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Al otro lado
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| ¿Dónde se encuentra hoy la ‘malsonante’ lírica? Si vivimos en una época de conocimiento fractario y parcial: ¿dónde está la reflexión? Podemos sacar provecho de la dimensión líquida de nuestra sociedad del conocimiento, pero, hay aún creadores que ofrecen la contemplación como un elemento constitutivo de su obras. Una de esas creadoras es Mayte Vieta.
La artista, con su reciente exposición en la galería Juan Silió, nos muestra cómo entiende su actividad fotográfica, y esto no es más que como una forma de reflexión. Ante tal consideración de la actividad fotográfica como dispositivo de pensamiento, Vieita se posiciona como una creadora que se aferra a no soltar sus sentimientos cuando aprieta el botón de la cámara. Aunque puede sonar extraño, la ligazón entre sentimiento y disparo muchas veces está reñida. Es una cuestión de ‘edición emocional’, de rigurosidad formal y profesional frente al hecho estético.
Esto, aunque a priori puede sonar repetitivo dentro del discurso artista-prensa-público, es al observar las obras cuando esta idea comienza a destilar su contenido. En sus creaciones hay algo ‘desgastado’ cuando se pone en relación con las semejanzas que se pueden encontrar con la fotografía de la nueva objetividad alemana (Candida Höfer, Gursky..etc…) Hay semejanzas metarreales evidentes. Pero la foto de Vieta sale ganando ante la comparación. No en la experiencia formal, arquitectónica, en la que los alemanes destacan por encima de todos sin duda, pero sí en la sentimental. La artista no es Höfer ni Gursky, pero busca la lírica con el disparador, no la vacuidad formal. Hay latencia viva. Silencio. Triste estampa del mundo. Como nos explica Marta Dahó en su texto, “a Mayte Vieta no le interesa el aspecto reproducible de la imagen fotográfica, sino sobre todo su capacidad de evocación”, una evocación que no se queda en el simple recuerdo y la melancolía de un pasado propio, sino que se trata más bien de un ejercicio de relación con el imaginario colectivo, con el pasado y melancolía ajenos; de aquello que compartimos colectivamente y que surge con la experiencia contemplativa de su obra.
Suspensión, sentimientos y, en definitiva, lírica existencial. Paisajes oscuros, brumosos, que más bien recuerdan a algo indefinido, al norte geográfico de manera sublime. El avezado lector dirá: “otra vez dando la vuelta a estos usados términos románticos”…pero es que es así. Lo sublime es furiosamente humano y hay artistas que lo representan. O, por lo menos, lo intentan. Según Wikipedia: lo sublime es una categoría estética, derivada principalmente de la obra Περὶ ὕψους ("Sobre lo sublime") del desconocido escritor griego Longino, y que consiste fundamentalmente en una belleza extrema, capaz de arrebatar al espectador a un éxtasis más allá de su racionalidad, o incluso de provocar dolor por ser imposible de asimilar…” Y es que en esas estamos.
Ante la cacareada muerte de todo lo artístico (pintura…fotografía…etc…), siempre seguimos en lo mismo. En los sentimientos, en el miedo existencial, en la duda sobre la capacidad de representación ideal de las formas aprehensibles, en estar a la altura conceptualmente…etc...Hay artistas que consiguen emocionar, “llegar”; otros no... Cristóbal Álvarez Teruel
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