Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Cuando el pintor es soberano


Joël Mestre.
Galería My Name's Lolita Art.
Hasta el 12 de enero.

Bajo el título "El vecindario se moviliza" se presentan en Madrid los recientes trabajos del artista neometafísico.

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En estos días convulsos en los que, más que nunca, la sospecha se cierne sobre la realidad la movilización se generaliza. Y es que la vecindad por fin comienza a despertar y tomar conciencia sintonizando en una honda en la que el arte lleva emitiendo desde sus orígenes. Es en este contexto en el que se inserta la obra de Joël Mestre, autor que defiende la práctica de la pintura como un mecanismo sensato, aunque frágil, para el conocimiento como revelaba el título de su último libro Cuando la verdad nace del engaño1. En él reflexiona sobre las posibilidades de este tradicional medio artístico frente a los nuevos medios: “Se ha equiparado a menudo la pintura a la categoría de pensamiento, sin embargo la impresión es que tiene una naturaleza genuina, pero un resultado débil e incapaz en el contexto social comparándolo con otros mecanismos de mayor calado racional y analítico. El pintor se ha convertido en el mejor de los casos en una especie de analista entre la tradición, la tecnología y la información de los mass-media”2. La naturaleza, la tecnología y la cultura son tres pilares conceptuales que se adivinan al analizar la obra de Mestre, baste recordar los títulos de algunas de sus exposiciones más representativas: Los balcones de Telópolis, Walden o El espectador. Pero si nos centramos en el caso que nos ocupa –la exposición que se presenta estos días en Madrid– destacaríamos, por su compleja naturaleza y capacidad de evocar este pensamiento frágil, la obra Pecio nacionalista. Desde hace un tiempo sabemos que el autor está inmerso en un proceso de relectura de su propia trayectoria. Podríamos recordar someramente sus diversos periodos a través de una apócrifa codificación cromática, si en los años noventa se dio a conocer por su característica gama monocroma verde eléctrica, ésta evolucionó a los naranjas y marrones hasta integrar los rojos al final de la década y recientemente el azul. Pero volviendo a la pieza Pecio nacionalista, podríamos entenderla como una especie de pieza-resumen o pieza-antológica ya que, además de las diferentes claves cromáticas señaladas, encontramos en ella elementos iconográficos habituales en su variado repertorio. Y aquí debemos prestar atención a la relación de Mestre con Rafael Sánchez Ferlosio, ya que el concepto de pecio procede de la terminología del ensayista, y en referencia a estas claves ha señalado que la obra del pintor no aspira más que a ser en el mejor de los casos “el resto de un naufragio, los pecios de una idea cuya dura y larga travesía apenas nos deja una pequeña dosis de conocimiento”3. Este pecio nacionalista –quizá en alusión a la defensa de su soñada Marvazelandia– sobrevuela solemne el horizonte cuestionándonos sobre nuestra naturaleza como espectadores. También encierra, posiblemente, un guiño a la naturaleza híbrida de las islas flotantes de su admirado Alberto Savinio. Y si hablamos de referentes y pensamiento debemos señalar las nuevas vías abiertas entre ensayo literario y pensamiento pictórico gracias a la ingeniería de Juan Benet. Mestre aborda la obra de Benet como un referente de aventura y emoción intelectual, en el que el lector queda atrapado por su aparataje literario inusual con el que el autor se enfrenta a la representación de la realidad4. Y todo ello, a pesar de que el autor es consciente de que el tránsito por estos caminos en los que la pintura mira hacia los medios de comunicación, la tecnología, la filosofía, y la literatura, la economía, la sociología o la política, hace que muchos se revuelven pensando que “burlamos el oficio”5. Mestre se refiere así a la complejidad de su obra que, lejos de responder a unos planteamientos retinianos, defiende una actitud postmoderna próxima al fenómeno de la Figuración Postconceptual y su empeño en redefinir la pintura figurativa española.

En referencia a la verdad y el engaño, encontramos en esta exposición referencias a técnicas que han jugado desde su origen con nuestra percepción y sus límites. El clarooscuro, la taxidermia o la fotografía son estrategias que han cumplido, a la perfección, la misión de hacer creer al cerebro que aquello que el ojo veía era verdad. Y no sabríamos concluir si la intención de Mestre es tanto desvelar el doble fondo que se esconden tras las convenciones como compartir una duda razonable sobre la naturaleza de la realidad, pero desde luego su propuesta invita al espectador a adoptar una actitud reflexiva.

En esta muestra podemos definir tres líneas argumentales atendiendo a la naturaleza figurativa de la pintura. No nos atreveríamos a hablar de temas, ya que se nos antoja difícil desvelar lo que se nos cuenta en cada una de las piezas, más bien las definiríamos como tres rutas pictóricas: el plató, los pájaros y el paisaje ferroviario.

El plató, presidido por una mesa escultórica, es el escenario donde representar la realidad diaria y las figuras de los presentadores se alinean, para esta imagen promocional, como si del saludo final de una compañía teatral se tratara. La virtualidad tecnológica del plató televisivo es el nuevo teatrillo y los medios de comunicación la actualización de los frescos medievales

Los pájaros se presentan congelados de un modo u otro, cazados en pleno vuelo. Los simulacros responden a la instantánea, el carboncillo o la taxidermia, registros que representan a la lechuza, la cacatúa y los gorriones aparentemente vivos, aunque nada es lo que parece como recordaba insistentemente David Lynch en su mítica serie Twin Peaks (“la lechuza no es lo que parece”). Si el cineasta utilizaba a la rapaz como vehículo para articular el paso entre espacios temporales, Mestre podría usarla también como elemento articulador al igual que los carboncillos encontrados o la instantánea del misterioso ritual de cortejo. Una estética enfrentada al progreso y la tecnología, que nos recuerda a sus visiones de Walden, aunque más barrocas y exóticas.

El paisaje ferroviario nos presenta unas metafóricas bocas de túnel abandonadas y abiertas a profundas estructuras rizomáticas. Mestre señalaba refiriéndose a su admirado Mark Lombardi que “La organización esquemática de los datos y la información sobre el papel nos permite deambular en un campo cuya extensión no queda definida”6. Pero en esta ocasión podría aplicarse a los recorridos marcados en su cartografía muda donde se alteran la señalética y los simulacro de vuelo. Hoy podríamos estar frente a tres bocas de estos túneles, puertas fronterizas abandonadas en los Pirineos. Y siguiendo con Lombardi afirmaba que el carácter rizomático de sus diagramas “debemos interpretarlo como una invitación a proseguir el mapa y no dar necesariamente por concluida la lectura de ninguna de esas parcelas de la realidad”7. Quizá sea esta técnica de personajes interpuestos una de las habilidades del autor para que, a modo de tímido ventrílocuo, nos desvelen sus claves.

Siguiendo sus indicaciones me introduzco por uno de estos pasadizos que Mestre presenta, y me dejo llevar sin prejuicios. Cómo si de un viaje virtual en un moderno simulador aéreo se tratara navego por mis pensamientos. Los bocadillos que aparecen en estos cuadros me llevan al recuerdo del cartel de la exposición Abstract comic ilustrado por la obra Eggsplosion de Michel Majerus. La muestra celebrada en el MOMA en el años 2007 proponía una selección de diálogos entre los modelos de representación del arte abstracto y el comic. La inclusión de elementos del comic como una puerta de entrada de la cultura de masas al campo del arte responde a las estrategias de una batalla iniciada por los artistas pop, que encontró su mayor relesonancia en los posicionamientos postmodernos. Cuando se asocia a Mestre con el arte Pop pensamos que es por esta vía por la que conectan sus intereses. La imagen de la cultura popular está tan grabada en nuestra conciencia que a pesar de la supresión total o parcial de su iconografía es siempre reconocible. Pero ¿Que vendrían a representar unos bocadillos mudos? ¿Qué interpelan estos bocadillos de color naranja o verde? Si Majerus en su Eggsplosion maciza la viñeta en monocromo y vacía la viñeta, en la obra de Mestre el relleno del bocadillo sobre fondo blanco, o mejor, el vacío del papel virgen da paso a unos macizos monocromos. Una compleja equivalencia palabras/color que abre un nuevo túnel de pensamiento. En cierto sentido a través de este acto juguetón las formas abstractas ocupan el lugar de los mensajes mediáticos, proclamando un manifiesto mutismo: el silencio de las abstracciones cómicas. Otros ejemplos de esta contaminación abstracta son la aparición de formas cercanas a la abstracción geométrica, como pueden ser el objeto no identificado que aparece en la serie sobre el plato de televisión. O la mesa del telediario, más propia de una película de ciencia ficción que de la escenografía desde donde nos ofrecen tres veces al día el repetitivo relato de la realidad.

Aunque si profundizamos en la relación de Mestre con el Pop Art descubriremos que no solo procede de la contaminación iconográfica propia de los media, también vienen marcadas por el uso de materiales y técnicas propias de la revolución tecnológica. El uso del temple vinílica imprime cierto carácter a su obra, que la aproxima a lo tecnológico y a la idea de progreso defendida por la modernidad. Pero la propuesta de Mestre encaja más bien dentro del espíritu contradictorio y complejo de la filosofía postmoderna, ya que estas aspiraciones de contemporaneidad se entremezclan con la defensa de una imagen poética y silenciosa que poco o nada comparte con la ruidosa imagen mediática. Recordemos el ave protagonista de la intrigante Neofobia. La naturaleza y la tecnología se interseccionan también en Cabeza de lobo. Otro híbrido que explora los límites de la figuración. Ni realista ni abstracta, sino transitando el territorio fronterizo abierto por los llamados realismos de entreguerras. Una figuración heterodoxa donde el artista es soberano y el placer intelectual se equipara al puro placer de las formas. En esta ocasión se podrían adivinar reflexiones acerca de las esculturas del minimalista Fran Stella, que se presentaron recientemente en el IVAM bajo el absurdo título Del rigor al barroquismo. Un barroquismo en las composiciones del que Mestre huye, irónicamente, a través de complejas estrategias compositivas. 

1Mestre, Joël, Cuando la verdad nace del engaño, UPV, Valencia, 2007.
2Op. cit., p. 43.
3Op. cit., p. 43.
4Catálogo de la exposición La vecindad se moviliza, Madrid, My Name´s Lolita Art, 2012.
5Mestre, Joël, Cuando la verdad..., p. 43.
6Op. cit., p. 30.
7Op. cit., p. 30.



José Oliver


+ Referencias y consulta:
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