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Zoran Music nació en Gorizia, Dalmacia, en 1909 cuando
todavía era parte del imperio Austro-Hungaro. Primero estudió
en Graz, Austria, seguidamente en Zagreb y en 1935-36 en Madrid
donde asistió a la Real Academia de Bellas Artes y descubrió
El Prado, a Goya y al Greco, cuyos pasos le condujeron a Toledo.
Durante 1936 vivió en Valencia y a finales de año
tuvo que regresar a Italia donde se instaló en Dalmacia.
Allí comenzó a investigar los iconos bizantinos
y los frescos de inspiración popular. En esta época
pintaba mayoritariamente paisajes despojados, propios de la geografía
del lugar. Pasó por Trieste y más tarde, en Venecia,
presentaría su primera exposición de pinturas. Óleos
muy poco influenciados por la situación del arte del momento
y mucho por su entorno exterior, que plasmaba con insitencia.
Es por tanto desde Venecia, donde fue arrestado y posteriormente
deportado, donde parece que comienza su camino tortuoso por la
captura de imágenes. Al ser internado en un campo de concentración
de Dachau, conocerá de primera mano los horrores de la
guerra y conseguirá plasmarlo en pequeños dibujos
que dificilmente consigue ocultar hasta ser liberado. Estos dibujos
se encuentran actualmente en el Kunstmuseum de Basilea. En ellos
la realidad de los cuerpos inertes y acartonados se encuentra
interrelacionada con el medio. Dibujos casi monócromos,
cada vez más oscuros, que viajan al interior del que los
observa.
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Music
es probablemente uno de esos pocos pintores alejados de los movimientos
voluptuosos del mundo del arte. Un artista preocupado por su propio
interior que muestra con sus trabajos la decrepitud de un mundo
que ha conocido, pero que ya no presencia fuera de él.
Es, por tanto, una pintura reflexiva e introspectiva. Sus temores
y recuerdos afloran a la superficie transformados en carboncillo,
grabados, óleos y dibujos. La realidad desmesurada aparece
y desaparece de entre las formas más etéreas. La
realidad casi fotográfica de los dibujos iniciales, esbozada
a trazos, consigue ser más real que muchos hiperreales.
Sin embargo Zoran Music va mucho más allá. Busca
donde no hay formas, sólo sensaciones y obscuridad. La
negrura que posteriormente plasmará. Un negro que oculta
es como un blanco que ciega: el color hecho luz u obscuridad.
Los ocres, también muy presentes en su paleta, siguen sin
duda el papel de humanizar. Pero es más una presencia ausente.
Un color no real de piel que provoca extrañeza. El color
de la piel marchita es combinado con total maestría con
blancos, negros y grises. Largos trazos se entrelazan formando
las figuras. Nunca alza la mano del papel, realizando un entretejido
de lineas que posteriormente significarán la figura.
La
exposición está formada a partir de la generosa
donación que el artista y su mujer han realizado para el
IVAM y consta de 5 óleos, 45 obras sobre papel, dibujos
a carboncillo, tintas, y gouaches. Puede visitarse hasta el 16
de septiembre.
Rafael Mastella
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