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Zoo
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| Richard Billingham es un fotógrafo muy conocido. Sí, eso es verdad. Billingham ha sabido trabajar y crear obras cercanas a los postulados de esa revisión cruda del realismo crítico documental. Gracias a la publicidad que otorga estar en la esfera del todopoderoso Saatchi, su trabajo se ha dado conocer en todo el mundo. Se hizo famoso gracias a las fotografías primerizas que retrataban, como un diario visual, el alcoholismo de su padre con la contemplación de la madre; todas ellas rodeadas de un aire kitsch y enrarecido, al socaire de la crítica a la sociedad postindustrial. Más tarde, con la serie denominada Black Country, intentó acercarse al tema del paisaje urbano. Siempre nocturnos, claro, siempre indefinido y nostálgico. Haciendo un retrato 'docuindustrial' de las barriadas inglesas, donde él nació.
En esta nueva serie denominada Zoo, el inglés retrata en su soledad a los animales en cautiverio dentro de varios zoológicos. La crítica artística la ha leído como una metáfora del encierro del ser humano en nuestra sociedad, pero, realmente, no está haciendo nada nuevo respecto a sus temas: vuelve a retratar la melancolía de 'algo' perdido que solo él conoce. Comenzó a hacer estas fotos después de ver unas fotos tomadas por su madre como aficionada en un zoo inglés. La madre acababa de fallecer y, Billingham, fue el encargado de recoger las pertenencias de ella. Entre sus posesiones se encontraban una serie de fotos de animales que él mismo había visto cuando era un niño. El artista comentó al respecto que “no había diferenciación, ella (su madre) había tratado las fotografías como si tuvieran el mismo valor” (que las fotografías de la familia, se entiende). Y es donde está la ligazón saturniana con su obra anterior. Billingham no es un gran fotógrafo como o puede ser Wall o Hofer o Struth, aunque sus fotos puedan tener un valor económico (salvando las distancias) parejo. Pero éste, sabe como nadie captar la melancolía del estado humano y en esta ocasión, animal, dentro de la llamada sociedad postindustrial. Su obra es una obra romántica y melancólica, no tanto crítica, como se viene diciendo desde tiempo atrás. Su obra trata de un tema universal: la soledad. Las miradas perdidas al frente, la sensación de buscar el tiempo perdido... No existe una indagación conceptual exhaustiva en el inglés. Todo en él es nostalgia.
El nuevo proyecto fue realizado en zoológicos a través del Reino Unido, Europa y Sudamérica donde Billingham explora el impacto de los espacios limitados sobre el comportamiento del animal. El espacio ocupado por los animales en cada toma es casi fortuito. Parece una foto improvisada, de baja calidad. En el trabajo de Billingham, nuestros encuentros con los animales son incómodos. El aburrimiento y la disrupción de su orden social natural, crea aberraciones en sus comportamientos naturales y su comportamiento social es, por lo tanto, visible, y a veces angustiosamente, hiperactivo. Como observadores humanos somos sensibles a las manifestaciones visuales de estos comportamientos, porque somos capaces de asociarlo con manifestaciones de la ansiedad, agresión y estrés que reconocemos en la vida urbana. Ésa es quizás la metáfora. El animal frente a su cautiverio sabedor de su final. Como un hombre esperando al metro frente a un mar de hielo.
El resultado final es bueno, pero no fascinante. La consecuencia final es una muesca más en la pistola de la melancolico-documental de Billingham. Cristóbal Álvarez Teruel |
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