Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Nosotros somos la distopía


Juan Cuéllar.
Centre Cultural La Nau, Sala Oberta, UV. Valencia.
Hasta el 9 de septiembre de 2018.

Lejos de aventurarnos en una historia de ciencia ficción, Juan Cuéllar nos advierte de que estamos viviendo una distopía. Si el término conlleva una connotación de futuro según la RAE, “representación ficticia de una sociedad futura de características negativas causantes de la alienación humana”, la alienación es una constante en la exposición que se presenta en la sala Oberta de la Universitat de València. Las obras que la componen se presentan a modo de gabinete donde los pequeños formatos se exhiben en vitrinas rememorando las cajas de fotografías. Una verdadera provocación para los coleccionista de imágenes.



Contrariamente a la sociedad ideal que el humanista Thomas Moro definió como utopía, los futuros más apocalípticos han sido explotados en ensayos, novelas, medios de masas o videojuegos. George Orwell estableció en su novela 1984 (1949) las bases de la versión del futuro más negativo y desde los años cincuenta se han sucedido clásicos del género como Fahrenheit 451 (1966) de François Truffaut basado en el relato de Ray Bradbury, Blade Runner (1982) basada en el relato de Philip K. Dick ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? (1968) o la naranja mecánica (1971) de Stanley Kubrich basada en la novela de Anthony Burgess.


A diferencia de las especulaciones futuristas que explotan series televisivas como Black Mirror o videojuegos como The Last of Us, la chispa que accionó el proyecto Distopía fue la toma de conciencia de la situación laboral a la que se vio abocado el sector de los creadores debido a los efectos provocados por la reciente crisis económica. Un golpe que haría despertar a Cuéllar de cierto letargo en el que había sido abducido durante el desarrollismo de final de siglo. A lo largo de la preparación del proyecto, se expandió el círculo de acción pasando de ocuparse del sector artístico a la sociedad donde éste se enmarca.


La percepción de que vivimos inmersos en una crisis que afectado gravemente a la sociedad en todos los aspectos, desde el terreno laboral, social, económico… ha contribuido a acentuar el grado de denuncia social y crítica política que Cuellar había abordado en su obra desde sus inicios, aunque ciertamente desde claves más próximas a las poéticas surrealistas. De este modo, la distopía a la que hace referencia el título no sería tanto un vaticinio como una referencia a nuestro presente.

Desde el primer momento apostó por el dibujo como el medio que le proporcionaría a las imágenes la potencia que el tema requería, incluso en el pequeño formato. En paralelo a la pictórica, desde hace años Cuéllar viene desarrollando una línea de trabajo donde experimenta en nuevos proceso de abstracción basados en el pigmento negro, sin más recurso plástico que la línea, los gradientes gráficos o los degradados del claroscuro. El traslado de las fotografías al dibujo, como filtro unificador que sublime la idea, unifica con más eficiencia las imágenes, independientemente de su procedencia, al tiempo que obtiene un mayor impacto visual que el que proporciona el color de su pintura, según su percepción.

Los orígenes de este proyecto las podemos situar en Hueco (2016) o, especialmente, en 1959 (2013).  Realmente podría tratarse de un desarrollo de esta serie que se presentó en formato libro editado por Krausse y donde se proponía una lectura personal sobre el inicio de la postmodernidad, que el autor situaba en aquella enigmática fecha. Un momento en el que la modernidad, las ideas propuestas por el arte internacional habían alcanzado su zenit y se instauraría la imagen de la familia americana estereotipada como el paradigma de la felicidad, como el fin último de la sociedad. Mediante el uso masivo de imágenes anodinas se destila la ideología del capitalismo dominante. Y es precisamente en estas imágenes donde acabarían germinando las distopías de la exposición actual.



No obstante, la mayor diferencia que señalaríamos respecto a otras propuestas presentadas por Cuéllar sería el fuerte carácter conceptual que ha logrado imprimir a su obra el comisariado de Vicente Pla, como se refleja en la publicación editada con motivo de la exposición. A continuación recogemos la lectura que realiza sobre las operaciones sistemáticas aplicadas por Cuéllar a las imágenes fotográficas para crear sus visiones distópicas [ 1 ]

En primer lugar sobre la supresión del rostro: “Las figuras sin caras enlazan dos dimensiones temporales de las imágenes. En el ámbito del pasado, el de las imágenes dadas y usadas como fuentes, tendría las connotaciones de un registro imperfecto, producto de lagunas de memoria. El registro no puede ser leído precisamente en el punto clave para la identificación de los sujetos. Transferido al ámbito de la visión anticipatoria de las imágenes creadas, la ausencia de rostro sugiere la completa incapacidad para prever”. Según Pla, no sabemos ni quiénes son estos personajes autómatas ni qué sienten porque son impenetrables.

Y para concluir, sobre las perforaciones circulares o zonas vacías que Cuéllar denomina “huecos”: “A través de todos ellos, el espacio de la representación se reconoce imperfecto e ineficaz para transponer completamente lo observado en lo representado. Por medio de estos puntos y bandas ciegos, las escenas se alejan de sus referentes reales y el dibujo preciso y realista se independiza de los sujetos que le han servido de motivo. El propio concepto de representación se ve sometido a tensión en la práctica del dibujo, de manera que, voluntariamente, se enfatiza su imperfección y es puesto en duda a través de estas figuras representadas con gran precisión en los detalles, pero incompletas. Una parte del espacio de lo representado se sacrifica para que el equilibrio entre ilusión y desilusión se rompa por el sobrepeso evidente del segundo término”.

Como señala Cuéllar en la entrevista que publicamos simultáneamente en nuestro canal de video a10tv, “podríamos pensar que la sociedad nos quiere vacíos, huecos, poco críticos, inactivos y silenciosos”.





1. Pla, Vicente. Distopía. Universitat de València. Valencia. 2018. P. 84 y siguientes.


José Oliver


+ Referencias y consulta:
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