En el invierno del año 1991, el fotógrafo Gabriele Basilico se encuentra en la ciudad de Beirut. Este hecho le va hacer, accidentalmente de facto, testigo de la terrible guerra que entonces asoló al Líbano durante quince años. 1991 fue un año clave en el mundo, ya que coincidieron simultaneamente otros conocidos y negros eventos internacionales, algunos de ellos ligados al mundo árabe. El más sonado, estuvo protagonizado por la invasión de Kuwait por parte de Irak.
Basilico realizó este trabajo dedicado a una ciudad tristemente acostumbrada a la guerra, con la que vivía y convivía, como algo habitual. La exposición que trae ahora el Museo de Bellas Artes de Satander, exhibe una espeluznante serie que muestra las huellas de los bombardeos continuos sobre las edificaciones de la ciudad. Edificios derruidos, vacíos urbanos, perros buscando miserias..., todo eso se encuentra en la obra de Basilico. No es una fotografía de arquitectura, sino que es, una fotografía de la des-arquitectura. La ruina adquiere valor semiótico. La ruina es la protagonista. Rara vez aparece el ser humano en sus fotos. Los edificios están literalmente cosidos a tiros como consecuencia de los obuses. Entre ellos, tendales con ropa secándose, lavadoras abandonadas en plena calle, carteles publicitarios de signo político que sorprendentemente resisten en las paredes con una pertinaz presencia, vehículos rodados estacionados como si nada sucediera, tendido eléctrico,... etc
Todo ello, conformando un conjunto de excelentes fotografías que sirven para ejemplificar la barbarie humana.
CAT/Museo de BBAA de Santander