que cultiva la fidelidad a la realidad a través de una visión objetiva de corte intimista, según fue formulado por Courbet en el siglo XIX para negar el idealismo defendido por Ingres o Delacroix. Si Roland Barthes duda de que la imagen fotográfica sea lo real, sí podría tratarse de su analogon perfecto10. Y ahí es donde los realistas madrileños difieren de los fotorrealistas, defendiendo sus posiciones en intuitivos y acalorados ejercicios dialécticos como los recogidos, de un modo magistral por Víctor Erice, en El sol del membrillo (1992). Pintan lo que les rodea, su mundo, el mundo real, porque defienden que “no hay otro mundo”11. Representan una realidad que cambia a gran velocidad y a la que ellos se aferran y testimonian recurriendo a los géneros tradicionales –naturaleza muerta, bodegón, interiores, retratos o paisajes urbanos y rurales– para despertar la añoranza del espectador.

De todos ellos, posiblemente, ha sido López el que ha demostrado una mayor valentía al asomarse a lo desconocido e intentar comprender lo que veía. Y, por tanto, al que le han asaltado las dudas con más fuerzas. Así se explicarían sus radicales declaraciones de creyente que lucha por mantener la fe. Frente a la imagen como desgarro, como propugnará Georges Didi-Huberman, la definición platoniana de la imagen como velo que impide el acceso a la verdad. Sin embargo otros realismos o figuraciones, como la Nueva Figuración Madrileña, plantearon en el contexto español de la década de los años 1970 una alternativa a sus propuestas apostando por abolir las barreras entre lo real y lo imaginado mediante la construcción de una figuración postabstracta y antirrealista, sobre la que se desarrollará la Figuración Postconceptual12.

Matrix ha convertido las antagonistas píldoras roja y azul, en símbolos de la cultura popular y nueva metáfora sobre el cuestionamiento de la realidad o la ilusión de la ignorancia. Pero hay que tener en cuenta que es una elección que no tiene vuelta atrás, como advierte Morpheo a Neo. “Toma la píldora azul: el cuento termina, despiertas en tu cama y creerás lo que quieras creer” o “Toma la píldora roja: permaneces en el país de las maravillas y te mostraré qué tan profundo llega el agujero del conejo”13.

1 Wachowski, Lana y Lilly, Matrix, Warner Bros, 1999.
2 Solana, Guiilermo, “Una lenta conquista del espacio”, catálogo Realistas de Madrid, Madrid, Thyssen-Bormenisza, 2016, p. 22.
3 López Arribas, Francisco José, Antonio López García: El pintor retratado, Tomelloso, Soubriet, 1998, pp. 108-109.
4 Albert Flocon and André Barre, La Perspective curviligne, Flammarion, Éditeur, Paris, 1968.
5 De las Heras Bretín, Rut, “Antonio López: Soy más Bacon que Velázquez”, Madrid, El País, 4-2-2016.
6 Calvo Serraller, Francisco, “Ventanas”, catálogo Realistas de Madrid, Op. Cit., p. 57.
7 De Diego, Estrella, “Por qué nos gusta la pintura figurativa”, Madrid, El País, 10/09/2011
8 Michael Mayer, “un cambio de perspectiva”, catálogo de la exposición Máquinas de mirar. O cómo se originan las imágenes. El arte contemporáneo mira a la Colección Werner Nekes, Consejería de Cultura, Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), 2009.
9 Pamuk, Orhan, Me llamo rojo, Madrid, Alfaguara, 2003.
10 Barthes, Roland, Lo obvio y lo obtuso, Madrid, Paidós, 2009, p. 13.
11 Los realistas de Madrid exponen sus obras en el Museo Thyssen, Telediario, La 1, 5-2-2016
12 http://www.figuracionpostconceptual.com.
13 Wachowski, Lana y Lilly, Matrix, Op. Cit.


José Oliver. Universitat Politècnica de València.


+ Referencias y consulta:
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