Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Gillian Wearing


Gillian Wearing
IVAM
Hasta el 24 de septiembre de 2016

Desde 2001, nombres como el de la británica Gillian Wearing no asomaban en el panorama artístico español, hasta el pasado 24 de Septiembre, día en el cual el Instituto Valenciano de Arte Moderno inauguró una exposición individual, comisariada por la crítica y profesora de arte Sacha Craddock, de la galardonada por el Turner Prize en 1997 y miembro del grupo del artistas contemporáneos YBA.

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La muestra, que permanecerá abierta hasta el 24 de enero, presenta una retrospectiva de Wearing desde los años 90 hasta la actualidad. Se pueden ver ocho instalaciones, una escultura y once fotografías. Desde sus primeros y más aclamados trabajos, como Signs (1992), hasta su última pieza Rock 'n' Roll 70 (2015). La inauguración se inició con una conversación entre la artista y la galerista Maureen Paley. Durante la charla se presentaron y explicaron algunas de las claves y conceptos presentes en las quince obras que completan la exposición, así como la visión de Wearing y sus intenciones, que dio a conocer a través de sus tímidas y escuetas intervenciones, y la relación artística entre ambas ponentes. La contextualización de la artista fue un tema recurrente durante la conversación. Wearing y Paley se conocieron a través de una muestra del grupo Young British Artist en la cual la galerista fijó su atención en las fotografías que documentaban la acción de Signs that say what you want them to say and not signs that say what someone else wants you to say (1992).
A través de las piezas, en su mayoría videoarte y fotografía, que muestra el IVAM Wearing se presenta como un ente que contempla, escucha y traduce en obra física. En una sociedad en la que prima el individuo y apenas existe un sentimiento de relación y compromiso emocional a nivel global o con el entorno, Gillian Wearing trabaja las identidades y comportamientos ajenos y lo documenta desde una perspectiva colectiva donde todas y todos los personajes, a pesar de sus historias particulares, se muestran a un mismo nivel.
Wearing desarrolla y reflexiona sobre las identidades, tal y como hizo desde el ámbito de la psicología Erving Goffman en su libro La presentación de la persona en la vida real (1959), en el cual teoriza sobre como el ser humano desarrolla su identidad: qué es aquello que muestra y cómo lo muestra, la forma de actuar de estos en la vida cotidiana y las distintas formas de mostrarse hacia el resto. La artista afirma que las personas muestran su auténtico yo cuando llevan máscara. (“Dales una máscara y te dirán la verdad”, Orson Wells). De este modo la máscara constituye una de las formas más significativas de toda su producción, ya que a través de ella Wearing inicia un conflicto entre lo oculto y lo que se muestra. Esta contradicción desnuda psicológicamente a los sujetos que intervienen en su piezas mostrando sus verdaderas identidades. Las experiencias traumáticas también son un factor de peso en su línea artística, ya que suponen el punto de inflexión entre la experiencia de las participantes detrás de la obra y la recepción de quien la contempla, en la cual se establece un contacto emocional entre el concepto de individuo y el espectador.
En Secrets and Lies (2009), obra que recoge los dos factores nombrados anteriormente, las y los protagonistas acceden a compartir sus temores e historias traumáticas cubiertas con este disfraz que oculta sus rostros y protege sus identidades, creando una especie de confesionario: un espacio únicamente patente a través del video (obra) donde ellas y ellos pueden encontrar la oportunidad de desnudarse emocionalmente y mostrar sus temores; como intentando purgarse de sus miedos y sus pasados.
Este acercamiento personal e íntimo con el retratado en las obras simboliza una aproximación general respecto a la sociedad. A parte del trato existente y patente en el resultado final de la obra, Gillian Wearing utiliza esta aproximación como parte de la fase de producción. Como ella misma explica sobre Drunk (2000), en la cual graba a un grupo de alcohólicos que vivían en la misma zona que ella, el proceso de documentación previo y análisis sobre la situación personal de las personas que intervienen en la obra se convierte en un hecho fundamental de la pieza: Wearing se centra en las situaciones personales de los retratados (entorno, familia, rutina, etc.) durante un periodo de tiempo determinado, concluyendo en una intervención mínima de la artista sobre el proceso de producción, traducido en este caso en limitarse a grabar unas acciones totalmente improvisadas y naturales de las y los protagonistas. Es decir, contemplar y mostrar la realidad de los sujetos desde la mirada de alguien que ha analizado y entiende las acciones de estos.
Pero Wearing no solo trabaja desde la posición de confidente, si no que también experimenta en las relaciones sociales desde su posición y el entorno que lo rodea, acentuando la posición de autora como sujeto presente en la producción. Tal y como muestra en Album (2003) la artista explora en qué medida es nuestra identidad un fruto genético, biológico, social, cultural o psicológico, jugando con la exterioridad y la intimidad. Gillian Wearing se disfraza de sus familiares y referencias artísticas utilizando la escenificación y la artificialidad al estilo de Cindy Sherman o Man Ray, pero permitiendo el error: dejando al descubierto sus ojos, haciendo de estos un elemento delatador de su verdadera posición e identidad sobre el retrato. Esta experimentación con su propia imagen también la relaciona con el tiempo. En Rock n’ Roll 70 (2015), obra que se presenta por primera vez al público, la artista muestra autorretratos retocados con un aspecto futuro, exactamente la imagen que espera tener con 70 años de edad, con un aspecto que se asemejara más a una estética determinada, como ejemplificó con Patti Smith. La obra, rodeada de otros montajes del aspecto futuro de la artista, acentúa el misterio dejando un hueco para completar la pieza con una fotografía real de ella con la edad con la que se recrea (“Este es mi Dorian Gray, que no está bajo llave en el ático, si no a la vista del publico”).
Otro de los puntos donde focalizar la atención es el uso del soporte del video. Sus videoinstalaciones, las cuales tienden hacia un estilo documental, debido a la gran influencia que la telerrealidad ha influido en su visión. Haciendo una tarea antropológica, Wearing vuelca su interés en desglosar la cotidianidad y sus conflictos, desentrañando la falsa apariencia de normalidad en lo cotidiano y enseñando aquello que nadie quiere ver, como representa en trabajos como The Unholy Three (1995-1996) o 2 into 1 (1997). También nombramos el carácter cinematográfico, ejemplificado con Self made (2010). En esta obra audiovisual Wearing propone una recreación fílmica de un episodio traumático. El o la protagonista de la vivencia tiene la oportunidad de dirigir una representación del momento y una vez configurado el marco de esta experiencia, poder introducirse en él y enfrentarse a este. Así se muestran las reacciones y como los traumas definen sus comportamientos, y lo expresa de una forma cercana y reconocible por todo el público; interpretación a modo de película narrativa.
Cabe destacar la presencia de Signs (1992), su obra más famosa y representativa, de la cual se muestran tres imágenes de gran formato. Esta pieza también pone sobre la mesa la relación entre individuo y sociedad, y la muestra de los pensamientos de los personajes desde una recogida documental de sus reflexiones y afirmaciones.
En definitiva una muestra que recoge y resume la intención y la dirección de la mirada de la artista hacia una forma de concebir el concepto de individuo y la identidad que le acompaña centrada en un mundo donde estas ideas se suprimen ahogadas dentro de un contexto general y colectivo como es la sociedad. Wearing se ofrece para pausar este frenético sofocamiento del sujeto, y se presta a escuchar y a formar parte de una confidencia necesaria para aquel que lo necesite o esté dispuesto. Obras como paréntesis para el espectador. Pero Gillian Wearing, a pesar de sus técnicas y procesos de producción simplemente muestra como la observación y la muestra de lo observado se puede convertir en un componente que despierte cualquier tipo de sensación en el espectador, por muy evidente que resulte aquello analizado. Una pausa para verse a uno mismo a través de los testimonios ajenos.


Belén Bru y Santiago Fernández.


+ Referencias y consulta:
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