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Monográficos de arte contemporáneo

Crítica de arte, noticias, exposiciones, catálogos, textos y libros de artista.


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Conciencia y disolución en la obra de Óscar Muñoz

Óscar Muñoz. MEIAC (Museo Extremeño e Iberoamericano de Arte Contemporáneo). Badajoz.

Del 1 de octubre al 30 de noviembre de 2008.

La primera exposición individual en España de Óscar Muñoz ofrece una retrospectiva de su trabajo foto y vídeográfico así como una obra de emplazamiento específico que recupera la memoria de la función original del museo que la alberga, el MEIAC, cuyo edificio fue antaño una institucuión penitenciaria.

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La obra desarrollada por Óscar Muñoz (Popayán, Colombia, 1951) presenta dos aspectos fundamentales: en primer lugar se constituye en un referente de las pertinaces y ubicuas reflexiones en torno a la naturaleza de la representación que tienen lugar coetáneamente. En segundo lugar, se enarbola como una práctica apasionada sobre la memoria, mediante el establecimiento de glosas sobre el concepto de vanitas. Así ocurre en su obra, acaso, más representativa, y que, como parte de la colección del propio museo formó parte, y destacadísima, de la exposición Secuencias 76/06 (Badajoz, MEIAC, 2007). Nos referimos a un conjunto videográfico titulado Proyecto para un memorial (2004-2005), en el que, sobre un friso de cinco proyecciones, que se repiten en loop, aparecen sucesivamente sendos retratos realizados con un pincel que emplea como único pigmento el agua y como soporte, una losa calentada por el sol. Como consecuencia, cada uno de los retratos no tarda en desvanecerse con una tan amenazante como lírica disolución. Como cuando escribimos en el viento, no limita a Muñoz la inexorable futilidad del acto, sino que le impele la necesidad de emprender la tarea [1]. El vídeo Proyecto para un memorial, en cada uno de sus segmentos (los que se ofrecen en cada una de las cinco proyecciones), se limita a un plano fijo. El medio videográfico no es empleado de un modo experimental ni virtuoso, sino meramente documental [2]. No puede ser más austera su realización. Y su esfuerzo podría correr el riesgo de resultar meramente anecdótico si su realización no tuviera la fortaleza plástica que efectivamente posee. Muñoz acierta con sus sinuosos trazados líquidos a una elaboración figurativa realmente poderosa. El propio artista ha reconocido sus orígenes curriculares en la disciplina del dibujo en la cartela que anuncia los contenidos de la exposición, donde afirma, “alguna vez escuché algo memorable sobre el dibujo: la mano soporta el lápiz entre sus dos extremos y entre ambos se debaten la agudeza y el error”.

Muñoz parece perseguir la erección de un memorial de lo cotidiano a través de la recreación de los documentos domésticos sobre los que erigimos la construcción de la efímera memoria: el retrato fotográfico [3]. Algo que ya se encontraba en otra de sus obras más destacadas: Biografías (2002), una videoinstalación que presenta cinco proyecciones verticales sobre sendas estructuras de 135 x 135 cm que semejan platos de ducha. En efecto, en su centro se ofrece una rejilla a modo de sumidero. Sobre cada una de estas bases se emite un vídeo: un retrato (para el que Muñoz se apropiará de fotografías publicadas con posterioridad al fallecimiento de los modelos, a modo de esquela) realizado con polvo de carbón suspendido sobre agua que irá progresivamente apareciendo con nitidez desde el fondo de la rejilla. Se trata de una invención que consiste en invertir el tiempo de filmación por el que el retrato, plenamente formado en un estado inicial, va a desaperecer tragado por el sumidero.

Finalmente, Muñoz ha utilizado diecisiete vanos de la cuarta planta del museo, así como dos claraboyas, para proceder a la instalación de sendas lentes y pantallas para crear de este modo diecinueve puntos de cámara oscura, una suerte de precedente arcano de la fotografía y que remite a un tiempo tanto a la función de exposión visual del edificio del MEAIC como a su pasado: su estructrura arquitectónica como torrre circular desempaeñaba la función panóptica de vigilancia carcelaria. Y que, del mismo modo, aúna un contenido dinámico, amezado de inestabilidad y de realidad, a la eventual confianza en los dispositivos de recreación y de memoria. Como ha afirmado el propio Muñoz, “las imágenes que vemos dependen de la luz externa, no se fijan, sólo suceden. Contrario al fenómeno fotográfico y al video: son imágenes impresas, incapaces de detenerse, de ser recuerdo. Fotografías amnésicas”.


1- Este trabajo tiene su origen en un vídeo mucho más dilatado en el tiempo, de casi media hora de duración (el titulado Re/trato, 2003, asimismo presente en la exposición), en el que la mano de Muñoz se empeña en la elaboración de un retrato que desaparece de un modo casi inmediato (frente a la mayor permanencia de las recreaciones de su vídeo ulterior), fruto, asimismo, del calor de la losa sobre la que se procede a su dibujo acuático.

2- La obra podría emparentarse con otra de la propia colección del MEIAC, Epilogue (1998) de Alfredo Jaar (Santiago de Chile, Chile, 1951), un vídeo de tres minutos de duración en el que se asiste a la muestra progresivamente nítida de un primer plano fotográfico, el de una mujer anciana de facciones negras, que no obstante nunca alcanza una calidad visual plenamente contrastada.

3- Muñoz participa de las reflexiones sobre la práctica fotográfica como vanitas presente en autores como Walter Benjamin o Roland Barthes, a quienes cita o se refiere en sus propias contribuciones escritas, algunas de las cuales han sido recogidas en la publicación monográfica editada por el MEIAC con motivo de la exposición.


Julio César Abad Vidal

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