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Monográficos de Arte 10. Revista de arte contemporáneo



Detrás de la puerta, invisible, otra puerta


Dorothea Tanning.

MNCARS. Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía.

Hasta el 7 de enero de 2019

Tres o cuatro cuadros de la norteamericana Dorothea Tanning (1910-2012) figuran en la historia del arte universal; apartado: Surrealismo. Una etiqueta, la de surrealista, contraproducente, como desveló Estrella de Diego en un magistral ensayo a propósito de Maruja Mallo, porque, en el caso de las artistas mujeres, viene a querer decir imaginativa y original, en el sentido de “loquita”.

Se neutralizan así, tanto el rigor compositivo (nada fantasioso) de Mallo, como la influencia formal y política que la propia Tanning podría haber ejercido en grupos bastante racionalistas como el antiminimalista o el feminista. Y es que no es lo mismo ver, por ejemplo en Portrait de famille (1954), al gigantesco padre que preside la mesa de los domingos como un recuerdo fantasmagórico y traumático, que apreciar la escena como un estudio sociológico sobre la vida en los Estados Unidos en los 50 o encontrarse con una denuncia resuelta al patriarcado.


Pero, aun estando de acuerdo en que la etiqueta no conviene del todo a Tanning, creemos no obstante que los clientes que acudan al Reina Sofía (estamos ante la mas grande exposición nunca realizada sobre la artista) que estén escondiendo certidumbres racionales deben dejarlas en la entrada y el personal de guardarropía se las devolverá al salir. Tampoco es menos cierto que muchos cuadros de Tanning desarrollan varios seminarios de Lacan de un plumazo. Y no mentimos cuando suponemos, como sugiere el título de la muestra, “Dorothea Tanning. Detrás de la puerta, invisible, otra puerta”, que la artista está interesada en el otro lado, ese lugar inaccesible a la conciencia que ésta crea como resto en la operación de constitución del sujeto. En otras palabras, Tanning no representa el brillo del día donde los actos dejan escaso residuo en la memoria si no el fulgor de la noche cuando el recuerdo de 10 minutos puede durar una hora y el barrio se echa por encima su aspecto erótico y amenazador.

Aparte de ese escaso interés que la mayoría de los historiadores han sentido por esas representaciones y experiencias de “nocturnidad”, se dan otras dos circunstancias que no han contribuido al reconocimiento de la artista. Primero estuvo casada, hasta la muerte de él, con el adorable Max Ernst. Y segundo, hubo un momento en que dejó de pintar relucientes cuadros surrealistas de estilo flamenco para lanzarse a la turbiedad barroca y a una escultura blanda que invita a mantenerse alerta como cuando se entra por primera vez en un club de mala reputación. 

En muchos de estos grandes torbellinos barrocos, como en la películas de fantasmas,  irrumpen, unas presencias que presionan desde el otro lado el lienzo en varios puntos. Se manifiestan a través de la tela como volúmenes hechos de pequeñas puntas, o pezones, que vienen a sumarse a los volúmenes de las otras figuras representadas. Un poco como en el cartel de la película The Pact (Nicholas McCarthy, 2012).

Todo esto nos lleva a preguntarnos, si la verdadera tarea de estos cuadros no será enseñarnos que lo importante no es detectar la ficción en la realidad sino qué es real en aquello que interpretamos como ficción. Lo real de Emma (Bovary), del recuerdo de esa comida dominical, de los juegos de niños, del sexo o, por qué no, de los fantasmas…



Almudena Baeza

URL pública: http://www.arte10.com/noticias/Dorothea-Tanning.html
Número (ID): 501

ISSN: 1988-7744