Arte contemporáneo en España



Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Autorretrato a toda velocidad

Autorretrato a una velocidad cincuenta millones de veces superior a la de la luz.

Albert Oehlen.
DA2 Salamanca.
Hasta febrero de 2005.

El Domus Artium 2 de Salamanca recoge la exposición retrospectiva del artista alemán Albert Oehlen (Krefeld, 1954). La imponente muestra, que estuvo hasta el pasado septiembre en el Musée cantonal des Beaux-Arts de Lausanne, comprende una selección de las obras creadas desde 1980.

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Así, el punto de partida se da con la pintura “Gegen den Liberalismus”, testimonio de un Oehlen que fuera líder del grupo de artistas de Hamburgo, artistas sociopolíticos en una Alemania todavía separada por el muro. En ese contexto se enmarcan unas cuantas obras de la exposición, tales como “Sturmschaden” o de la arquitectura vegetal transida por la tormenta, “Vier Reisetaschen” o de las inquietantes maletas amarillas… pinturas de una primera etapa, de trazo decidido y vivaz, que la historia del arte ha enmarcado en el neoexpresionismo alemán.

Albert Oehlen, el Facharbeiterficker, todo un jodedor especializado, comparte iniciativas con Büttner, Herold y Kippenberger. Huyen de los alardes técnicos, torturando, de paso, la pintura. Son los años de su manifiesto. En 1984, se autorretrata con calzoncillos cagados mientras observa un Mauricio azul. Momentos de la mala pintura, Bad painting: “pintaba muy rápido sólo para aprovechar los errores producidos por pintar así”. Lacas y aceites con diferentes tiempos de secado le dificultan la labor y suponen un obstáculo en su producción. Con ello frustra la expresión elevada de pintura. “La suciedad objetiva no necesita ni ser glorificada ni negada”. Como en el punk, se sube al escenario, grita, y la niebla que todo lo rodea obliga a que el artista rechace todo refinamiento.

1989 es un año clave en su trayectoria. Con la reunificación ya había pintado su propia valla (“Zaun”). Oehlen se aleja de la figuración y entra en la pintura postabstracta, Postungegenständliche. Ante la pregunta de si sus cuadros son abstractos o no, su respuesta es tajante: se trata de una posición ideológica. Las referencias, si es que existen, son mentales. El título como anclaje y ni tan siquiera eso debiera serlo. El color desborda. Los muros del Domus Artium sostienen con dignidad las enormes composiciones de esta época, encaminadas a la verdadera traducción de la anarquía: “no el caos, sino el orden sin dominio”. La muestra prosigue con las obras creadas por ordenador, desde 1992. En blanco y negro primero, tomando el color de nuevo en seguida, el píxel sustituye al pincel, el chorro de tinta se desplaza sobre la tela con la sutileza de una mosca sobre el cristal, como dijera atrás de su dibujo el maestro Ingres. Cuadriculados y fríos aterrizajes controlados a distancia, desde una cómoda postura a la mesa frente al ordenador. En esta producción se jalonan una serie de obras grises, disueltas y livianas, que Oehlen se recetara como terapia para aumentar su ansia por el color.

La pintura digital cuenta con el destierro de toda emotividad, al filo de la racionalidad del computador. El impulso atávico, el trazo gestual, las idas y venidas del hilo de Ariadna en su sondeo inconsciente canalizado por el ratón. Quizá el verdadero trazo surrealista únicamente pueda crearse con la mano sobre el mouse-pad. Más adelante, volverá la agitación orgánica, cuando le meta literalmente mano con el pincel, de vuelta al plano pictórico ya sin intermediarios, para rematar la faena. Uno de sus resultados, la obra que da título a la exposición, el “Autorretrato a una velocidad cincuenta millones de veces superior a la de la luz”, un gigantesco y conmovedor lienzo donde la frialdad del computador pasa desapercibida en la emanación de vida que vigilan sus esquinas. El lienzo reposa en una sala insonorizada por su colaborador Heimo Zobernig, quien en otra ha dotado a algunos de sus lienzos de la roja iluminación de un burdel. A su borde se despliega el panóptico desde el que se divisa el enorme mosaico que homenajea a Breton, creado por el artista en exclusiva para la sala central del DA2. “Autorretrato a una velocidad cincuenta millones de veces superior a la de la luz”… Albert Oehlen, como Dave Bowman, protagonista del 2001 de Kubrick, supera el tercer estado del hombre y evoluciona hasta la energía pura. Lo ha conseguido. A estas alturas de la película, puede jactarse de ser de los pocos que verdaderamente pintan con responsabilidad y conocimiento, iluminando el nuevo camino.


Borja Martín-Andino


+ Referencias y consulta:
Salamanca Ciudad de Cultura
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