Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Arco'14: El arte español en la (eterna) encrucijada


VV.AA.
Arco 2014.
Hasta el 23 de febrero de 2014.

Bien puede decirse: entre todos lo mataron y él solito se murió. Y es que en cada edición de ARCO, los hábitos patrios en cuestión de arte salen a relucir, se dan un garbeo y, después de su poso de foribunda negatividad, se vuelven por donde han venido. Ni más más ni más menos. Como el deporte nacional es echar por tierra cualquier cosa que destile cierta “elevación”, el arte, como no, es de los ámbitos peor parados en este deporte olímpico que tanto nos caracteriza. ARCO, como epitome de esto llamado arte, y debido a esta sintomatología de la sinrazón, nunca logra ser quien dice ser, o quien quiere ser o, incluso, quien le dicen que es. ARCO es –siempre ha sido- otra cosa, cualquier otra cosa.

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Cuando lo más sencillo era haber calificado ARCO, simplemente, como aquello que es (feria de arte), lo nuestro ha sido darnos de tortazos por ponerle el cascabel que más nos gustaba a un gato que no ha dejado de moverse y que, además de arañazos en el intento, nos ha dejado la sensación de batalla inútil, de tiempo perdido, de no haber sabido sacarle partido a la oportunidad que tuvimos. Quizá es que las cosas por aquí funcionan así: a partirnos la geta por cómo debe de sonar la orquesta sin percatarnos que el director de la misma está más que harto y apuntito de dimitir. O, quizá incluso, es que nunca hubo la más mínima posibilidad y todo forma parte de un tinglado-arte que se desvanece en cuanto se quiere tocar.

No sabemos qué pasa en otras latitudes, pero razón más que suficiente tiene la siempre acertada Rosa Olivares cuando señala el no entender “esa furia contra unas ferias que, en el peor de los casos, pueden ser simplemente prescindibles”. ¿Por qué nos cuesta llamar mercado al mercado, por qué lo nuestro es destilar pureza cuando somos lo menos parecido a un espejo donde reflejarnos, por qué nos rasgamos las vestiduras y exigimos, por parte de unos, menos elitismo, y, por parte de otros, mayor comprensión? Siendo falsas ambas posiciones, ARCO, como hemos dicho, ha sido, es y será, otra cosa.

Nos creemos los últimos guardianes del “arte” sin comprender que, el propio arte-feria, en su negatividad, en su producción capitalista, no es sino un momento efectivo del arte en su historia, en su desenvolverse, en su “como cada cual quiera decirlo”. Pertenece a la propia esencia del arte el quedar inscrito en la actualidad a un régimen de exposición que necesita, nada más y nada menos, de una feria de arte cada quince días.

Quizá lo que no nos mola nada es saber de primera mano que el arte pasa de nosotros, que, dicho claramente, no somos nadie. El arte, en ese esenciante “ir contra sí mismo”, traza su propia orografía marcando fronteras que, aunque nos empeñemos en tratar de derribar, siempre estarán ahí. Las ferias de arte están hechas para aquellos que no somos ninguno de nosotros: están hechas para los coleccionistas VIP, aquellos gracias a quienes el arte es lo que es y, por ende, sigue existiendo. Y es esto lo que no nos mola nada de nada, lo que tratamos de negar una y otra vez dándonos de cabezazos contra un muro. Acierta Rosa Olivares otra vez al señalar que, excluyendo a esos coleccionistas VIP que dan sentido al evento, “el resto, amigos, somos figurantes. Da igual si nos gustan o no las ferias, mientras vendan cumplirán su función y seguirán existiendo, nos gusten o no”.

Igual que, antes cuando perdíamos, cada españolito era un seleccionador nacional de fútbol, en esto del arte cada uno establece sus propias condiciones desde las que validar una feria mercantil del arte. Mezclando ingredientes hasta dar con la fórmula mágica que, como tal y por definición, no existe, se nos pasan los años sacando a flote la cabeza del arte para que otros se la partan.
Sea como fuere, está edición de ARCO, siguiendo la tónica de las anteriores, va ajustando su perfil para adecuarse a la que es y debe ser su labor: coleccionismo marcadamente español. Todavía nos acordamos de cuando se daban metros cuadrados al net-art, cuando venían las grandes galerías, cuando estaba todo cuajadito de capos como Hirst, Eliasson, Koons, etc, etc. Incluso la sección de Solo Objects ha sido educadamente retirada. Hoy ya no queda nada de todo aquello: ahora se sabe que jugamos para no descender y nuestra política ha de ser la de nadar y guardar la ropa. Así las cosas, decir que el perfil es medio ha llegado a no significar nada: el perfil es medio, y esperemos que así sea durante bastante tiempo, porque hemos comprobado es lo que más nos conviene.

Lo primero a destacar es que, si hacemos caso de las estadísticas, casi me atrevería a decir que los dos artistas españoles con mejor presente son Secundino Hernández y Ángela de la Cruz. De la segunda nos lo podíamos esperar (nominación al Turner incluida), pero el bombazo de los dos últimos años del primero tienes pinta de ser un big bang. Ambos copan numerosos stands, sobre todo de galerías centroeuropeas, que saben cuáles son sus mejores balas.

Lo segundo es la casi eliminación de cualquier atisbo de espectacularización en las piezas: esas obras que habrían telediarios por su “polémica”, esas obras que servían para ofrecer a los de fuera unja imagen deformada y aberrante de lo que se cuece dentro. Esta sobriedad en al puesta en escena se palpa incluso en los stands más serios, de galerías señeras españolas, que han dejado para mejor ocasión los fuegos artificiales. Ivory Press, galería que regaba su stand con efectos visuales, está de lo más comedido: las estupendas pinturas de Jerónimo Elespe es casi lo que más llama la atención El gran Eugenio Merino se conforma esta vez con unas máscaras de annonymous a lo Hirst. Los Carpinteros, también sutiles estrategas de lo visual, se contentan con un retrato de la Merkell. Así pues, el paseo, para aquel que solo quiere ver y comprender, se nos antoja un pelín sosaina. No obstante, cosas hemos sacado….

Para los que somos asiduos al panorama madrileño quizá lo más interesante sea ver obras de artistas españoles cuya presencia en el circuito es relativamente frecuente. Obra nueva u obra que, en la exposición de turno, quedó para mejor ocasión. Jacobo Castellanos en Beneveniste, Pablo Valbuena, Marlon de Azambuja o Almudena Lobera en Max Estrella, Carlos Aires y Nuria Güell en ADN, Ixone Sadaba en Juan Silió, MP&MP Rosado en Alarcón Criado, Ramos Balsa en Fúcares, Juan de Sande en Art Nueve, Mateo Maté en Nieves Fernández, Javier Arce en Hilger Modern Contemporary, María Loboda e Hiraki Sawa en Maisterravalbuena, José Dávila en Travesía 4 y Figge von Rossen (casi pegadas las dos), Greta Alfaro en Rosa Santos, Teresa Solar Abboud en Formato Cómodo, Fermín Jiménez Landa en Bacelos, Enrique Radigales en The Goma, Maíllo con otra instalación a colación de su última estupenda exposición de Ponce+Robles o Laida lertxundi en Marta Cervera.

De los -quizá, siempre quizá, que no se enfade nadie- más reconocidos cabe señalar el no perderse a Galindo en Helga de Alvear, Pep Agut en Angels Barcelna, Isidoro Valcárcel Medina en Adhoc, Cabrita Reis y Dora García en Juana de Aizpuru, Amparo Sard en Espacio Líquido, Néstor Sanmiguel Diest (Maisterravalbuena), Lozano-Hemmer en Max Estrella o Ana Laura Aláez muy presente en varias galerías. Y como uno no sabe ni conoce todo (gracias a Dios) hay que interesarse sin duda por la obra de Francisco Ugarte en Inés Barrenechea, Javier Vallhonrat en Pelaires, Itziar Okáriz en Moisés Pérez de Albéniz, Iñaki Bonillas en Niels Borch Jensen Gallery o Inmaculada Salinas en Espaivisor.

Y aunque la cosa es ser benevolente, y porque también no somos nadie, no hay que perderse la astracanada de El País con Ferrán Adriá o el espanto del stand de Chantal Crousel enterito para Sicilia. No sé si soy yo que le tengo atravesado pero esas cosas que nos enseñan no hay por donde cogerlas. En la otra punta, Ignasi Aballí, premio Ron Barceló por la soberbia exposición que creo todavía puede verse en Elba Benítez.

Punto y aparte son las cositas diseminadas que podemos ver de los grandes. No hay mucho, cada vez menos y todo de perfil medio-bajo, obra menor para el poder de nuestros coleccionistas. Pero entre todo se pueden ver dos o tres piezas de Boltanski (André Simoens), una espectacular de Dan Graham (Nicolai Wallner), el juego de las bolitas de Tomás Saraceno y el luminoso de Pierre Huyghe en Esther Schipper y un luminoso de Jenny Holzer en Javier López. Luego están los de siempre, Deacon y compañía, esas cositas… De Joana Vasconcelos hay también bastante, como cada año. Y Teresa Margolles, quizá por su exposición en el CA2M, también es bastante visible en la feria, en Mor Charpentier por ejemplo.

¿Y qué más? Hay mucho más, claro, pero para que esto no sea una lista sin fin solo señalaremos algunos que, por su calidad, su originalidad o lo que fuese habría que ver: las 99 puestas de sol de de Thomas Weinberger en Nusser & Baumgarten, una escultura del genial Rui Chafes (hasta hace poco exposición en Juana de Aizpuru) en Filomena Soares, Mangalno Ovalle en Christopher Grimes, el siempre siniestro Bene Begrado en Espacio Mínimo, Diogo Evangelista en Pedro Cera, la biblioteca infinita de Nicolás Grospiere en Alarcón Criado, el archivo infinito de Mark Dion en Crevecoeur o la pulsión de archivo de Umberto Manzo en Studio Trisorio, John Wood & Paul Harrison en la misma galería con un video para mondarse, Caio Reisewitz en Luciana brito, David Claerbout en Micheline Szwajcer, Carlos Garaicoa en Barbara Gross, o Javier Nuñez Gasco en Carlos Carvalho. En fin, la lista podría ser más numerosa, pero con estos basta para hacerse una idea de lo mucho que se puede ver.

Y de remate, el Focus y el Opening. Aquí está sin duda lo que más nos pudiera interesar. Aquí hay que pararse en seco, detenerse con cada propuesta, reflexionar, disfrutar. Sin duda la lista de lo que hay que ver sería amplia, de hecho hay que verlo –casi- todo. Pero lo que de ningún modo me iría a casa sin haber visto sería los siguiente: en el Focus, Nancy la Rosa (80m2), Pablo Rasgado (Steve Turner), Diego Bruno (Mirta Demare), Marlene Stamm (DConcpet), Santiago Borja (Proyecto Paralelo); en el Opening sin lugar a dudas Adriá Juliá (DanGunn), Chiara Camori (SpazioA), Laura Lamiel (Marcelle Alix).

En fin, si les gusta el arte, si pueden ir, vayan. No se dejen amedrentar por los agoreros de turno. El arte no está en las ferias, pero mientras le esperamos, pocos sitios hay mejores para amarlo y odiarlo a partes iguales. Incluso, tal y como pintan las cosas siempre podremos decir aquello de “yo estuve en la última edición de ARCO…”. Que no es que lo vaya a ser, pero por si acaso.


Javier González Panizo


+ Referencias y consulta:
Libros de Javier González Panizo
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