Arte español contemporáneo

Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

El buey y su pastor

José Noguero.
Mas art. Barcelona.
Hasta el 24 de octubre.










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José Noguero presenta su nueva obra en Barcelona. Escultura, dibujo y fotografía bajo las influencias de la India. Un nuevo animal en su repertorio, el buey.

Extraemos el texto del catálogo de la exposición por Jesús Martínez Clará

Del silencio virtuoso

Voluntad de conocimiento


En el arte contemporáneo hay que distinguir entre aquellos que crean desde las bases de un pensamiento bien informado y aquellos que lo hacen desde una voluntad de conocimiento, con un auténtico afán de innovar desde la tradición y con la inquietud característica de los seres lúcidos. Sigo la obra de José Noguero desde hace mucho tiempo y sus decisiones han sido siempre las propias del que busca virtud a través de la creación. Comprometido con el arte desde muy joven tiene la seguridad y convicción de quien ha forjado su propio lenguaje. Lo ha conseguido al desarrollar unas obras llenas de coherencia, unas con otras, pero siempre sorprendentes en las que la calidad y solidez material convive desde el principio de su obra con la noción evanescente del objeto y con la virtualidad de la imagen fotográfiada. Noguero ha creado un sistema, pero en la toma de decisiones siempre aparece la sorprendente diferencia, una filosofía de actividad diversificada que le permiten ir del barroco al clasicismo, del mito occidental (Diana y Acteón) a la búsqueda de la estatuaria tradicional en la India (From Orissa en Lingaraj Maharana), de Berlín a la tradición China como sucede en esta exposición. José Noguero cumple en su obra con tres requisitos importantes: el de la máxima creatividad, el de estar en una reubicación permanente de sus intereses, lo que le lleva a un eclecticismo positivo de lenguajes, y el estar en concordancia, desde Berlín, con la exigencia de movilidad personal y diversidad entrando en la red cultural que la sociedad de la comunicación exige.

Realidad y representación

La vida es un escenario en el que sucede una comedia que algunos, como Truman en su show, creen real a pesar de su evidente mentira. Esa relación entre verdad, representación y vacío se encuentra en la obra de José Noguero desde su comienzo. El diálogo entre la realidad, el objeto realizado por el artista y su reflejo es una constante que de un modo u otro, ha ido apareciendo en sus trabajos : maquetas que parecen verdades al ser fotografiadas, reflejos sobre espejos de una figura que nos desafía a que nos preguntemos sobre cual es la imagen auténtica. El objeto figurado destrozado en una acción por el propio artista, los limites de la representación barroca basada en el exceso, el azul, el rojo o las ventanas con vistas a ninguna parte de su serie “Wohnung”(Vivienda). Todos ellos son ejemplos de su búsqueda de la esencia del espacio y del objeto, unos “montajes” o “desmontajes” a los que ha añadido el vacío como elemento sustancial. Desarrollada a través de diversos medios : el dibujo, el objeto, la instalación, la escultura, la pintura y la fotografía, su actividad siempre tiene la seducción de las cosas, el tacto de la materia.Mediante recursos narrativos construye habitaciones en donde se simulan sucesos y acontecimientos en el espacio, lugares vacíos en los que pasan las cosas y que nos recuerdan que la vida es un decorado lleno de contradicciones y una representación de finísimas fronteras entre la verdad y la mentira. Esta voluntad de conocimiento, la compleja trama de las representaciónes, la simulación y la dualidad paradójica de los valores en las que se mueve Jose Noguero han sido los motivos adecuadas para que su trabajo lo haya escogido Mark Gisbourne, comisario de la Rohkunstbau de Potsdam de este año, y lo haya invitado a participar con una intervención en torno a un tema de doble representación: la Fraternidad y el color Rojo, asociándolos a una condición del ser humano noble pero ambigua a la vez, pues para el comisario: ”el rojo es un color que evoca no sólo el amor, la calidez y la energía de la fraternidad durante siglos, sino también al diablo, ya que simboliza el pecado y el peligro”. Las ficciones de lo representado, la búsqueda de la esencia de las cosas hacen que la intervención de José Noguero en la Rohkunstbau sea una de las más pertinentes sobre el lema propuesto.

Dos círculos vacíos

La obra de José Noguero nos ilustra sobre la necesidad de encontrar respuesta al escenario simulado de la existencia, nos obliga a superar la dualidad entre verdad y representación, nos sugiere que busquemos la auténtica naturaleza de la realidad de las cosas. Él, cada vez se desprende más, en una ascesis total que se puede interpretar como un nuevo camino artístico fundamentado en la concentración y el recogimiento. Su obra nos pone frente a la vida contemplativa de la nada que es uno de los máximos logros del conocimiento en el arte. Las cajas escenario refuerzan la noción de representación, ubican al que mira frente a lo mirado y es una característica de su obra, pero en esta ocasión, cuando José Noguero me habló de su nuevo proyecto me vinieron a la memoria las imágenes de unas formas diferentes, me vinieron a los ojos dos círculos dominados por el vacío, el silencio y la virtud. El primer círculo se remonta al año 1.300, cuando Dante escribió el final de La Divina Comedia. El poeta describe la forma de una celestial gradería con los estrados bañados de luz, dice que es algo parecida a la estructura de una rosa. Llegado al último canto, el Poeta, fortificada ya su vista, la dirige a la eterna luz y descubre en un triple cerco el arcano infalible de la Trinidad. Es la imagen final de la Comedia cuando ya ha acabado todo, cuando el poeta ha pasado por vicisitudes inenarrables, cuando ha visto dolor, muerte y todo tipo de sucesos y simulaciones resulta que al final del recorrido, al final de la representación de la comedia tan solo encuentra unos círculos vacíos, silenciosos y repletos de luz. Ante esa visión final y abstracta, Dante escribe los últimos versos de la Divina Comedia en los que dice que ya no existe posibilidad de invención alguna, ni creación posible, todo se convierte en nada con la sublime presencia del vacío y el silencio circular. El segundo círculo aparece al final de una antigua historia china conocida como: Los Diez Cuadros del Pastoreo del Buey atribuida a un maestro zen de la dinastía Sung, llamado Kuo-an Shih-yuan y que José Noguero se ha propuesto trabajar para esta exposición. La Doma del Buey es una imagen de la victoria sobre uno mismo y una imagen clásica de la sabiduría, se suele representar a Lao-Tse como un venerable anciano o también a un buda joven, sentados en la grupa de un buey muy dócil. Esa es una imagen de serenidad y dominio tras la que se intuye que ha sido una terrible batalla: la historia comienza con la fiereza extraviada de un ímpetu sin dominio que lleva al buey a dar cornadas en el aire, en el segundo cuadro y tras una primera intentona el buey se resiste y permanece en su plena naturaleza salvaje y díscola. En una tercera fase y ya sujeto por el pastor, el buey empieza a dejarse guiar. La confianza no es total y por eso, para conseguir la sumisión, el buey está atado a un árbol y con algún que otro vareo, la quinta estampa representa al buey, ya suelto, sin sujeción alguna siguiendo al pastor y solazándose entre el verde sauce y el arroyo de la montaña, sin trabas y ociosamente, en las estampas sexta y séptima el buey cuando tiene hambre pasta la hierba y cuando tiene sed bebe. El pastor toca su flauta. En la estampa octava el buey ha cambiado definitivamente de color, de la oscuridad inicial de su piel, a pasado a una totalmente blanca, pastor y buey andan despreocupadamente por el campo, en la estampa novena en un alarde de reducción minimalista: la bestia ha desaparecido y el pastor es dueño de su tiempo está feliz y lo demuestra cantando bajo la luna solitaria, pero aun existe un último obstáculo que se despeja en el cuadro final del pastoreo del buey, cuando el pastor también desaparece, ambos, buey y pastor se han desvanecido sin rastro alguno de ellos: la brillante luz lunar está vacía, sin sombras y la estampa nos muestra simplemente el escenario de un gran círculo, lleno de vacío y silencio virtuoso.



Jesús Martínez Clará


     

     

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