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Dreams in dreamland.
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| La Sala Lai, dirigida por Begoña Muñoz Fernández, sólo es visitable a través de su escaparate y contribuye desde hace años a dinamizar el panorama de la creación contemporánea asturiana con multitud de actividades (exposiciones, arte de acción, encuentros, conciertos, etc.) programadas a lo largo de todo el año. En esta ocasión, el concentrado espacio expositivo de Lai muestra la obra, seleccionada por Klauss van Damme, de un frustrado astronauta que intentó siendo niño captar las estrellas con su cámara y que se autodefine como una especie de fotógrafo de nacimiento. Para Chia, este arte es algo natural a su propia percepción, casi como un sentido más que le permite comprender mejor el contexto que le rodea. Este incansable viajero captador de imágenes lentas, evita los motivos y procedimientos convencionales. Su serie Dreams in dreamland, ahora expuesta en el Luzernario de Gijón, aun teniendo un marcado carácter documental y social, ofrece un abstracto y complejo puzzle hecho a partir de fragmentos de ciudades asiáticas, pobladas de figuras, siluetas e incluso sombras, visibles sólo en parte y bañadas por intensos destellos o haces de luz que a veces emanan de ellas mismas. La lluvia, la acción del viento, los paraguas protectores, los pavimentos mojados de las aceras, las prendas de vestir de intensos y vibrantes colores, los carteles y mensajes publicitarios observados por anónimos paseantes que habitan deshumanizados y globalizados paisajes urbanos, los neones, etc., llenan buena parte de sus instantáneas, realizadas con técnica digital y montadas sobre aluminio. Además, aplica sobre las piezas un barniz de protección rayos UV. Este creador oriental de habla inglesa que imparte talleres de fotografía y trabaja por encargo, está muy interesado en captar el movimiento, no sólo de los transeúntes de las ciudades que visita, sino también de los objetos aparentemente inanimados o estáticos que la luz contribuye a mover al ser observados. El resultado es, en definitiva, un mosaico multicolor, donde las imágenes se muestran difusas, desenfocadas a veces y dominadas y hasta envueltas por la luz y el movimiento, con lo que exigen una percepción detenida, como ralentizada había sido la exposición en cada disparo del fotógrafo. Chia ha manifestado que el hecho creativo es para él un acto catalizador que le conduce hacia una revelación, llegando a afirmar que captura “lo que yo, mi ojo y mi mente ven”. Sus trabajos nos muestran los zapatos de hombres y mujeres que pisan con firmeza el opresivo suelo de la caótica gran ciudad y que se encuentran con otros semejantes que habitualmente siguen una dirección opuesta. Es un extraordinario y fiel testimonio del globalizado mundo actual, más poblado y antisociable que nunca, con un enorme valor documental y sólo visible aplicando el ritmo lento de Chia, que proyecta una sociedad que avanza precipitadamente en un “tiempo estropeado”. Juan Carlos Aparicio Vega
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