En apenas dos años, Madrid ha acogido tres nutridas muestras de algunos de los reporteros norteamericanos más emblemáticos: Eugene Smith, Walter Evans (en sendas muestras de las que nos hemos ocupado en este espacio) y Dorothea Lange, con una exposición dedicada monográficamente a su obra de las décadas de los treinta y cuarenta.
Dorothea Lange (1895-1965) fue una de las personas encargadas, como lo sería Evans, por la Farm Security Administration para documentar las condiciones sociales de los norteamericanos con posterioridad al crack bursátil de 1929. Y a ello se dedicó entre 1935 y 1942. Su mirada, más compleja en materias, localizaciones, y sobre todo, más cercana a sus modelos, se antojan hoy un documento fotográfico extraordinariamente intenso (mucho más, generalmente, que las imágenes de Evans, por ejemplo) de aquellos años onerosos.
La exposición ofrece acertadamente una representación de las heterogéneas muestras de población de las víctimas desempleadas y depauperadas de unos años de hambruna y guerra. Si a las consecuencias calamitosas de la caída de la Bolsa se sumaron las condiciones climatológicas adversas que condenaron distintas cosechas, no es menos cierto que Lange dirige su objetivo a las secuelas que sobre la población japonesa de primera, segunda y tercera generación tuvo el ataque nipón sobre suelo estadounidense (Pearl Harbour), ciudadanos para quienes las autoridades decretaron su internamiento en campamentos férreamente vigilados. Así, en 1942, y por iniciativa de la War Relocation Authority, Lange documentó no únicamente las condiciones de los centros de reclusión de los desplazados, sino los testimonios urbanos y rurales del rechazo hacia los japoneses por parte de los nacionales norteamericanos.
Quizá la crisis económica actual haya hecho más sensible al espectador a las evocaciones del reporterismo social histórico, si bien en ocasiones falto, como denunciarían sus modelos, de ética (las críticas recibidas por Walter Evans por parte de la familia Burroughs –cuyos retratos constituyen la obra más celebrada de aquél-servirían de ejemplo). Cuando parece imperar un populismo vergonzante, las fotografías de Dorothea Lange conmueven por la dignidad que transmiten los rostros de sus víctimas.
Julio César Abad Vidal