Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Yayoi Kusama


Yayoi Kusama.
Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Madrid.
Hasta el 12 de septiembre de 2011.

La retrospectiva dedicada a Yayoi Kusama1 en el MNCARS debe ser saludada como una magnífica aportación para el conocimiento de algunas de las muchas lagunas que presenta aún el panorama del arte contemporáneo en España. La exposición resulta tanto más triunfal cuanto se dedica a una figura de extraordinario interés, la de una japonesa de la posguerra activa asimismo en los Estados Unidos de los sesenta y setenta, y lo hace de una manera tan intensiva, por la cantidad y la calidad de las obras mostradas, como extensiva, ofreciendo obras y documentos que reflejan el carácter multidisciplinar de nuestra artista.

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Es probable que la dedicada a la figura poliédrica y envuelta en un halo de misterio de Yayoi Kusama [ 1 ] sea la exposición más lograda ofrecida en los últimos años en España sobre un artista contemporáneo hasta entonces virtualmente ausente en nuestras muestras y colecciones. En un esfuerzo que ha recibido la colaboración de Tate Modern (adonde viajará después de que se clausure la sede madrileña
[ 2 ]), la exposición traza un discurso completo por las extraordinariamente plurales manifestaciones de la artista. Desde su obra pictórica, con un ejemplo diríamos programático, Sueño recurrente, de 1949, representada profusamente hasta la actualidad, (las últimas pintura ofrecidas en la muestra proceden de 2010), pasando por una prolija documentación fotográfica, así como por la emisión de una película experimental, la exposición recoge asimismo las instalaciones y los ambientes que han deparado a la obra de Kusama una mayor, si cabe, presencia y calado carismáticos.

Hasta 1957, año en que se traslada a Estados Unidos, su pintura (próxima a la mirada occidental a algunas de las prácticas pictóricas del Surrealismo) presenta una densidad y una carga oníricas cuya contemplación, que induce al espectador a un mundo sombrío, atávico, contrasta con el carácter lenitivo que experimentaba en su realización la propia artista, como ha reconocido a menudo. Con posterioridad a su llegada a Estados Unidos, Kusama se adentra en la emisión de pinturas monocromas mediante la reiteración de pinceladas homogéneas sobre fondo neutro que la retina descubre gracias a su relieve. Son obras obsesivas, de grandes dimensiones y de lenta realización, que transmiten la convivencia del artista con su obra de una manera intrigante.

Pero Estados Unidos es un territorio que motiva a Kusama, asimismo, la experimentación de nuevas prácticas artísticas. Pese a su ascendencia privilegiada, Kusama procede del Japón de la reconstrucción tras la derrota de la Segunda Guerra Mundial. Asentarse en el territorio de los vencedores, con el auge entonces de una hiperbólica cultura de consumo hubo de representar algo profundamente inquietante para la artista. Kusama siente repulsión por lo fabricado masivamente, y particularmente por la comida, y en una práctica exorcizante (una de las muchas que la caracterizan), procede a la apropiación de macarrones para forrar con una profusión desaforada diversos objetos y atuendos.

La exposición se detiene, asimismo, en las performances de Kusama, destacando la proyección de las diapositivas en color (tomadas por Eikô Hosoe, autor del insigne Barakei) que integran la obra Walking Piece, en la que la artista se pasea un soldado día de 1966 por la ciudad de Nueva York ataviada con un kimono estampado de color rosa y una sombrilla profusamente decorada, una hiperbólica exhibición de su identidad japonesa en Metrópolis. Otro de los aciertos de esta muestra consiste en la proyección del vídeo experimental titulado Self-Obliterartion, un documento ilustrativo de sus contactos con la cultura hippie con imágenes rodadas por Jud Yalkut de diversas acciones de Kusama.

A su regreso a Japón, Kusama retoma la pintura y la densidad que la caracterizaba antes de su residencia estadounidense. Las más notables consisten en yuxtaposiciones cargadas de una extraña violencia, con elementos zoomorfos y antropomorfos (acaso en su mayor parte autorretratos, como sí reconoce inequívocamente el título de una de sus mejores obras, un título tan significativo como el de “Ese yo mío que se ha suicidado” (Jisatsushita watashi), de 1977.

Dos ambientes destacan en la exposición. La disposición de puntos adhesivos de color con un notable horror vacui en una estancia que reproduce un entorno doméstico privilegiado occidental (I’m Here, but Nothing, 2000-2008) y, fundamentalmente, la instalación titulada Infinity Mirror Room-Filled with the Brilliance of Light. Heredera directa de su obra Fireflies on the Water, consiste en una sala enteramente tintada de negro, con pasajes transitables que dejan a ambos lados pavimentos estancados de agua, y en el que se halla suspendido un profuso firmamento de bombillas esféricas cuyos colores evolucionan sorprendentemente. Cuesta comprender, cuando se ha accedido a él, el espacio que ocupa el espectador. Su extraño, por placentero, estupor resulta canónicamente sublime. Kusama conduce al espectador a un territorio al que tal vez acaso sólo los mejores artistas están dotados a hacer. Será cada uno de sus privilegiados experimentadores quien goce de su descubrimiento. Mi acompañante en el recorrido de esta memorable exposición, la escritora Carmen Rubio, decía al salir de esta sala, que Kusama nos había conducido al centro del universo. Quien visite esta exposición y deje para el final el recorrido de este ambiente podrá, tal vez con la mirada empañada, entender sus palabras.




[ 1 ] - Para no confundir al lector, el autor transcribe, como lo ha hecho el MNCARS el nombre de nuestra artista (como el del resto de los artistas japoneses mencionados) al modo occidental (precediendo al apellido el nombre de pila), una costumbre opuesta a la de los países de la órbita cultural china.

[ 2 ] - Lo hará en febrero de 2012. Previamente recalará en París (desde el mes de octubre, en Centre Pompidou), y finalmente, en Nueva York (Whitney Museum, en junio de 2012).





Julio César Abad Vidal


+ Referencias y consulta:
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