Arte español contemporáneo

Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo

Tinterías, psiquedelicias y obra reciente

Santiago Mayo.
Galería Guillermina Caicoya.
Hasta el 25 de abril de 2009.









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La galería ovetense de Guillermina Caicoya ofrece este mes una oportunidad única para disfrutar de las pinturas y objetos creados por Santiago Mayo (Tal, A Coruña, 1965). Autor formado en la Universidad de Salamanca, donde se licenció en Bellas Artes, completa su formación con diversas estancias en Francia e Italia.

Su trabajo está estrechamente vinculado al minimalismo y a la búsqueda de la sobriedad, pero a través de la elaboración de una pintura muy expresiva y evocadora, lograda precisamente desde la concentración. Mayo rememora mediante el color. Además, en su concepto artístico es importante el espacio, que le lleva a veces a pronunciarse en tres dimensiones.

Pintor de amplio currículum expositivo, en esta ocasión, muestra un buen número de sus psiquedelicias, una selección de sus tinterías y algunas de sus pequeñas esculturas-instalaciones, que él denomina “cacharritos”.

El depurado y blanco espacio de la renovada galería de Guillermina Caicoya, con un sustrato de cuatro décadas, exquisitamente influido por la sensible y cuidada mirada del artista asturiano Paco Fernández (San Juan de la Arena, 1950), es el marco escogido para encontrar las diminutas piezas del creador de origen gallego diseminadas por la planta baja, la monumental escalera y la sala de exposiciones del sótano, antiguamente espacio principal de la veterana galería Nogal. Existe, pues, en este contenedor expositivo un conjunto de ricos matices a los que puede adherirse el trabajo del coruñés, que suele conferir un papel destacado al lugar expositivo. Resulta revelador el diálogo con el espacio preparado por Fernández, otro autor esencial y narrador de la naturaleza que muchas veces también opera con algo más que dos dimensiones. Ambos miran el paisaje como pintores y pueden expresar igualmente sobre un plano que a través del empleo de objetos hallados en ese entorno que tanto observan para captar su verdad.

En las pinturas expuestas la materia cobra protagonismo per se. Sorprenden por la cantidad de emociones que provocan. Cada trozo de lienzo, cada centímetro tiene el poder de inquietar favorablemente al espectador. Santiago Mayo nos ofrece, acostumbrado a trabajar sobre superficies mínimas, sintéticos y a la vez conmovedores fragmentos de pintura. Su tarea consiste en esencializar al máximo, pues desarrolla cotidianamente el concepto de pequeño formato.

Ante todo, este artista es pintor y demuestra un gran conocimiento del oficio, lo que se traduce en una considerable riqueza cromática en sus composiciones.

Además de sus óleos, produce reducidas piezas de carácter tridimensional, a medio camino entre la escultura y la instalación mediante el uso de pequeños fragmentos de madera, papel, alambres, luz eléctrica y otros materiales que recicla y con los que consigue dar una idea de levedad, ligereza e ingravidez que prolonga el espacio pictórico, a veces un mar rosa, apuntado en sus minúsculas creaciones, pero que provocan un impacto superior en el público.

Sus obras recogen mensajes como si fueran ecos de la naturaleza. Lo que pretende el artista es enfrentarnos directamente a la esencia de la realidad, librándonos de elementos que enmascaran la verdad.

Cada uno de esos segmentos, paisajes íntimos, conforman una especie de puzzle de la globalidad que nos rodea, en el que se afana incesantemente el autor desde hace tiempo.

La muestra ovetense consta de veintitrés óleos, ejecutados entre 2006 y 2007 (serie de Psiquedelicias) y también en los dos últimos años. Todos ellos son pequeños lienzos de treinta por treinta centímetros, el formato habitual de Santiago Mayo.

Las Psiquedelicias traducen sus experiencias, controladas, con sustancias alucinógenas, como la psilocibina o la mescalina, provenientes de sus fuentes primigenias (las plantas), que no fueron ingeridas por el artista cuando estaba creando, pues éste incorpora solamente el recuerdo de las sensaciones que le provocaron con anterioridad. Lo que él sintió es lo que plasma en esta serie.

A esto se suma, diseminada por la planta principal y por el sótano de la galería, una veintena de sus Tinterías, un paréntesis en su quehacer cotidiano llevado a cabo en el verano de 2008 en el que manipula tinta china sobre papel de arroz y superalfa, soportes de una extraordinaria y delicada belleza. El mayor tamaño de éstos llevó a este creador a disfrutar de una inusitada libertad al utilizar los pinceles para expresarse sin el encorsetamiento autoimpuesto por tantos años de dedicación al óleo aplicado sobre comprimidos lienzos. Esta serie de unos doscientos trabajos le ayudó a salir de la monotonía de la rutina y, de este modo, compuso unas piezas, ya expuestas parcialmente en Cruce este mismo año, repletas de “rastros de color” y presentadas en variadas formas y posiciones. Todo ello denota una clara influencia de lo oriental que le ayuda a relajar su trabajo y sus sensaciones.

Por último, expone además una decena de esculturas a muy reducida escala construidas entre 2006 y 2009 a partir del manejo sobre todo de madera, papel y bombillas, aunque también haciendo acopio de pequeños fragmentos de espejo, tela, cartón y plástico. A ellos suma ocasionalmente el uso del óleo y la incorporación de objetos tales como monedas o envases, entre otros materiales. Por otra parte, en algunas de estas leves arquitecturas, incorpora la luz eléctrica o el agua.

Es, pues, una obra frágil, profunda, lírica, llena de emociones, donde el artista refleja una sensibilidad que roza lo sublime. Su trabajo está lleno de resonancias poéticas que remiten en muchos casos a los elementos de la naturaleza, por ejemplo, a través de obras como Lluvia (2008) o Marosa (2007). Igualmente, algunas piezas acercan al espectador a referencias mitológicas, como el caso de la diosa madre hindú Durga o los espíritus indígenas centroamericanos como Arutam. Sus composiciones están teñidas de continuas alusiones a la naturaleza y a todo aquello que compone el paisaje en sus más variadas formas: montañas, lagos, agua, luna, cascada, nieve, lluvia, cacto, fuego,…, pero ante todo, el autor consigue trasladarnos a su particular y vivido sentimiento ante lo natural (piel, escamas).


Juan Carlos Aparicio Vega


     

     

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