| Chuck Close (Monroe, Washington, 1940) no imita la realidad emocional de sus representados, la calca. En estos tiempos de video y pixelización, sorprende ver una muestra como ésta donde se puede apreciar la evolución de este pintor del método que camina desde la hiperrealidad inicial, hasta la abstracción basada en la retícula posterior. Esta exposición explora la serie de variaciones por las que ha pasado su pintura entre 1968 y 2006, y sus constantes desafíos y esfuerzos por lograr que el proceso de creación de sus obras siga siendo innovador y vital.
Close, emplea en su pintura, poniendo énfasis en el proceso, la dispersión de marcas neutras sobre una retícula la cual ha caracterizado la abstracción tardía de los pasados años sesenta y setenta. Como arma para realizar estos cuadros utiliza una pistola pulverizadora y otras herramientas como cuchillas de afeitar y borradores eléctricos. De esta manera, el pintor comete gigantescos retratos (210x297 cm.) que, vistos desde cierta distancia, poseen una gran veracidad fotográfica. Y es que la cuestión de la representación y sus relaciones con la fotografía y la pintura aquí está muy presente. ¿Pintura o fotografía?, ésa es la cuestión…Asimismo, no hay que olvidar que esta exposición tiene como vecina la de Darío Villalba, uno de los españoles más clarividentes mezclando fotografía y pintura…curioso diálogo…
Según el catálogo de la muestra, Close, “intensificó este diálogo entre pintura y reproducción fotográfica cuando, a principio de los años sesenta, comenzó a pintar retratos de cabezas a todo color. Imitando el proceso de reproducción mecánica, depositaba capas independientes de colores primarios hasta obtener el espectro completo de tonos. Pintaba cada capa —roja, amarilla, azul— con una considerable minuciosidad y esfuerzo y conseguía, sorprendentemente, una gama continua de color”. Este hecho, lo pone en relación directa con audacias pictóricas como las de Gerhard Richter y la pulsión archivadora de rostros. Sin duda, lo que hace el norteamericano en sus lienzos es cuestionar directamente el movimiento que lo precedió. Directamente, éste no quería emplear recursos gestuales pictóricos directos sobre el lienzo, consumidos ya en gran medida por la generación anterior de pintores.
Utilizando módulos redondos de pasta de papel en diversos tonos de gris, creó una especie de sustituto de la pincelada con el que elaboraba sus retratos. Incluso con un medio tan poco fiable, lograba un parecido espectacular y especulativo, similar al que obtuvo empleando las huellas de tinta de sus propios dedos para crear el impresionante retrato de la abuela de su mujer, en 1985. En estas fechas ya (años 80), como podemos ver en el recorrido de la muestra, diminutas marcas circulares, visiblemente alineadas en la cuadrícula, transformaron sus retratos en brillantes espejismos, creando a la vez la ilusión de una cabeza tridimensional. Ahora, en sus últimas pinturas, las cabezas están más visiblemente pintadas, con módulos más grandes, lo que incide en el parecido fotográfico.
Y es que en definitiva, Chuck Close, subvirtió la abstracción moderna transformándola en figuración, preparando el terreno para lo que hoy conocemos como postmodernismo.
C.A.T
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