Arte contemporáneo en España



WALDEN: CARPETA DE DIBUJOS

Joël Mestre
Universitat Politècnica de Valencia

Diciembre 2013

Les aseguro que todos los autores reunidos en este proyecto son gente muy ocupada, no importa su edad ni su sexo, en sus agendas apenas quedan claros ni fines de semana, hay muy pocos huecos para concesiones. Aunque les sorprendieran vagando por alguna colina o tumbados en el sofá con una brizna de hierba en la boca y en una aparente inactividad, su ocupación no cesa. Pertenecen a un grupo rebelde y privilegiado donde no hay ministro ni gobierno capaz de interferir en ese nivel de su vida laboral. No les quepa ninguna duda que son gente absolutamente celosa de su tiempo, su elogio de la ociosidad (1) es extremo, son discípulos y seguidores de esa corriente empeñada en contribuir a salir de la barbarie. No me sorprende por tanto, que en el actual contexto, se hayan completado hasta cinco carpetas de estas características, y acerca de un libro como el de Henry David Thoreau, cuya doctrina la mayoría conocía bien y los que no, han descubierto que su estado natural tenía un nombre: Walden.

El interés público de estas carpetas con un total de cincuenta dibujos no es desde luego conmemorativo, difícilmente salen las cuentas de una celebración convencional, desde su primera edición en 1854 dudo que una literatura como la de Walden haya necesitado de este tipo de estrategias para animar su rebrote, quizá porque nunca fue su intención forzar cualquier visibilidad. Ha sido un libro reivindicado en tantas ocasiones y desde tantos frentes ideológicos que ya se ha dicho mucho y bueno sobre él. La experiencia que Thoreau vivió a orillas del lago Walden ha permanecido en el imaginario de muchos proyectos privados y colectivos, su relato no sólo cuenta los dos años, dos meses y dos días que vivió en una cabaña cerca de Concord y a orillas de un lago, no es sólo el relato de un lugar y una experiencia personal intensa, se trata de una idea intemporal y poderosa que sigue vigente, un acto de rebeldía contra un sistema, contra un modelo de gobierno, de progreso y de condiciones sociales que su autor no compartía. Su método, a través de la propia naturaleza, es buscar el reencuentro del hombre consigo mismo mediante objetivos aparentemente sencillos y en diálogo con los acontecimientos más cercanos. Su mensaje y su discurso concluyen empleando el imperativo, un tiempo verbal que podría acabar irritando y disuadiendo, y sin embargo llega en un momento en el que la lectura nos ha involucrado en un estado donde todo es posible, es el impulso definitivo para alcanzar el nivel que su autor desea para cualquiera. Sus órdenes son y siguen siendo tan generosas, que el lector descubre que sería un error no intentar cumplirlas.

El contexto de Thoreau no pudo ser más propicio. La ciudad de Concord era hacia 1840 un epicentro intelectual, ni la música popular de Stephen C. Foster, ni su mayor hit en aquel momento: Oh Susanna! conseguiría hacerles perder la cabeza. Allí se habían instalado además de Thoreau, autores de referencia de la literatura y el pensamiento americano como: Nathaniel Hawthorne, los Alcotts, o el escritor y pensador Ralph Waldo Emerson, quizá el personaje fundamental de este acontecimiento thoreauniano. Emerson ya había viajado a Europa, había establecido contacto con el grupo de poetas lakistas de Nueva Gales y las teorías del idealismo alemán, que en su versión norteamericana influirían notablemente en una estética romántica en donde la naturaleza y el individuo alcanzan una relación trascendental. La pintura de Edwin Church, Thomas Cole y los pintores de la Escuela del rio Hudson recogerían parte de esta filosofía. La vieja Europa se sentía también por aquel entonces muy atraída por el nuevo continente, sobre todo los museos de Historia Natural, algunos como el de Londres aun hacen gala de las ilustraciones de J.J. Audubon, quizá el primer ornitólogo americano. Con el fin de saciar la curiosidad europea, este autor de origen francés y de notable formación como pintor, se dedicó a ilustrar con detalle naturalista el mayor número posible de aves raras de América del Norte. Lamentablemente su esmero documental implicaba un exceso devastador, una caza sistemática, y cruel para nuestro tiempo, pero que en aquel Edén nada hacía pensar en la posible extinción de alguna especie.

Para la cronología de Walden y sus hitos, así como para la biografía esencial de su autor Henry David Thoreau, aquí en España conviene leer a Antonio Casado da Rocha el más visible de sus expertos. (2) Walden es en nuestro país un libro catalogado y en vida, desde las primeras citas y referencias por Miguel de Unamuno en la revista Nuevo Mundo (1905), a la primera traducción al castellano de Justo Garate para Espasa Calpe (Buenos Aires, 1949) hasta las últimas ediciones en Cátedra (2005), Losada o Errata Naturae (2013). La edición que yo leí, fue la de Parsifal hace algo más de una década con un brillante prólogo de Henry Miller y el incendiario anexo del Deber de la desobediencia civil.

Para la gran mayoría el entorno natural ha quedado relegado a un segundo y hasta un tercer lugar, la vida en la ciudad y el mundo virtual de Internet han suplantado al primer entorno. Apenas unas plantas en la ventana, un perro con jersey o un pequeño huerto en el balcón de casa consiguen recordar hoy a un ciudadano lo más anecdótico de la vieja naturaleza. Sin embargo no todos han claudicado, sin apenas darnos cuenta, nuestros vínculos con la tecnología se naturalizan y comprobamos como nuestras experiencias despejan emociones bastante similares. Hay quien ha encontrado el modo de conciliar estos tres entornos sin perder el pulso, más bien como un modo lógico y sensato de entender hoy nuestra realidad. Resulta extraño como ponderar nuestra presencia y actividad de un modo equitativo en los tres entornos vigentes, las necesidades son tan cambiantes que cualquier norma es susceptible de ser revisada; el propio Thoreau reivindicó la naturaleza pero también dio por concluida su etapa en Walden porque tenía más vidas que vivir.

A mediados del siglo XIX, pocos años después de la primera edición de Walden en Estados Unidos, el poeta francés Charles Baudelaire nos aseguraba que el vértigo que producen las grandes ciudades es análogo al que se siente en el seno de la naturaleza. Delicias del caos y de la inmensidad. La ciudad no tenía por tanto que ser un escenario de vida tan distinto, era una nueva naturaleza, de la que se había tomado conciencia y que desde ese momento habría que explorar y conquistar. Si bien un siglo antes, hacia 1750, el inglés William Hogarth nos había mostrado a través de su obra gráfica, una particular visión de la metrópolis y de su degradación social, ilustrando aspectos de la fragilidad humana; serían más bien las vanguardias artísticas del siglo XX: el futurismo, algunos pintores metafísicos italianos como Sironi o De Chirico, los cuadros de Edward Hopper, o más tarde la obra de Edward Ruscha o Alex Katz, entre muchos otros… las que trazarían pictóricamente el devenir de la ciudad como naturaleza y espejo de la condición humana en la vida moderna.

La alternancia entre la vida sofisticada de la urbe, con sus derivas tecnológicas, y periodos de retiro en plena naturaleza, siguen siendo una buena fórmula de inspiración y de equilibrio. La ausencia de ciertas comodidades y la presencia de rudezas, nos revelan como un animal desnudo y desentrenado en situaciones adversas. En la medida que uno conoce los mecanismos de cada entorno aprende a respetar, disfrutar y orientar mejor sus pasos. Pero la dificultad, como ya sabemos, no está únicamente en cómo posicionarnos en el entorno, sino en cómo encontrar el tiempo de disponibilidad y disfrute, un tiempo de ocio y deseo del que han sido robados estos dibujos.

  1. RUSSELL, Bertrand (1932), Elogio de la ociosidad, Aguilar, Madrid, 1953

  2. CASADO DA ROCHA, Antonio, Thoreau. Biografia esencial, Acuarela Libros, Madrid, 2004




CINCUENTA DIBUJOS DE DIEZ ARTISTAS ACTUALES REVISITAN “WALDEN”, EL MÍTICO LIBRO DE HENRY DAVID THOREAU

El nuevo proyecto la Editorial Fire Drill en colaboración con Encapsulados, reúne diez autores españoles en torno al mítico libro Walden de Henry David Thoreau. Cinco carpetas y cincuenta dibujos originales de: Juan Cuéllar, Paco de la Torre, Victoria Iranzo, Gloria Martín, Pepe Medina, Joël Mestre, Roberto Mollá, Felipe Ortega-Regalado, Jorge Tarazona y Teresa Tomás.

Cada autor presenta cinco obras afines a su lenguaje, realizados en diferentes técnicas sobre papel formato A4 (297 x 210 mm). Los diez dibujos firmados se distribuyen en una carpeta entelada.

INFORMACIÓN Y RESERVAS

firedrill@firedrill.es

http://www.encapsulados.info/





CAJA 1

                   


CAJA 2

                   


CAJA 3

                   

CAJA 4

                   

CAJA 5

                   



(clic en las imágenes para ver todos los dibujos contenidos en cada caja)







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