Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

La pintura conceptual de Begué


Sigfrido Martín Begué.
Fundación Chirivella-Soriano.
Hasta el 2 de junio de 2013.

Es difícil, a primera vista, descifrar cual es el lado valenciano de Sigfrido Martín Begué que anuncia esta exposición. Un artista alineado en el bando duchampiano contra la tradición impresionista y el arte retiniano, tan arraigado en la ciudad. No en vano podemos considerar a Begué como uno de los más grandes representantes de la Figuración Postconceptual española. Aunque si hacemos memoria recordaríamos que su afilado bisturí sí que se ocupó de diseccionar la cultura valenciana a través de una de la mas emblemática y mundialmente famosa máquina crítica: La Falla. Pinochada universal fue el título de aquel experimento en el que se alió con sus más queridos nexos de unión con Valencia: el crítico de arte Vicente Jarque y el artista fallero Manolo Martí.

                   clic para ampliar
Vicente y Sigfrido habían sido, hasta su prematura muerte en el año 2010, compañeros en la Facultad de Bellas Artes de Cuenca. La complicidad del crítico con el artista se ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones y ahora, comisariando la muestra que se presenta en la Fundación Chirivella-Soriano, de un modo más entrañable si cabe. Gracias a un profundo conocimiento de su obra, Jarque nos ha ofrecido los textos más reveladores, no solo sobre su pintura, sino sobre toda una corriente pictórica española próxima a los valores defendidos por Begué.

Por otro lado, la colaboración con Manolo Martí surgió a principios de la década de los años 1990, a raíz del encargo para el espectáculo Los divinos, en las que el maestro dio vida a los diseños de Begué. Más tarde vendrían los muebles para el 150 aniversario de Loewe, y para cerrar la década acometieron los experimentos arquitectónico-escenográficos para la exposición Arquitecturas de actualidad. Pero como señalamos, será a principios del siglo XXI y en formato trío, Martín Begué-Jarque-Martí, cuando culminó esta relación del pintor con Valencia, en la que se cimenta fundamentalmente la presente muestra, en merecido homenaje. Begué no solo se comprometió en el proyecto con sus asiduas visitas a la ciudad a lo largo de los meses de su desarrolló para implicarse en su ejecución, sino también participando con sus aportaciones en la reflexión del futuro del monumento, más allá de las propuestas rupturistas presentadas anualmente bajo el paraguas de la denominación de Fallas Experimentales. En palabras de Jarque: “La falla de Na Jordana no era solo una falla: era una suerte de epítome paradójico de lo que Sigfrido había estado haciendo durante años”1 . Pero sobre todo fue una gran demostración de su ingenio para integrar eficaz y funcionalmente la alta cultura y la cultura popular, como buen creador postmoderno. Una característica que podría unirlo a otra tradición pictórica valenciana, esta vez vanguardista: el Pop Art de Equipo Crónica. Pero si Valdés y Solbes respondían a consignas políticas, los propósitos de Begué rondaban lo estético-filosófico al “establecer nexos entre el concepto y la imagen”2. Pero, como afirma el comisario de la muestra, estas creaciones que vinculan a Sigfrido Martín Begué con Valencia no dejan de ser complementarias a la pintura, su verdadero centro de operaciones y disciplina sobre la que se desarrolla toda su línea de investigación.

Si nos centramos en la exposición, esta antología de su última década, se presenta en el Palacio de Variola bajo seis secciones de coherencia desigual. Para comenzar, nos recibe en la entrada El Cid, la macroescultura más valenciana de la serie para el espectáculo Los divinos. Las Euromeninas, última colaboración con Manolo Martí, consistente en un ingenioso teatrillo en el que vuelve a batir el espacio velazqueño con los conceptos duchampianos. El cine, dónde se expone someramente su relación con Molina Foix y Almodovar. Los muebles de Loewe, quizá la aportación más sorprendente de la exposición, ya que podemos apreciar la colección en su conjunto y reconocer la capacidad del artista para crear un rico y sorprendente repertorio de variaciones sobre una idea. Una serie escultórica donde se combinan, de manera magistral, los preceptos neoplasticistas y los metafíscos. En este punto debemos reconocer el esfuerzo del artistas por difundir los valores vanguardistas desde su obra, pero también desde el comisariado y montaje de exposiciones como la dedicada a Oskar Schlemmer y el Ballet Triádico. La Falla Pinochada universal ocupa una gran sección. A pesar de la cremá del monumento, que nos priva de una revisión material, podemos acercarnos a la falla a través de las numerosas acuarelas en las que se describen minuciosamente las instrucciones para los artesanos. Obras que son ejemplo del sentido que el artista ve en lo pictórico, en todas sus variantes y técnicas. Valencia apinochada, narices que crecen sin parar como resultado de sus acciones ¿visión o percepción? El protagonista, un Pinocho gigante, con matamoscas en mano, duda si acabar con la voz de su conciencia, un Pepito Grillo en blanco y negro, o no. Un monumento tan polisémico que requeriría de un espacio propio para afrontar su análisis. Y para finalizar, siempre la pintura.

En este sentido, lo que más nos puede sorprender al concluir la visita a la exposición es la reducida producción pictórica realizada en los últimos años. Quizá sea solamente una apreciación o la imposibilidad de seguir el rastro a las piezas recientes, pero a la vista de cuadros como El entierro de la pintura (sin fecha) podemos intuir, como señala Jarque, “la dramática percepción de la creciente dificultad de pintar, por así decirlo, como si nada pasase”. El entierro del conde de Orgaz, está protagonizado por un lienzo, que a modo de último cuadro va a descansar en su embalaje. Entre el atrezo de la escena los sospechosos de esta muerte: La Fuente de Duchamp, la pipa de Magritte, la tecnología, un misterioso dragón chino, el enigmático Pantocrator y un remate suprematista. Entre los asistentes sus habituales maniquíes metafísicos, dónde adivinamos el velazqueño o al zurbaranesco, pero también los peligrosos especuladores. A pesar de ello, Sigfrido seguía pintando, aunque poco. Un significativo esfuerzo que, unido al de otros artista que como él insisten en la práctica de la tradición pictórica, nos permite soñar con un porvenir.

Unas pinturas que sobre todo son metapintura, reflexiones acerca de la pintura y su historia, sus queridos pintores y sus obras. Una pintura sobre todo para pintores. Analicemos brevemente algunos ejemplos de su producción última: Monkeys Bussines (2007) el simio, pintor académico frente a un cezanne y algunos clásicos del bodegón, como la cubista botella de anís del Mono y la raqueta metafísica. L’Alphas-belgue (2002) una misteriosa escena belga, protagonizada por Tintin, Milú, Magritte y Broodthaers. La Vincicleta de Leonardo (2001) un homenaje al gran inventor, las máquinas y la perspectiva como forma simbólica, arquitecturas pictóricas y rocallas primitivas. La suspensión pictórica en el teatro de Robert Houdin (2010) un interior dedicado a la magia: la sábana santa, la electricidad, el tiempo, los autómatas, los sentidos, el dummie, las cartas, los dados, la chistera, el prisma newtoniano, el velazqueño dorso de lienzo reflejado en el espejo, el maniquí levitando y el pintor con sus pinceles, todo ello en una composición equilibrada mágicamente. Art-cidente (sin fecha) homenajea a la vanguardia española al interpretar el autorretrato de Ponce de León, metamorfoseado en un pinocho pintor que se da de bruces consigo mismo partiéndose la nariz en dos. Todo el cuadro es una alegoría a la pintura, llena de claves como la propia matrícula: O/T M02. Le Fantome de la rue Cambon (2008) otro homenaje, esta vez a Coco Chanel a través de un fantasmagórico traje posando en las famosas escaleras de su atelier parisino. Y para concluir por este somero repaso a los cuadros de la exposición, La isla de las pinturas (2002) la cita más explícita ya que se trata del célebre cuadro de Arnold Böcklin, versioneado para elaborar nuevamente una ácida reflexión sobre la muerte de la pintura. La barca y su Caronte han sido sustituidos por lienzos terminales, como el mítico Ceci n'est pas une pipe.

Quico Rivas, en su texto para el catálogo de la primera retrospectiva de Begué, afirmaba que la factura de Sigfrido Martín Begué era “sobria y comedida, sin el menor alarde pictoricista, sin ninguna concesión a la sensualidad de la pincelada”. Una estrategia, a su juicio, empleada por el pintor para dejar claro que “la técnica está aquí en función de la eficacia, y está al servicio de una idea de la pintura como artificio ilusionista y engaño de los sentidos, trompe l’oleil y trompe à l’huile3. La aceptación de las reglas del juego de la tradición pictórica, como él mismo reconocía, la iluminación académica, la anamorfía cónica, las reglas geométricas, las normas compositivas, trucos espaciales, efectos de color, transparencias, no le impidieron revolucionar a su manera la concepción del cuadro. Begué logró mestizar la imagen pictórica con las heterogéneas imágenes procedentes de su contexto, una sociedad contaminada visualmente, con el objetivo de elaborar una personal reflexión conceptual. Como señala Jarque “no olvidó en ningún momento la exigencia de la reflexión y la necesidad de alimentar esa pintura, incluso en la cima de su autoconciencia (y precisamente en ella), de todo aquello que en principio podría considerarse como material heterogéneo, como las restantes artes (arquitectura, música, danza, literatura) o las artes aplicadas, la moda o la cultura de masas; o desde luego, el mundo de la vida contemporánea en general, y su propia vida en particular”4.



1Jarque, Vicente, “Sigfrido Martín Begué: el lado valenciano”, en el catálogo Sigfrido Martín Begué: el lado valenciano, Valencia, Consorcio de Museos de la Comunidad Valenciana, 2013, p. 51
2Op cit, p. 51
3Rivas, Francisco, “Pintor del milenio”, en el catálogo de la exposición Sigfrido Martín Begué 1976-2001, Madrid, Conde Duque Centro Cultural, 2001, p. 141.
4Jarque, Vicente, “Sigfrido Martín Begué: el lado valenciano”, p. 42-43.


José Oliver


+ Referencias y consulta:
Descargar monográfico en PDF


  < Siguiente Anterior >  


        


Últimos monográficos:
Cotidianas + la memoria del pan. Daniel Franco.
El particular discurso creativo de Daniel Franco (Gijón, 1976), tras haber ...
Arquitecturas Pintadas. Arquitecturas en la pintura española del siglo XXI . VV.AA.
El libro y la exposición Arquitecturas pintadas presenta obras de Juan Cuéllar ...
Bill Viola: Entre lo anacrónico y lo sublime. . Bill Viola.
El Guggenheim de Bilbao celebra sus veinte años con una exposición de las ...
Eugenio Merino: Aquí murió Picasso. Eugenio Merino.
Fiel a su talante polémico, Eugenio Merino ha formulado la mejor crítica que a ...






Otros canales
rss   twitter   facebook   youtube






 portal:   Aviso Legal | Información | Enviar a un amigo | Enlazar con Arte10 | Publicidad en Arte10.com | Contacto | Widgets y RSS | Mapa de Museos de España

Hecho con por Portfolio Multimedia

Arte10.com es una marca registrada con referencia: M2303078
ISSN 1988-7744. Título clave: Monográficos de Arte 10. Tít. abreviado: Monogr. Arte 10.

    |  © 1999-2017 ARTE10.COM