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Devorando la plástica
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| Tántalo era hijo de Zeus y de la ninfa Pluto, como fue capaz de robar la ambrosía a los dioses fue castigado a vivir en una laguna sumergido en el agua hasta el cuello y cuando intentaba beber el líquido huía de sus labios ; y cuando alargaba la mano para coger los frutos el viento lo alejaba... La exposición Comer o no Comer trata de las extrañas relaciones del arte del siglo XX con este preciado bien , lleno de extensas y múltiples interrelaciones sociales que pueden ir, desde el canibalismo, hasta la antropofagia o la simple y tópica cena de sociedad. La exposición comienza con una interesante obra del mexicano Cesar Martínez, sus creaciones, se basan en la performance y en interesantes esculturas con fecha de caducidad que sin duda, aluden al canibalismo pero un canibalismo al que asistimos todos, como en la misa católica en la que el sacerdote ofrece beber y comer de pan y vino que se supone que es el cuerpo de Cristo, en la sociedad en la que no existe una confrontación ideológica es una sociedad globalizada, dispuesta a comerse a sí misma, puede que esta sea la meta última del capitalismo, quizás llegue el día en que el sistema se acabe comiendo al hombre como si fuéramos de gelatina , sin duda, hay una clara referencia a Beuys, sin el público esta obra no existiría, la idea habría muerto. La muestra ofrece también interesantes propuestas figurativas como la de Renato Gattuso muy comprometido socialmente, aquí se nos ofrece un enorme lienzo en donde la multitud avanza para buscar el preciado bien que tanto anhelaba Tántalo el mensaje llega como un rayo a la mente del espectador, protagonista: EL HAMBRE. La sala 3 está atravesada por una obra que parte del pan como motivo y divide la sala diagonalmente realizada por Antony Gormley, es aquí donde se pueden ver obras del famoso Bruce Nauman y sus fotos con gestos y burlas, donde la comida es víctima de gestos y ridículas muecas, no sólo hace un nuevo código de recursos formales sino que, establece una crítica e intenta concienciar al espectador, este, toma el arte como un campo de provocación llena de una especie de esencia teatral que nace en sus gesticulaciones. La comida sirve también como proceso técnico del arte como vemos en la obra del brasileño Vik Muniz y sus fotos de chocolate, parecen interminables las expresiones que se pueden hacer con la comida. Siguiendo con la exposición y admirando obras de relevantes creadores como Félix González Torres o Katharina Frtisch hacemos una mirada hacia una instalación de vídeo de Spitzer donde aparece una secuencia de la famosa tomatada, en una especie de denuncia del despilfarro gastronómico que supone, pero, el aire que se respira en la sala no es de fiesta, es inquietante, el extraño zumbido te abraza y te envuelve para hacerte sentir incómodo como fuera de lugar, descontextualizado. Aparte de José Antonio Sarmiento, Daniel Spoerri o Günter Uecker el espectador encuentra a su paso la obra de W.Vostell Energía, consiste en un destartalado coche, pero que aún conserva una especie de dignidad, rodeado de pan, es una especie de fragmentos de realidad entrecruzados, lo que llega a provocar una cierta confusión, algo que el hispano alemán perteneciente al importante grupo creativo Fluxus sabe conseguir en muchas de sus obras; violentas contra el “tranquilo” lenguaje del arte. Al adentrarse en la sala uno puede sentirse inquieto debido a la creación del catalán Joan Brossa formada por una mesa a la que usted es invitado, pero su asiento no es el común sino un garrote vil,quizás veamos aquí un trasunto de cómo la macroeconomía puede llegar a asfixiar nuestros ánimos y vidas aunque estemos en una refinada mesa donde las velas no toman parte románticamente del rito sino que se asemejan a los cirios que velarán por nuestras almas cuando hayamos sido abatidos por el sistema o no... . .Inquietante. Es realmente interesante la obra Amplitud y diversidad de la brigada Ludwig de Hans Haacke la sala aparece dividida por un muro de hormigón que remite al muro de Berlín, cerca de donde se hizo esta obra, en esta existe una clara situación de denuncia social , la obra muestra resonancias del arte socialista: a un lado, los que hacen el chocolate y los que se lo comen al otro lado dentro de una especie de escaparate desde donde ven el mundo que han fabricado a sus anchas. La muestra continúa con una ingente cantidad de obras interesantísimas como, la de Antoni Miralda o Giuseppe Penone o Andreas Schulze y la inconformista China Adams, es abrumador la cantidad de nombres importantes que se dan cita aquí. Para finalizar, la parte superior quizás acoja la muestra de los artistas más conocidos como Hans Baluscheck donde una vez más el protagonista es la falta de comida y sus víctimas que es la clase trabajadora, frecuentemente retratado en aquella época por gente como Zola, por el que sentía fascinación o Ibsen . Siguiendo caminando podemos hacer práctica del placer estético viendo una obra de Gris Nature morte devant l’armoire en el que apreciamos además de la pureza geométrica, el sentido que las vanguardias le dieron al tema bodegón, y su clara ruptura con lo que se venía haciendo desde hacía casi 400 años, el objetivo del bodegón ya no era un bodegón con ese sentimiento barroco ni rococó , sino que era una representación de la vida de la época, época de cambios importantes que vieron nacer al mundo tal y como lo conocemos, los artistas cubistas le dan al tema un cierto sentido de modernité a resultas de las nuevas condiciones económicas. La cantidad de nombres famosos abruma como Andy Warhol , Man Ray, el padre del dadaísmo Duchamp, Julio Romero de Torres George Grosz, y el amigo de Tatlin: A.Rodchenko incluso se puede disfrutar de un Miró, sin olvidar al gran Gino Severini artista ligado al futurismo y al fascismo muy difícil de ver en nuestros días . No me gustaría acabar sin hacer referencia a los huecograbedos de Hertfield lo que acaba por redondear la visita con un motivo claramente anti burgués que delata la opresión nazi, son grabados que claman a la conciencia del espectador le grita en silencio, la despierta del sueño de la vida cómoda, le zarandea hasta llevarle donde el artista ha querido, a la concienciación, y así, hacerle partícipe de la denuncia. No he de finalizar este resumen de la exposición sin hacer mención a los vídeo-montajes que se exhiben en el Centro de Arte de Salamanca y a su ciclo de vídeo y cine que se puede consultar en el catálogo donde aparece gente como Ester Xargay, Marcus Bauer, Paul Kwan, George Kuchar, Tony Morgan o Paul Rotha, o el mismísimo Martin Scorsese. Como conclusión decir que, es una magnífica ocasión para ver como el arte ha tratado durante tanto tiempo a la comida y sus “alrededores”, el acierto de los organizadores es notable han sabido mirar el tema desde un punto de vista delicioso y atractivo a la mirada del espectador, pero, de un espectador amante del arte que no se vende en postales y que siempre quiere ver más allá de lo que tiene delante. Enhorabuena. Cristóbal Alvarez Teruel |
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