| Bajo el título “Inhabitaciones”, el autor presenta una serie de piezas, transferencias fotográficas sobre escayola. El binomio fotografía-escayola, pone en evidencia, una vez más, la singularidad de la Fotografía como punto de encuentro con el resto de las artes. Pero en este caso, la hibridación estética no se establece únicamente como un entrelazarse de lenguajes, sino que, ante todo, se constituye como un mestizaje de intenciones y sentidos. En palabras de Ángel Gabilondo: “Entre sí, la fotografía y la escayola son eróticamente la una para la otra. No estamos ante su mera superposición. Bastaría pasar suavemente nuestros dedos o nuestro afecto para notarlo. La fotografía y la escayola se acarician y el preludio es ya un juego, ...”
Sobre la escayola, escribe Ángel Gabilondo en el prólogo del catálogo: “Está predispuesta para abrazar, no tanto como si recogiera algo exterior, en un simple proceso de recordatorio o de reconocimiento, sino como si hiciera brotar, surgir, emerger lo inaudito de la memoria. Es más una hospitalidad que una bienvenida”. Fotografía como piel, envoltura de la escayola, rastro de un itinerario compuesto por fragmentos inconexos en el tiempo, conexos en la forma de habitar. Porque esas porciones de lo intangible (los susurros, las historias de esos muros “habitados”) se convierten en palpables en estas piezas que el autor ha recogido de la realidad para ofrecerlas al espectador.
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