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EL DIÁCONO DE KOSHINDOLAND
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| En esta exposición, Hun Deok Lee nos propone sumergirnos en el mundo mágico de Koshindoland, un planeta maravilloso habitado por flores infantes de absoluta inocencia y espiritualidad. Un pequeño Koshindolano, deseoso de conocer la tierra de los humanos, solicita que se le permita ir a vivir con ellos, deseo que se le concede a cambio de encomendarle una misión: que allí actúe como diácono para la vida terrenal. Cómo diácono, debe interceder entre lo humano y lo divino, recolectando las sensaciones que transmite la naturaleza humana para transformarlas en armonías de colores y formas y luego poder ofrecerlas a su universo espiritual. Una vez en la Tierra, el Koshindolano adoptó diversas formas para poder cumplir su cometido, transformando su aspecto de flor en formas humanoides o de animales que le acercaran a ese mundo de necesidades humanas. Estudiando la relación del hombre con su entorno, especialmente con su entorno natural, percibió tanto la necesidad de denuncia, inconformismo y crítica como la de expresar ternura y amor, incitándole a una profunda reflexión... Lee nos presenta unas obras que son como las reflexiones visuales de este Koshindolano, trabajos donde lo mágico y lo real configuran un denso universo de símbolos que el artista ha ido elaborando a lo largo de muchos años. Las pinturas, plotters y trabajos escultóricos y en vídeo que forman la exposición proceden del trabajo en dibujo realizado por el artista, donde como si se tratara de un Mantra, utiliza la parsimonia, la repetición y el trazado holístico, obsesivo, como métodos creativos cargados de un alto componente espiritual. La historia de Koshindoland y su pequeño habitante no deja de ser un pretexto del artista para rehuir la primera persona, para transformar lo personal y lo intimista en una reflexión de la búsqueda universal de la armonía y lo espiritual. Skater y músico, Lee empezó a dibujar como medida de evasión, en un trabajo que le servía como reflexión introspectiva sobre la influencia de Oriente y Occidente en su vida, dos mundos que confluyen en el artista y dejan profundas huellas. Nacido en Corea del Sur, Hun Deok Lee se trasladó a España con su familia cuando era niño. Su encuentro con Mare Nostrum (como lo llama el mismo artista) no borró las influencias visuales y culturales de su infancia, si no que añadió costumbres y capas culturales a los anteriores estratos. Así pues, la influencia de la simbología ancestral coreana de la Dinastía Yi, que se utilizaba en el pasado con connotaciones taoístas y budistas, se mezcla con la absorción de la cultura Pop, el mundo del skateboarding y la cultura pictoplasmática-consumidora occidental. Ana Guarro |
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