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Monográficos de arte contemporáneo

Crítica de arte desde un punto de vista independiente.


Monográficos por página: 1 - 3 - 5
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No hay soledad en un mundo ocupado por un sólo objeto

David Escanilla. Galería Adora Calvo. Salamanca.

Del 18 de septiembre al 28 de octubre de 2009.

Jet Scream proviene del término anglosajón jet stream, viento en contra. Por medio de un juego de palabras obtenemos Jet Scream, grito contrario o grito inmediato. El título no es casual; a través de esta serie de treinta fotografías David Escanilla pretende llamar la atención sobre las agresivas estrategias publicitarias utilizadas por grandes multinacionales, así como el antagonismo que existe entre esta dimensión virtual y las sociedades donde se insertan.

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A este mundo le falta de todo, salvo información suplementaria. […] Y la publicidad se vuelve, inevitable, repugnante y abigarrada. Un bello espectáculo sobre los muros. Chorradas. Chorradas de mierda.
Michel Houellebecq, Ampliación del campo de batalla

Qué pura es la soledad de los anuncios por palabras
La valla publicitaria es otra cosa: no hay soledad en un mundo ocupado por un solo objeto.

Agustín Fernández Mallo, Nocilla Experience

El protagonista de Ampliación del campo de batalla tiene claras las causas de la saturación publicitaria en que nos hallamos permanentemente inmersos. Antes se recordaba con insistencia que la vida mundana ofrece únicamente satisfacciones imperfectas, que la única fuente de felicidad se encuentra en el ámbito de lo sobrenatural. En la actualidad, un discurso como éste resulta ridículo por anacrónico. Muerto Dios, necesitamos que nos repitan una y otra vez hasta el hartazgo, lo fantástica que es la vida y lo excitante que puede ser —que de hecho es— gozar de sus placeres.

En el spot televisivo o la valla publicitaria esta invitación al disfrute resulta modesta en su individualidad; en Times Square, sin embargo, ese bello espectáculo sobre los muros adquiere las dimensiones de una auténtica bacanal: los banners, animados y luminosos publicitarios se superponen actuando como reclamo sensorial hasta en los casos de ataraxia pertinaz. Es imposible resistirse al estímulo refrescante que nos ofrecen esas botellas hiperbólicas, al sinestésico color de un whisky que casi podemos paladear, al despliegue de cuerpos listos para el disfrute de la carne…pero, aunque a estas alturas sea casi una obviedad decirlo, dicho reclamo no es autónomo, está a disposición del entramado capitalista de las sociedades neoliberales y tiene sus propios jefes corporativistas.

Este es el punto de partida del último trabajo de David Escanilla, Jet Scream: un conjunto de fotografías tomadas directamente de Times Square y posteriormente alteradas por vía digital. El objetivo es tratar de demostrar que la publicidad emocional constituye la estrategia a la que recurren las grandes multinacionales e incluso los organismos políticos, para obtener sus propios beneficios. Para ello Escanilla opera de un modo que podría resultar paradójico fuera del ámbito artístico: extrayendo de contextos reales —vallas publicitarias, marquesinas…— imágenes publicitarias capaces de suscitar nuestro deseo e insertarlas en su propio trabajo. Consiste en una metodología análoga a la que llevaron a cabo los apropiacionistas artísticos norteamericanos de la primera posmodernidad: desenmascarar la carga discursiva —sea de la índole que sea— de una imagen utilizando la imagen misma. Este proceder implica, sin embargo, algo más que un mero corta y pega. Tanto en Jet Scream como en los casos de apropiación «extrema» —del que Sherrie Levine constituye un ejemplo paradigmático—, la expropiación de la imagen debe ir precedida de un ejercicio de recontextualización artística que es, precisamente, donde se desvelan discursos latentes de la misma. En el caso de la serie fotográfica que ahora nos ocupa, el proceso de recontextualización de la imagen publicitaria se lleva a cabo dentro de un entorno análogo al de su ubicación original: los banners o marquesinas que infestan los edificios de Times Square y sus alrededores. Este camuflaje de la imagen apropiada resulta arriesgado y peligroso a un tiempo, puesto que exige la recepción de las fotografías de Jet Scream en un ámbito de competencia exclusivamente artística, como la galería o el museo, para propiciar su lectura crítica — o lo que Culler denomina principio de cooperación hiperprotegido—. Dicho de otro modo, dentro de la fotografía artística, la imagen apropiada puede pasar inadvertida ante el espectador, quedando así desactivado su desenmascaramiento. Para evitar esta problemática, el artista introduce en sus fotografías dos elementos capaces de generar la desconfianza del receptor con respecto a la imagen publicitaria apropiada fotográficamente.

El primero de ellos consiste en un conjunto de lemas directamente extraídos de los titulares de Crítica, uno de los periódicos más sensacionalistas de Panamá —país de origen del artista, por cierto—. Este origen periodístico, por denominarlo de alguna manera, queda claramente manifiesto en el video Jet Scream, otra de las piezas de la exposición, donde en un banner insertado digitalmente, se muestran sucesivamente las portadas de Crítica utilizadas en el proyecto. David Escanilla mantiene la estética kitsch de los titulares originales con un fin claramente deíctico —un nuevo recurso publicitario utilizado con fines subversivos. Se trata, en efecto, de reclamar nuestra atención, pero no para que recalemos en el sentido de la frase en sí, sino para que la leamos en relación con su nuevo contexto artístico, con la imagen fotográfica que la contiene. Gracias a esta interacción, en Jet Scream se alteran los condicionados modos de recepción de la imagen publicitaria así como sus códigos de lectura. El erotismo que emana de esos cuerpos femeninos tan perfectos, tan bidimensionales y deseados, de repente se ve distorsionado por una conciencia textual —a pesar de su origen ultrasensacionalista— que denuncia la pedofilia —«Ya no respetan a nadie»—, el elitismo — «No hay de piña para jubilados»—, el poder político —«Mirando al cielo»—y todas aquellas dobles morales que encubre la publicidad de ciertas marcas. A veces, más que sentido crítico lo que encontramos con esa simbiosis icónico – textual antes aludida es pura ironía; también en este caso el poder de la imagen publicitaria, su carga erótica, queda totalmente desarmado. ¿Cómo desear ahora el cuerpo de esa mujer intencionalmente agachada para buscar una cerveza, cuando encima de ella puede leerse la frase Culillo por meteorito?

Además de los textos, con anterioridad nos referimos a la presencia de otro elemento distorsionador. Si nos fijamos con atención, de los fondos de Jet Scream emergen mujeres en actitudes vejatorias que denotan un alto estado de degeneración personal. Veo estas figuras tumbadas, vomitando, arrojándose desde lo alto de un edificio y no puedo dejar de pensar en las protagonistas de Centerfolds de Cindy Sherman (1980). La artista norteamericana ideó esta serie fotográfica como reacción a las críticas recibidas por la condición objetual que presentaban las mujeres de Untitled Film Stills (1976-1978), el trabajo por el que se hizo mundialmente conocida. De ahí que Sherman presentase a sus protagonistas como el paradigma de la mujer anti-objeto: despeinadas, aterrorizadas, ebrias, con el maquillaje corrido y el pelo revuelto, indolentes, pasivas... La genialidad consistía en que el formato elegido para presentar a estas mujeres era idéntico al de los desplegables de las revistas eróticas. El espectador se acercaba, pues, a dichos desplegables con la intención de recrearse con el consumo de una imagen femenina, pero resta decir que dicha finalidad quedaba totalmente frustrada ante la visión que Sherman ofrecía.

Este mismo juego de ambigüedades es utilizado por David Escanilla. Las mujeres que aparecen al fondo de las fotografías de Jet Scream entrarían perfectamente dentro de ese rango de fetiches eróticos utilizados por la publicidad: sus cuerpos son perfectos y su indumentaria de colegiala o sadomaso supone la condensación de una fantasía sexual masiva. Sin embargo, sus actitudes literalmente vomitivas, exhibicionistas hasta la obscenidad, indolentes y suicidas, así como las máscaras antigás con que algunas de ellas se cubren la cabeza provocan una sensación tan atroz e inquietante que corta de raíz cualquier deseo erótico. Constituyen, pues, la contrapartida a la apariencia radiante de esos objetos femeninos que las rodean dese las marquesinas, las vallas y los paneles publicitarios. Son la imagen, valga la redundancia, de una realidad tarada que no cabe dentro de los parámetros de la publicidad; de la única realidad que existe.

Pero la perversión no reside únicamente en que ambas dimensiones –real y virtual- sean casi antagónicas, sino en que los responsables de esta realidad defectuosa son idénticos a aquellos que crean sus señuelos publicitarios.

Jet Scream
no supone un islote aislado dentro de la trayectoria artística de David Escanilla; al contrario, es necesario entender esta serie fotográfica en relación con Fake, su trabajo anterior. También aquí estaba presente la problemática publicidad-sociedad, aunque con una estética menos agresiva que en Jet Scream y más próxima a la del fotoconceptualismo de Ed Ruscha en Twenty Six Gasoline Stations (1962). La localización también es distinta. En este caso el artista eligió Panamá, donde la publicidad presenta un cierto carácter näif tanto en su apariencia, como en el abigarramiento con que ésta se presentan en las calles. Dicha ingenuidad denota más un deseo de emular a EE. UU. que a la verdadera lógica dominante en las sociedades del capitalismo avanzado. Jet Scream nos remite a ese país de referencia como metonimia de las sociedades del primer mundo, para mostrar que no es precisamente el paraíso publicitado en geografías más periféricas.

Hay de desconfiar de las vallas publicitarias, estén donde estén pues, al fin y al cabo, este bello espectáculo sobre los muros no dice más que chorradas. Chorradas de mierda.
Pilar Sánchez Gómez

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