Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

El tránsito pictórico de Luis Fega


Luis Fega.



Luis Fega (Piantón, Asturias, 1952) es uno de los pintores abstractos más relevantes del arte español de la generación posterior a la de la escuela informalista del grupo El Paso. A tres décadas de su primea exposición individual, y después de haber atravesado distintas etapas (algunas de las cuales, como al comienzo de su carrera le aproximaron a una figuración de carácter expresionista), sus obras de la última década han prescindido, las más de las veces, del trabajo matérico de las superficies para centrarse en el desarrollo autómatico de una pincelada gruesa, espontánea, de honda expresividad.

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El procedimiento creativo que habitualmente sigue Luis Fega es pictórico, aunque no únicamente. Fega se sirve de telas que prepara con una imprimación plástica que permite homogeneizar la textura de aquéllas, consiguiendo el alisamiento de las rugosidades y el entramado textil. Adquiere así un acabado en el que la mano se desliza con voluntaria fluidez. Sobre esta superficie tersa aborda composiciones variadas. Abundan las constituidas por campos de color geométricos, o bien gruesas bandas que recorren la pintura de parte a parte. Pueden éstas ser de colores planos o bien sometidos a gradaciones tonales e irregularidades de textura por la presencia voluntaria de grumos en el pigmento. Por último, resulta una constante en su obra la profusión de una pintura, mayoritariamente negra, pero que de acuerdo al fondo puede ser blanca o roja, y muy diluida, extendida con brochas, mediante cuya emisión, Fega consigue el aspecto gestual y automático que caracteriza a su producción. La pintura que emplea Fega es tan líquida que para su trabajo el pintor ha de trabajar sobre el suelo. De lo contrario la superficie no sería sino un laberinto de densos chorretones opacos. Fega se tiende sobre la tela, una práctica que, salvo por la escala de sus soportes, tiene más que ver con la disposición del pincel perpendicular al plano de la caligrafía oriental que con la tradición occidental de la pintura de caballete. La elección de su modo de pintar, así como la de sus materiales y los tratamientos a los que somete a éstos obedecen a una misma voluntad: la de someter su oficio al automatismo. Sus trabajos comunican una vitalidad desbordante, un sentido anhelo de comunicación, que no resulta monótono o impostado. Así, es posible apreciar en algunas de sus series un carácter festivo y más placentero en sus pinturas más sintéticas, caracterizadas por su fondo neutro de colores planos o bien por compartimentaciones de campos cromáticos de la misma naturaleza, sobre los que procede al trazado continuo de una línea caprichosa próxima en ocasiones a una figuración caricaturesca mediante la ininterrumpida aplicación de una pintura que sale directamente de un tubo sobre el que ejerce presión. Pero Fega es fundamentalmente un pintor que ha adquirido en su trabajo cotas fabulosas de expresión cómplices con el carácter dramático de las autoridades del arte expresionista abstracto. Una articulación que ha logrado en ocasiones un acontecimiento de lo sublime, como en su, probablemente, obra más asombrosa, Agudelo (1997, acrílico sobre tela, 235 x 235 cm) que podría situarse entre las más excelsas producciones pictóricas abstractas del último cuarto del pasado siglo.

Durante los últimos años, Luis Fega, como en una traducción tridimensional del carácter compartimentado, estructurado y violado de sus composiciones, ha procedido al desarrollo particular de una cierta forma de bricolaje. Si la pintura es el espacio privilegiado de la experimentación de Fega, sus recientes investigaciones plásticas le han conducido al trabajo en tres dimensiones, para el que se sirve de fragmentos de materiales heterogéneos que ensambla y sobre los que finalmente se pronuncia con sus brochas. Esto le permite afirmar tridimensionalmente la forma de estructurar sus composiciones pictóricas. Si bien anunciada con una pequeña serie de ensamblajes de reducidas dimensiones que presentó en una exposición madrileña en 2002 (en la galería May Moré), el desarrollo de esta práctica alcanzó unas peculiaridades sobresalientes en un cuerpo de obras que denominó “todo es parte” y que presentó en abril de 2003 en una exposición homónima. Acaso la característica más notable sea que para sus obras Fega se sirvió únicamente de los materiales que encontró en el interior de las dependencias del espacio en el que la obra se iba a exponer (Centro Municipal de Cultura de Alcorcón, Madrid), una práctica que ha realizado, por ejemplo, habitualmente para sus instalaciones el artista alemán Reinhard Mucha (Dusseldorf, 1950), quien configura enormes esculturas mediante el ensamblaje del mobiliario y otros materiales recolectados del interior de las mismas sedes en que se expondrán sus obras. Luis Fega trabajó en estos ensamblajes durante diecisiete días. Una tarea que le llevó a romper la bidimensionalidad del soporte para exceder los límites de su reflexión sobre los propios límites. Si, como anunciaba el título de la exposición, “todo es parte”, nada basta. Los materiales de los que se valió para su afirmación creativa constituían fragmentos, desechos de madera, telas y cristales satinados, traslúcidos, que no transparentes, que empleaba al modo de las veladuras que abundan en su pintura. Mediante aquellas ruinas, Fega se rendía a las particularidades de una biografía. Un encuentro, una alteridad que sólo, como siempre, es penetrable desde la humildad. “El tiempo hace las funciones de un ayudante de taller, con la ventaja añadida de que en vez de trabajar como aprendiz, lo hace como maestro”, afirmó Luis Fega al respecto. La sencillez y la sensibilidad de esta declaración servirían por sí solas para disipar la ilusión de impostura alguna en la obra de este maestro.



Julio César Abad Vidal


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